| Es
poco frecuente asistir a una obra de teatro, en donde la poesía
fluya desde las palabras, las acciones y los cuerpos de los
protagonistas. Como actor y como autor, sé lo difícil
que es el encuentro de ese mágico equilibrio que armonice
el texto con el tiempo corporal interno de los actores y que
se exprese a través del propio tiempo y de los movimientos,
gestos, palabras y silencios de los personajes. Esta es la
música de la que habla la directora en la gacetilla
de prensa, desde aquí le digo que se escucha.
"Pestañas..." relata el punto de ruptura
en el amor de una pareja. Ese maldito destiempo que desgarra
corazones, cuando el que ama no recibe la misma respuesta.
Además Antonio tiene la valentía de decirle
a Petunia el cambio que se ha producido en sus sentimientos,
casi en el preciso instante en el que se produce. Esta circusnstancia,
la de inscribir la historia entre Antonio y Petunia en el
tiempo real de la duración de la función, es
todo un desafío, y a la vez un logro. Porque le da
credibilidad a lo que se ve y se siente sobre el escenario.
Que es lo que los espectadores necesitamos percibir para meternos
de lleno en esa realidad, que ficcionan los
protagonistas.
Hay sensaciones, sentimientos, movimientos del alma que son
indescifrables para quien no los experimenta; y para quien
los vive, resulta engorroso traducir con las palabras justas
que hagan entendible al prójimo, ese íntimo
acontecer. Sobre esto han trabajado los integrantes del equipo
TATAMI TEATRO logrando que los protagonistas salgan a escena
con los instrumentos necesarios para que el público
no quede fuera del código de esta pareja.
Puedo hablar de dos momentos comunicacionales entre Antonio
y Petunia, el primero de ellos transcurre mientras aún
se aman y sus códigos de lenguaje no necesitan traducción
entre ellos; el segundo momento aparece luego de la ruptura,
allí se quiebra ese código y un nuevo lenguaje
se instala entre ellos.
Quiero destacar que los picos de tensión dramática,
coinciden con los momentos de mayor poesía de la obra.
No es casualidad.
No quiero pasar por alto un detalle, que en mi opinión
tiene que ver con lo que menciono en la primera línea
de esta crónica. Hay algunos momentos en que el público
reacciona con risas, ante circunstancias que viven los personajes
expresando como pueden las sensaciones que los invaden en
ese instante. Esas risas las he sentido como una especie de
defensa ante los propios abismos, que nos permite vislumbrar
la vital fuerza poética de esta excelente obra.
Voy a esperar con muchas ganas el próximo estreno de
este talentoso equipo de trabajo.
EXCELENTE |