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por Jorge Grinberg
Obra: VINO DE CIRUELA
Autor: Arístides Vargas.
Elenco: Susana Rinaldi, Perla Santalla, Rita Terranova, Ligia Piro, Magela Zanotta y Claudia Pisanú.
Adaptación: Rubén Pires.
Dirección: Manuel González Gil y Rubén Pires.
Música: Juan Carlos Cuacci.
Sala: TEATRO BROADWAY.
Funciones: Miércoles a Viernes 20:00 hs, Sábado 22:00 hs, Domingo 20:30 hs.
Localidades: $ 20.- y $ 25.-
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“Vino de Ciruela”, es una historia de familia, contada a través de anécdotas individuales que ha vivido cada uno de sus miembros, en las que se dejan ver en toda su dimensión humana, con sus virtudes, debilidades y contradicciones. Una familia particular, sólo de mujeres, ya que los relatos, toman el período posterior a la desaparición física de todos los hombres, a quienes las mujeres sobrevivieron. Es –además- una familia de características conservadoras, refugiada en la comodidad de no intentar diferenciarse demasiado de su entorno.

Dos hermanas, Celina (Ligia Piro) y Eleonora (Magela Zanotta), ambas de excelente actuación, se envían cartas donde van recordando su infancia, dando vida en el escenario a cada personaje que recuerdan. Una frase, pinta el tenor de los recuerdos que las invadían. Dicen: “En aquella casa, todas eran mujeres tristes, ridículas y solas”. También

se evocan a sí mismas, convirtiéndose en las niñas que eran para recrear las escenas de su infancia, y que dan lugar a los momentos más lúcidos, llamativos y plenos de inteligente humor de la puesta.

Para las decisiones importantes, las pequeñas Celina y Eleonora, acostumbraban a parodiar juicios, con fallos resolutorios. En uno de ellos, deciden enjuiciar al tiempo y su fallo fue: detenerlo. A partir de ahí, dejaría de transcurrir. Y es aquí donde la puesta entra de pleno en el realismo mágico, los personajes aceptan que el tiempo está detenido como algo natural, y todo fluir queda entorpecido.

El tiempo, es tema central en “Vino de Ciruela”. Y ni aún el realismo mágico, podrá evitar que su paso y sus consecuencias se impongan por sobre todas las voluntades.

Susana Rinaldi, evidencia una solvencia para actuar, no menor de la que tiene para cantar, lo cual no es poco decir. Compone tres personajes: La tía Gumersinda, la tía Adriática y Jacinta.

Muy bien están Perla Santalla (la abuela María), Rita Terranova (Francisca) y Claudia Pisanú (Blanquita, una inefable mucama).

La escenografía, tiene una tendencia al blanco, que es muy acorde al clima de nostalgia y evocación del candor de la niñez, de los tiempos idos. También la música de Juan Carlos Cuacci está en sintonía con este clima. El vestuario es excelente.

Hay un punto débil, a mi juicio, en la puesta –cuestión de la que excluyo las escenas de las niñas- y es el manejo de la tensión dramática. Todo transcurre dentro de la misma tonalidad, suave, sin picos ni caídas, como música de una sola nota. De este modo, lo que se ve resulta un poco monocorde y transmite la sensación de que dura más de lo que debería.

El punto fuerte, son las actuaciones, que aún con personajes que caen en alguna tendencia al estereotipo, no por eso dejan de tener momentos brillantes.

BUENA

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