Obra:
TELARAÑAS
Autor:
Eduardo Pavlovsky.
Dirección:
Javier Palomino.
Elenco:
Mónica Fuino, Hector Leza, Juan Ciuffo, Gerardo Colonniello,
Martín Scarfi.
Escenografía
y vestuario:
Roxana Ciordia.
Asistencia
de dirección:
María Laura Caballero, Esteban Tabacznik.
Asistencia
de luces y sonido:
Guadalupe Molteni.
Sala:
El Doble, Aráoz 727.
Funciones:
Viernes 23 hs. |
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La
familia bajo sospecha, es el tema central de “Telarañas”.
Sería en su seno donde se empezarían a
tejer esas tramas de autoritarismo, de irracionalidad,
de intolerancia, de injusticia, sobre las que edifica
sus cimientos una sociedad con muchas características
fascistas, como la que hoy predomina en el mundo “civilizado”
y no al revés.
Los padres, tenemos sobre nuestros hijos un poder casi
ilimitado, tanto para el bien como para el mal. Para
ayudar a construirlos como personas acompañándolos
en el desarrollo de su máxima potencialidad,
o para destruirlos, deshumanizarlos. Sobre esta última
posibilidad, se va erigiendo la trama de esta obra.
Es una cruel parodia de la violencia que puede ejercerse
sobre un hijo, desde ese tan especial lugar de poder
que otorga el hecho de ser padres. Y exhibe con lúcida
y sarcástica crudeza, aquellas actitudes incoherentes,
esos mensajes cruzados, con los que tan frecuentemente
se ataca a los hijos desde todas las direcciones posibles,
eso sí, “con las mejores intenciones”
sin lugar a dudas.
Y a treinta años de su estreno, la vigencia de
su denuncia, es un hecho llamativo. Porque habiendo
pasado tantos años y que su contenido le siga
calzando tan bien a la sociedad, habla de una imposibilidad
de cambio de la ésta, cuestión que re-significa
a la obra.
Es que es notorio que desde más o menos la época
de su primer estreno hasta aquí, desde todos
los ámbitos del quehacer artístico y cultural,
ha habido profusión de movimientos que han criticado
–o cuando menos expuesto con sentido crítico-
las partes más oscuras de la sociedad. Y nada
cambió. Peor, casi todo aquello que era susceptible
de transformarse para mejorar, no sólo no lo
hizo, sino que se profundizó en su negatividad,
dejando al mundo de hoy como un lugar aún más
salvaje de lo que era. |
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Y la mayor parte de aquellos movimientos, tendencias, fuerzas,
energías, como queramos llamarles, que denunciaban
críticamente, fueron -en el mejor de los casos y como
expresión de la máxima gloria que pudieron alcanzar-
metabolizados, deglutidos por el marketing. Es una nueva dimensión
que toma el análisis de “Telarañas”
con el hecho de su reposición 2003. Y genera interrogantes:
¿No puede ser posible, que el hecho de poner en evidencia
injusticias, aberraciones, inequidades, corrupciones, a través
de los medios, del arte, o de cualquier forma más o
menos masiva, actúa como un catalizador que neutraliza
a las energías sociales que realmente podrían
producir un cambio positivo hacia el bienestar general?
¿O que tal vez esos mismos contenidos puestos en evidencia,
muevan en la gente resortes morbosos, que la lleven a una
especie de admiración inconsciente por quienes abusan
del poder y el dominio arbitrariamente, reforzándolo
en lugar de disminuirlo?
¿No será que todo aquello que llamamos inhumano,
como matar, torturar, hacer sufrir, ser egoístas, dejar
que se mueran de hambre millones de seres mientras se gastan
los recursos que podrían salvarlos –y muchísimo
más- en armas para ir a la guerra, es en realidad lo
sustancialmente humano y lo inhumano es la bondad, el altruismo,
la solidaridad, y esa es la razón por la que abunda
menos que lo anterior?
Volviendo a “Telarañas”, el hecho de que
consigue disparar preguntas, pensamientos, no es poco para
una obra de teatro.
Muy buenas actuaciones, manejo de tiempos, del ritmo. Se nota
la mano de una excelente dirección. La escenografía
con lo justito, pero buena. Bien la iluminación.
MUY
BUENA
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