Obra:
NOVECENTO
Monólogo del dramaturgo italiano Alessandro Baricco
Elenco: Jorge Suárez.
Dirección: Francisco Javier.
Sala: Patio de Actores |
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El
Virginian, surca el océano, alrededor de los
años ’30, comandado por un capitán
claustrofóbico, manejado por un timonel ciego,
y cuenta además, con un telegrafista tartamudo.
Fue diseñado por un ingeniero anoréxico,
y así, aunque tiene chef, carece de cocina. Pero
seguramente el rasgo más distintivo de esta de
la nave, es el singular personaje que habita en ella:
Novecento, el pianista, nacido en el Virginian, de donde
jamás se bajó, ni por un minuto.
Este unipersonal, con un actor y dos protagonistas principales,
cuenta la historia de Novecento, de la mano de Jorge
Suárez, de sólida actuación. Su
personaje, el trompetista Tim Tooney, nos va acercando
a la biografía de Novecento, con una estructura
dramática, tal vez más emparentada con
la novela que con el teatro.
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Esta original historia, que está armada con buen ritmo
narrativo, tiene momentos de suspenso, pinceladas de fino
humor y un trasfondo de reflexión filosófica,
aunque a mi juicio, le faltaría ahondar un poco más
en el perfil psicológico de los personajes, para lograr
una construcción más acabada de los mismos.
Novecento, cuya sensibilidad le permitía ver en los
ojos de la gente, no lo que vieron, sino lo que verán,
tocaba el piano como los dioses y en eso, era insuperable,
saliendo airoso incluso del “duelo de pianos”,
al que lo desafió el pianista más famoso de
la época. Pero hubo un “duelo” que no pudo
superar, y fué el que se había propuesto, paradójicamente,
para poder mirar el mar: bajar del barco. Cuando estaba a
punto de hacerlo, ya en las escalinatas de descenso de la
nave, vibró la ciudad, y de pronto se sintió
abrumado por la multiplicidad de opciones, que se le antojó
infinita, en comparación con las que le ofrecía
su mundo: el Virginian. Pensó que jamás le sería
posible escoger, decidirse por nada, ante tanta diversidad
de lugares, de calles, de casas, de hombres y mujeres, sin
reparar quizá, en que no siempre es uno el que elige
las cosas: son éstas a veces las que lo eligen a uno.
Novecento, propone una interesante experiencia, por la que
vale la pena transitar.
BUENA
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