Obra:
"EL
NOMBRE. OTROS TANGOS"
Texto: Salo Pasik.
Coreografía: Silvia Vladimivsky.
Dirección: Silvia Vladimisky
y Salo Pasik.
Música: Astor Piazzola.
Compaginación musical: Pablo
Porcelli.
Elenco: Carlo Argento, Gerardo
Baamonde, Andrea Hammerschmidt, Daniela Pérsico, Luciana
Pontoriero, Marisa Villar.
Sala:
El ombligo de la luna
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Asisto
a una abrumadora sucesión de imágenes, que
detonan desde diversos rincones. Desde el alma, la piel,
la memoria, las vivencias. Como si de repente la propia
historia personal de los últimos casi 30 años,
me gritara desde ese universo de cuerpos atravesados por
sentimientos; me gritara palabras y silencios que yo mismo
me he repetido, escuchado, negado y vuelto a repetir hasta,
al fin, recordar para seguir vivo.
Miro el escenario y veo maravillosos trabajos corporales,
pero sus elongaciones y gestos me transportan, y la música
que es Buenos Aires en movimiento me devuelven a esa inmensa
trama en que se mezclan los recuerdos, lo que veo, lo
que siento y lo que sienten esas doloridas criaturas que
quiebran sus cuerpos y vuelan por el aire en medio de
sofocados gritos de dolor, de furia, de desesperado amor,
de ráfagas de esperanza. ¿Quién no
ha querido |
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| acabar
con todo en algún fatídico segundo, cuando la
mano extendida que busca consuelo, no encuentra nada? ¿Quién
no se ha aferrado alguna vez al cuerpo más próximo
con una sed infinita, deseando con fervor estar enamorado
y sentirse amado? ¿Quién no ha perdido una porción
de futuro en ese compañero que no sabemos dónde
está?
Justo cuando me pierdo en la maraña escalofriante de
una metralla que mi piel jamás olvidará, escucho
la pregunta que resuena "¿quién soy?"
y mi mente vuelve, aunque mis ojos no se despegaron ni un
instante del escenario, en donde el miedo ha hecho presa a
los cuerpos que tiemblan, pero se resisten a entregarse a
ese miedo. Porque el miedo borra la memoria y esfuma la identidad.
Reconozco a Gerardo Baamonde, porque su trabajo corporal es
inconfundible, y me disculpo con los otros intérpretes
por no identificarlos, pero cada uno de sus trabajos tiene
la marca inconfundible de sí mismos, y cada alma se
muestra ante la mía. Porque esta poesía visceral
de cuerpos que expresan en cada movimiento, me llega.
Muerte, angustia, desolación, amor, inmolación,
alegría, pena, dolor, represión, esperanza,
memoria.
Mientras haya artistas que pongan su corazón, su sangre
y sus ideas sobre un escenario, ese futuro mejor es posible.
No todo está perdido. Por suerte.
EXCELENTE
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