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por Jorge Grinberg
Obra: “La granada”
Autor: Rodolfo Walsh
Elenco: Diego Mariani, Maria Elena Ruas, Horacio Roca, Daniel Coelho, Juan Gil Navarro, Patricio Contreras, Nando Rodríguez, Antonio Ugo, Nestor Duco.
Asistente de dirección: Dora Milea.
Vestuario: Maribel Sola.
Iluminación: Guillermo De La Torre / Daniel Zappietro.
Escenografía: Guillermo De La Torre.
Dirección: Carlos Alvarenga.
Sala: Teatro Nacional Cervantes
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En un ejercicio militar, se prueba un nuevo modelo de granada, cuyo poder destructivo -sin antecedentes en artefactos similares- la convierte en el arma del momento. A pesar de su confiable origen suizo y refinado diseño, que le valen el apodo de “el relojito”, Aníbal Gutierrez (Juan Gil Navarro), el más raso de los soldados, sufre un accidente a raíz de una falla técnica, en el momento justo en el que se disponía a arrojar la granada: Se le rompe el mecanismo que impide la detonación antes de tiempo. Milagrosamente, su pulgar derecho, queda presionando el último resorte que contiene la explosión. Si lo suelta, o incluso si afloja la presión de su dedo, el ingenio explotará, matándolo a él y a cuanto ser vivo se encuentre -en el momento del estallido- a una distancia de hasta 30 metros a la redonda, o más.
“La Granada”, junto con “La batalla”, son las únicas obras de teatro que escribió Rodolfo Walsh, destacado periodista de investigación (Operación Masacre – 1957), también autor de

cuentos policiales, quien murió a manos de la dictadura en 1977. Si bien su incursión en teatro, fue muy breve, apenas dos obras, su lucidez, su profundidad, su profesionalismo, están tan presentes aquí como en el resto de sus trabajos.
Evidentemente, el tema militar, era una preocupación central de Rodolfo Walsh. Es que una persona, y con más razón un periodista es –entre otras cosas- un producto de su tiempo. Y en 1965, cuando por primera vez fue estrenada esta obra, lo militar estaba en el primer plano de la vida cotidiana en todo el mundo. En el hemisferio norte, porque era el apogeo de la guerra fría, Vietnam incluido. Aquí, en América Latina, en parte como fenómeno subyacente, en parte por la idiosincrasia de quienes detentaban el poder económico, los gobiernos democráticos eran sistemáticamente interrumpidos por los golpes militares. Probablemente en la actualidad, el autor hubiera tenido en la mira a otra corporación: la política.
En “La Granada”, Rodolfo Walsh, satiriza sobre la mentalidad militar, e intenta reflejar lo acotado del alcance de su cosmovisión. Su texto, está lleno de ingenio y de humor inteligente, que coloca en labios de todos sus personajes. Aunque es en el del inefable Fuselli (Patricio Contreras), en donde Walsh expresa sus propias ideas, exponiendo su parte más perspicaz, su pensamiento, sus dudas existenciales, sus contradicciones. Todos llevamos dentro una granada a punto de explotar, parece decirnos, y sólo el día en que nos demos cuenta, sabremos quiénes somos realmente. Y abunda en mordaces reflexiones: ...“No ve la belleza de las cosas que matan...” le dice Fuselli al soldado. Y lo ilustra acerca de los extraños entreveros del destino: “...ignoraba que esa bala que lo va a matar, ya está hecha...y que la cornisa que se le va a caer encima, empezó a aflojarse hace años...y sólo espera a que Ud. pase por debajo...” y de las más impensadas proyecciones de un conflicto bélico en el tiempo: ...”nunca se sabe cuando termina una guerra...la última víctima de las guerras de Napoleón, aún no ha nacido...”
“La Granada”, es también una parábola sobre el poder, sobre la posibilidad de ser, a la sombra de un sistema opresivo, que intenta adentrarse hasta en los más íntimos rincones de la conciencia de cada persona, para manejarla a su antojo.
Como hecho teatral, esta es una obra que pone el acento en la palabra. Hay mucho texto y casi todos los personajes lo tienen en forma abundante.
La dirección de Carlos Alvarenga, resuelve los tiempos de modo que el ritmo, el dinamismo, no se pierdan, pese a lo extenso de algunos monólogos, consiguiendo mantener el interés del público, de principio a fin.
Excelentes las actuaciones de Juan Gil Navarro (soldado Aníbal Gutierrez) y de Patricio Contreras (Fuselli). El resto del elenco, también con buenas actuaciones, a excepción, a mi juicio de Nestor Ducó (Coronel Terry), quien compone un personaje un poco diluido.
Muy buenos los efectos de sonido y la música. Magnífica la iluminación. El vestuario, impecable hasta el último detalle.
La escenografía de Guillermo de la Torre, estupenda, cobra mucha importancia por la creatividad y recursos técnicos que despliega, incluido un tanque de guerra a escala real.
Se torna en parte activa y necesaria de esta puesta, cuestión que merece destacarse, en un momento en donde la tendencia -en especial en el circuito off, aunque no de forma exclusiva- es relegar lo escenográfico a un segundo plano, e incluso, en muchos casos, a que ni siquiera se lo tome en cuenta como parte del espectáculo.

EXCELENTE

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