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Un
joven periodista siciliano, es un admirador del Senador
Rosario La Ciura -del mismo origen- profesor de mitología
griega y gran apasionado del tema. Ha tratado por todos
los medios, de trabar amistad con él, hasta que
finalmente lo consigue, a fuerza de frecuentar el mismo
café al que el profesor habitualmente concurre.
Fruto
de esa incipiente, aunque profunda amistad, accede al
gran secreto de vida que el profesor ha guardado celosamente
por años, como quien guarda un tesoro. Y ese secreto,
no es ni más ni menos que una fantástica
historia de amor, con una mujer muy especial: una sirena.
Esta obra, que coexiste con la gran cantidad de puestas
en cartel, que reflejan –como no puede ser de otra
manera- la lamentable realidad en que estamos inmersos
en los albores del siglo XXI, es como una brisa |
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de aire fresco, un reencuentro, con esa parte incontaminada,
elevada, llena de poesía, que también, no hay
que olvidarlo, es parte del espíritu humano.
Sergio
Surraco, el joven periodista, hace su personaje en dos niveles:
nos relata, como si estuviéramos leyendo una novela
y también lo actúa. Pasa de lo uno a lo otro
con total naturalidad, y hace parecer fácil, algo que
realmente no lo es. Tiene interesantes condiciones. Es un
actor al que hay que seguir.
Rodolfo
Roca, el senador, hace un buen papel y es también el
autor, habiéndose inspirado en el cuento de Giusepe
Lampedusa: La sirena.
El
aprovechamiento de un espacio pequeño, sin escenario,
sin divisiones reales, con el público “encima”
de la escena, es notable. Se pasa del café a la casa
del senador y viceversa, usando apenas unos centímetros,
con mínima cantidad de muebles y detalles. Sin embargo,
el cambio de climas, de espacios, apoyado por sutiles toques
de iluminación, es perfecto. Cada cosa que está
puesta, cada pequeño fragmento, va en esa dirección.
Esta obra, nos muestra cómo una buena escenografía,
no es cuestión de abundantes recursos, sino de creatividad
y respeto por lo que se hace.
EXCELENTE |