Obra:
VINO
DE CIRUELA
Autor:
Arístides Vargas.
Elenco:
Susana Rinaldi, Perla Santalla, Rita Terranova, Ligia Piro,
Magela Zanotta y Claudia Pisanú.
Adaptación:
Rubén Pires.
Dirección:
Manuel González Gil y Rubén Pires.
Música:
Juan Carlos Cuacci.
Sala:
TEATRO BROADWAY.
Funciones:
Miércoles a Viernes 20:00 hs, Sábado 22:00 hs,
Domingo 20:30 hs.
Localidades:
$ 20.- y $ 25.- |
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“Vino
de Ciruela”, es una historia de familia, contada
a través de anécdotas individuales que ha
vivido cada uno de sus miembros, en las que se dejan ver
en toda su dimensión humana, con sus virtudes,
debilidades y contradicciones. Una familia particular,
sólo de mujeres, ya que los relatos, toman el período
posterior a la desaparición física de todos
los hombres, a quienes las mujeres sobrevivieron. Es –además-
una familia de características conservadoras, refugiada
en la comodidad de no intentar diferenciarse demasiado
de su entorno.
Dos hermanas, Celina (Ligia Piro) y Eleonora (Magela Zanotta),
ambas de excelente actuación, se envían
cartas donde van recordando su infancia, dando vida en
el escenario a cada personaje que recuerdan. Una frase,
pinta el tenor de los recuerdos que las invadían.
Dicen: “En aquella casa, todas eran mujeres tristes,
ridículas y solas”. También |
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se evocan a sí mismas, convirtiéndose en las
niñas que eran para recrear las escenas de su infancia,
y que dan lugar a los momentos más lúcidos,
llamativos y plenos de inteligente humor de la puesta.
Para las decisiones importantes, las pequeñas Celina
y Eleonora, acostumbraban a parodiar juicios, con fallos resolutorios.
En uno de ellos, deciden enjuiciar al tiempo y su fallo fue:
detenerlo. A partir de ahí, dejaría de transcurrir.
Y es aquí donde la puesta entra de pleno en el realismo
mágico, los personajes aceptan que el tiempo está
detenido como algo natural, y todo fluir queda entorpecido.
El tiempo, es tema central en “Vino de Ciruela”.
Y ni aún el realismo mágico, podrá evitar
que su paso y sus consecuencias se impongan por sobre todas
las voluntades.
Susana Rinaldi, evidencia una solvencia para actuar, no menor
de la que tiene para cantar, lo cual no es poco decir. Compone
tres personajes: La tía Gumersinda, la tía Adriática
y Jacinta.
Muy bien están Perla Santalla (la abuela María),
Rita Terranova (Francisca) y Claudia Pisanú (Blanquita,
una inefable mucama).
La escenografía, tiene una tendencia al blanco, que
es muy acorde al clima de nostalgia y evocación del
candor de la niñez, de los tiempos idos. También
la música de Juan Carlos Cuacci está en sintonía
con este clima. El vestuario es excelente.
Hay un punto débil, a mi juicio, en la puesta –cuestión
de la que excluyo las escenas de las niñas- y es el
manejo de la tensión dramática. Todo transcurre
dentro de la misma tonalidad, suave, sin picos ni caídas,
como música de una sola nota. De este modo, lo que
se ve resulta un poco monocorde y transmite la sensación
de que dura más de lo que debería.
El punto fuerte, son las actuaciones, que aún con personajes
que caen en alguna tendencia al estereotipo, no por eso dejan
de tener momentos brillantes.
BUENA
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