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Pasan
los años, las modas y las tendencias. Pasa también
“Don Quijote de la Mancha”, aunque en éste
caso, para seguir deleitándonos con sus aventuras.
Es que su vigencia y vitalidad, parecen afianzarse -más
que deteriorarse- con el paso del tiempo.
Esta versión infantil del famoso personaje, si
bien es una “traducción” para niños,
respeta la esencia, el espíritu de la obra original,
logro que merece destacarse, no sólo porque se
muestra un claro respeto hacia el autor, sino también
hacia los niños, cosa que no sucede con mucha frecuencia
en el medio teatral, a la hora de pensar en ellos.
El “caballero de la triste figura”, y su escudero,
Sancho Panza, aparecen en carne y hueso y también
como títeres, alternándose para |
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contar la historia, en una especie de ficción dentro
de la ficción, aunque bajo un tratamiento, que deja
todo en un registro muy natural. Tanto los personajes reales
como los muñecos, están bien caracterizados.
Entre los muñecos, sobresale el del Quijote, en el
que se ha conseguido en plenitud, esa expresión de
triste-soñador, que junto a su figura de torpe delgadez,
le dan ese carácter icónico, que sin duda, está
en una clara sintonía con la imagen que genera, su
descripción en el libro de Miguel de Cervantes Saavedra.
Hay canciones, títeres y coreografías. Los efectos
escenográficos, cuentan con variados recursos, incluidos
los que usa habitualmente el llamado “teatro negro”.
Se despliega una gran riqueza visual, que permite entrever
–entre otras cosas- el mundo interior del Quijote y
su visión subjetiva de la realidad.
Los actores, realizan una excelente labor. Injusto sería
destacar a alguno por sobre los demás.
En este particular momento, donde se ha proclamado el fin
de la historia, la muerte de las utopías, de lo diferente,
donde impera el reino del Pensamiento Único, y hasta
se insinúa –intertextualidad mediante- la imposibilidad
de escribir un nuevo texto, “Don Quijote de la Mancha”,
que a lo largo de centurias de vigencia, ha suscitado las
más diversas interpretaciones, bien nos podría
estar diciendo hoy, que el hecho de que los hombres, puedan
ser privados de sus sueños, de sus utopías,
no sólo es una enfermedad, es la peor de todas, ya
que es la única que les permite seguir con vida, después
de muertos.
“El Quijote”, sigue librando su desigual batalla.
Con su “locura”, colabora en despejar los senderos
que pueden conducir a un mundo un poco más cuerdo.
EXCELENTE
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