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por Jorge Grinberg
Obra: FRANKENSTEIN
Dirección: Hernán Kuttel.
Elenco: Toyos Pablo, Holz Sebastián, Mackinlay Belen, Lovera Andrea.
Escenografía: Valeria Ambrosio y Carlos Repetto.
Coreografía: Andrea Livera.
Música y Orquesta: Gabriel Goldman.
Producción General: Alicia Lectoure.
Sala: Teatro Coliseo.
Funciones: Jueves, Viernes y Sábados 20:30 hs. Domingos 19:00 hs.
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En 1816, el matrimonio Shelley, veraneaba en Suiza, en la residencia de su amigo, Lord Byron. En esos días, las charlas acerca de los novedosos experimentos del Dr. Darwin convivían con la lectura de libros de fantasmas que abundaban en la residencia. Este cóctel, había generado un clima de especial magia entre quienes allí se encontraban, y -siendo todos escritores- allanó el camino hacia la promoción de un singular desafío: cada uno de los presentes debería escribir una historia fantástica. En este marco, fue que Mary Shelley concibió a Frankenestein, obra en la cual se basa esta magnífica puesta.

La sinopsis argumental es la siguiente:
Víctor, a partir del fallecimiento de su madre, se obsesiona con el tema

de la muerte a la cual desafía, jurando encontrar la forma de burlarla. De excelente posición económica, deja casa, novia, familia y amigos, para ir a hacer su doctorado en Ingolstadt, donde vive un famoso profesor que ha hecho experimentos para crear vida y en quien Víctor deposita todas sus expectativas. Lo ve como la persona idónea para orientarlo en las investigaciones tendientes a conseguir su objetivo. La mayor aventura de su vida, que culmina en el éxito, es al mismo tiempo, su peor derrota.

Con la unión de pedazos de cadáveres que extrae del cementerio, crea un nuevo ser. Le transplanta el cerebro del profesor, a quien había matado en un altercado de lucha, justamente durante una acalorada discusión que tuvieron ante el desacuerdo sobre dar o no vida al engendro, cuestión a la que el catedrático se oponía enfáticamente.

El ente, aunque con el cerebro del profesor, era de memoria casi virgen, no recordaba su vida anterior, pero sabía hablar y hasta pudo llegar a leer. Tenía la fuerza de una bestia. Víctor, al ver con vida lo que había creado, se asusta y lo rechaza. Le tira su abrigo encima intentando taparlo para no verlo, horrorizado ante su creación. El monstruo, desorientado, se escapa. En el bolsillo del abrigo está el Diario de Víctor, donde describe con detalle todo su periplo desde el día en que salió de la casa y que terminó en la creación de Frankenstein, quien finalmente lo lee y se entera de todo. El ser, siente que Víctor es su padre, que lo rechazó y así furioso, inicia un camino de venganza. Va en busca de su progenitor, sembrando muerte y destrucción a su paso y arruinará finalmente la vida de la familia de Víctor, quien terminará en el suicidio.

Esta trama, se adelanta en casi dos siglos a la era de los transplantes y la manipulación genética, y tiene posición tomada ante la controversia que genera esta última ante la posibilidad –hoy real- de crear seres fuera del orden natural: “Detente ahora!!! ¿Hasta dónde has llegado, hasta dónde te atreverás?” -le recrimina con énfasis el inefable coro a Víctor.

También invita a reflexionar sobre otra cuestión que en estos tiempos signados por el síndrome del Pensamiento Único, toma relevancia, como es el de la no-aceptación de la diferencia.

Por último, no sería desatinado meditar acerca de si el personaje del monstruo, una vez que ha sido creado, no sería merecedor de alguna indulgencia de nuestra parte, ya que en el fondo, no es más que un niño asustado que lucha por su derecho a amar y a ser amado. Y los atropellos que cometió –al margen de ser inadmisibles- cualquier otro niño que mágicamente obtuviera la fuerza de una bestia, hubiera sido susceptible de realizar con similar encono ante parecidos estímulos.

Esta superproducción, pone en escena a 38 actores-cantantes-bailarines, haciendo gala de un impresionante despliegue de recursos, tanto materiales, como técnicos y artísticos, incluyendo una excelente orquesta en vivo.

El vestuario, perfectamente ambientado para la época, está cuidado hasta el último detalle, con un buen gusto que no es frecuente de ver en nuestros escenarios.

La escenografía de Valeria Ambrosio y Carlos Repetto es un lujo de precisión, de técnica, de belleza estética, de funcionalidad, de multiplicación y aprovechamiento de los espacios.

Las actuaciones son muy buenas, en especial la de Sebastián Holz, y Pablo Toyos aunque -para ser justos- todo el elenco está en un gran nivel.
La dirección ha hecho un trabajo minucioso, coordinando cada detalle y ha obtenido lo mejor de cada uno de los integrantes de esta gran apuesta que es “Frankenstein” 2003.

EXCELENTE

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