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por Daniel Mojica
Obra: HUEVO DE TERO
Autor: Juan Bonaudi.
Dirección y Puesta en Escena: Marcelo Rodriguez.
Iluminación: Jorge Merzari.
Escenografía y Vestuario: Elías Leguizamón.
Música: Horacio Vivares.
Voz en off: Pelusa Suero.
Periodista: Victor Hugo Morales.
Elenco: Luis Mazzeo, Juan Bonaudi, Ingrid Liberman.
Sala: Actor's Studio
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El trabajo de cronista de teatro tiene satisfacciones y frustraciones, como todos los trabajos. Las mismas están ligadas fundamentalmente a resultados ajenos que inciden en nuestras fibras sensibles. Porque, ir a ver una obra teatral para mí (que soy actor en actividad) significa abrir todos mis sentidos desde el momento en que me siento en mi lugar en la sala, para recibir aquello que los anfitriones tengan para dar. En esta ocasión tengo que decir que el Grupo Inexpugnables, me ha franqueado todos los accesos al mágico hecho de sentir. Digo mágico, porque sentir para un actor tiene dos etapas simultáneas: vibrar internamente y transmitir esa vibración, para que sea recibida por el espectador. Entonces afirmo, no se guardaron nada.

Huevo de Tero, es una obra ciudadana, como la música de Piazzola. Porque tiene el ritmo de Buenos Aires. Porque habla de valores que pueden comprenderse en cualquier barrio porteño. Puedo decir que habla de la amistad entre dos hombres que se complementan en sus diferencias. El laucha tiene una historia como muchos otros hombres y mujeres, criados en la cultura del trabajo, ex-laburante de una fábrica ( especie en vías de extinción ) con arraigados códigos de solidaridad hacia sus compañeros de tareas, y una formación asentada básicamente en los afectos familiares, y sobretodo en la defensa casi ciega de la "virtud" de la hermana. Hoy se las rebusca vendiendo relojes berretas para bancar la pieza de la pensión que comparte con su amigo, el yoru. Este amigo, a pesar del apodo, puede definirse como un típico porteño vividor que sueña con dar el gran salto hacia la fama componiendo el gran éxito musical que lo saque del anonimato y la malaria, con lo que también se salvaría su compañero de pieza. Mientras tanto, con la excusa de la creación, la inspiración y las musas esquivas, no mueve un dedo como no sea para acariciar su guitarra.

También se podría decir que Huevo de Tero, es una historia de amor y de revelaciones que traen al presente, de la mano de Dorita ( hermana de el laucha ) un pasado familiar, que no es precisamente como su hermano la recuerda. Esto, y su relación con el yoru, descubierta por el laucha dan un giro dramático a la obra, que en ningún momento baja el ritmo, ni pierde el interés que genera desde el comienzo.

La puesta en escena es muy inteligente, en la que no sobra si falta ninguna situación para que la historia sea entendida y creida, no sobran ni faltan acciones para apoyar el trabajo de los protagonistas.

Hace rato que no disfruto de actuaciones como las que he visto en Huevo de Tero, cada gesto, cada palabra, cada silencio es el que necesita el clima dramático de la obra. Se nota el trabajo realizado por el director y los actores. Notables las performances de Luis Mazzeo, Juan Bonaudi e Ingrid Liberman.

El teatro tiene futuro, cuando se asienta en empedernidos soñadores que luchan por concretarlos. Como actor he recibido una inyección de vitalidad y como espectador disfruté con la entrega de este grupo.

EXCELENTE

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