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por Jorge Grinberg
Obra: DIOS PERRO
Basada en: "Lástima que sea una puta" de John Ford (1633)
Adaptación: Ignacio Apolo.
Elenco: Carolina Fal, Luis Machín, Pablo Cedrón, José Luis De Zeo, Dolores Fonzi, Rafael Ferro.
Dirección: Alejandra Ciurlanti.
Sala: VILLA VILLA del Centro Cultural Recoleta.
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Basada en el clásico isabelino “Lástima que sea una puta” , del dramaturgo inglés John Ford, escrita hacia 1633, nos llega “Dios Perro”, adaptación de la misma del novelista Ignacio Apolo. El tema: el incesto, cuestión tabú en la mayoría de las culturas de todos los tiempos.

Dos hermanos, profundamente enamorados, luchan contra su entorno para salvar su amor. La tragedia, se desata cuando Anabella (Carolina Fal), queda embarazada de Giovanni (Luis Machín), su hermano. Para proteger a su descendencia, decide casarse con Soranzo (Pablo Cedrón), un insistente pretendiente, y así ofrecerle a su hijo un marco socialmente aceptado.

Anabella, había hecho con su hermano un juramento de sangre, por el cual se comprometía a que ningún hombre que no fuera él, jamás

la tocaría. Aunque se casa con Soranzo, cumple con el pacto a rajatabla, lo que provoca la ira e indignación del mismo, quien a fuerza de indagar hasta el fin, termina descubriendo la –para él- cruel realidad.

Son interesantes las reflexiones que nos hace llegar Giovanni. Como científico especializado en biología, pone en duda algunas de las consecuencias nefastas, que no sólo desde la religión, también desde la ciencia, se han atribuido al incesto, reforzando su condición de tabú. Son sugestivas así mismo sus disgresiones, acerca de la domesticidad de los animales y de las personas, de la condición de salvaje y de lo que no lo es.

Pero aquí hay un problema, que es posible se origine en el mismo texto de Ignacio Apolo, y que no atenúa, más bien agrava, la puesta de Alejandra Ciurlanti: conviven en esta obra, numerosos elementos del universo de principios del siglo XXI, con formatos típicos del siglo XVII, tanto en la forma de exponer lo religioso, como en el perfil psicológico que muestran los personajes. Lo cual -en principio- no estaría mal, siempre y cuando hubiera habido previamente, una elaboración, un tratamiento, que resulte en un amalgamiento de ambas épocas, o que por el contrario, pretendiera mostrar un contraste entre ellas. No se aprecia ni lo uno ni lo otro. Tampoco da la sensación, de que hubiera existido la idea subyacente de hacer una historia expresamente atemporal. De ser así, muchos factores –que aquí no lo son- serían neutros.

Vemos entonces, a Giovanni usando una moderna pistola, o recitando un discurso en el que habla –con basamento científico de rigurosa actualidad- de los genomas y de las leyes de la herencia, mientras que el Padre (José Luis Di Zeo), más allá de exhibir su costado masculino, razona como un clérigo que está inserto en la Contrareforma, o vemos a un marido, disponiendo de su esposa como si fuera una esclava, o a un cordero -de cuerpo presente y colgado- en un sangriento sacrificio, como si estuviéramos en el 1600.

La forma que se eligió para realizar este ensamble, nos hace llegar una conjunción de dos momentos de la historia, que resulta forzada, falta de naturalidad, unida con puntadas de zurcido grueso, visible.

La escenografía y el vestuario, en cambio, son susceptibles de interpretarse con gran flexibilidad en el sentido temporal.

La vestimenta, en todos los personajes, es original, impactante.

En cuanto a la escenografía, se resuelven satisfactoriamente los desafíos que implica una sala de las proporciones de Villa Villa. Cohabitan varios espacios en el mismo recinto, incluido el adentro-afuera. Los límites se originan en su mayoría, en la virtualidad y desde la acción. Es una escenografía elástica, lo cual la hace funcional a las distintas alternativas de la trama, en todo momento. La gran muralla de piedra que actúa como fondo, reduce sugestivamente a la figura humana.

En cuanto a las actuaciones, los cinco actores, están en un registro exacerbado, sobreactuado, poco creíble, artificioso.

Cuando todos los actores de una obra, adolecen de idénticos defectos, lo más probable es que el derrotero que los llevó por ese camino, tenga más que ver con la dirección de obra, que con ellos mismos.

No falta, un ejercicio de intertextualidad. En este caso, es la muerte de Ofelia (Hamlet), la que se apropia de la de Anabella.

REGULAR

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