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Jorge Grinbergn |
Obra:
LA PUERTA FINAL
Autor:
Graciela Holfeltz.
Elenco:
Federico Alí, Julieta Schroeder, Marcelo Rodríguez
y Virginia Fernández.
Escenografía
y diseño de luces:
Gabriel Caputo.
Vestuario:
Sofía Di Nunzio.
Música
original y efectos sonoros:
Malena Graciosi.
Fotografía:
Magdalena Viggiani.
Asistente
de producción:
Magdalena Viggiani.
Asistente
de dirección:
Alicia Crosa.
Dirección:
Jorge Graciosi.
Sala:
Teatro
del Abasto - Humahuaca 3549.
Funciones:
Domingos a las 20.30 hs.
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Existe
el destino? Se puede hablar de él antes de que
sucedan las cosas, o sólo después que hayan
sucedido? Somos prisioneros, rehenes de nuestro pasado?
Son algunas de las preguntas sobre las que erige su trama
“La puerta final”. Esta obra, que transcurre
dentro de esa delgada línea que divide a la vida
de la muerte, si bien se adentra en el terreno de aquellos
interrogantes fundamentales del hombre, desaprovecha la
oportunidad, no va a fondo, y pone el acento, más
que nada en lo anecdótico.
Un
grave accidente automovilístico, deja a Pablo (Federico
Ali) y Clara (Julieta Schroeder), a merced de la ayuda
de un extraño, que les brinda alojamiento en su
casa, aunque el lugar es, en realidad, una especie de
limbo, del que no podrán salir, y en el que no
encontrarán las puertas que los devuelvan al mundo
real. Quienes sí encuentran las puertas, pero para
entrar, son los fantasmas del pasado de ambos, que se
pasea sin permiso por delante de sus narices, y los interroga,
volviendo a enfrentarlos con los sucesos más conflictivos
que marcaron sus vidas, arrojándolos a una –por
momentos- violenta pugna entre ellos, y -más que
nada- empujándolos a abalanzarse contra sí
mismos, Hay una especie de mediador del lugar (Marcelo
Rodríguez), que es quien aparentemente tiene en
sus manos, la iniciativa de todo lo que ocurre desde el
accidente, y se desdobla en dos personajes, uno más
formal y objetivo, el otro más adicto a los pactos
y la corruptela. ¿El bien y el mal?
Tanto el trabajo de Federico Alí, como el de Julieta
Schroeder, oscilan entre lo sobre actuado y lo artificioso.
La actuación de Marcelo Rodríguez es excelente
en todos sus personajes y Virginia Fernández hace
un papel aceptable.
La escenografía es buena en general, aunque debe
pulirse algún detalle, como el fuerte ruido a roce
metálico que hacen las puertas corredizas que permiten
la entrada y salida de los personajes y se usan todo el
tiempo.
Bien
la música y los efectos de sonido.
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