| Creo
que existen pocos calificativos para nombrar la sensación
que produce en el espectador esta obra, yo he elegido uno:
brutal. En todo lo que significa semejante término.
La anécdota habla de una mujer policía que rescata
a dos chicos retrasados de un accidente en el que quedan huérfanos
y se encierra con ellos para evitar males mayores. En realidad
esta es la excusa para hablar de la oprimente realidad exterior
al ámbito en el que vive esta mujer policía.
Toda esa opresión del afuera se ha hecho carne en esta
mujer que destila opresión por todos los poros. La
sobreprotección es otra forma de oprimir.
Es muy bueno el trabajo de Gaby Ferrero, logrando momentos
de mucha tensión, con una entrega y un compromiso que
se sienten desde la platea.
Las interpretaciones de Eliana Niglia y Guillermo Arengo son
sobresalientes, logran transmitir la alienación, el
desamparo y la necesidad mutua de protegerse desde sus peculiaridades,
porque cada uno son lo único que el otro tiene. Hay
momentos de notable dureza, que sólo pueden remontarse
desde el magistral trabajo realizado, con la concentración
adecuada y los gestos e inflexiones necesarios.
Se nota la sutil mano de la dirección en el logro de
los climas, las tensiones y los momentos que hacen de esta
obra que la haya definido como brutal.
Muy buena la escenografía y la musicalización,
ayudan de manera contundente al mensaje que el autor y los
actores desean comunicar.
Por más que la realidad sea angustiante y destructora
jamás se la cambiará ignorándola o fingiendo
que no existe. Ya que tarde o temprano hay que interactuar
con ella. Y precisamente desde esa interacción surge
la posibilidad real del cambio.
Es una obra para ver con atención.
BUENA
|