Obra:
MARATHON
Autor:
Ricardo Monti.
Dirección:
Beatríz Amábile.
Elenco:
Cristina Mastrarrigo, Jorge Aleman, Fabio Kalman, Cecilia Hofer,
Ricardo Lumi, Liliana Tomé, Marcelo Polski, Marta Baya,
Dino Kopcow, Mónica Belloni y Martha Carballo, Jorge
Martinelli, Juana Luksenberg, Nora Alsina, Alicia Orfali.
Música:
Claudio Lizarraga.
Vestuario:
Zulma Molinaro.
Fotografía:
Fernando Olaechea.
Puesta
de luces:
Alelandro Schaab.
Operador
técnico:
Pablo Martínez.
Asistente
de Dirección:
Magdalena Aleman.
Puesta
en Escena:
Beatriz Amábile.
Funciones:
sábados a las 20 hs.
Sala:
Espacio de Arte LA ESCALERA, Juan B Justo 889. |
| m
|
 |
A
la manera de la genial película “El Baile”
del director italiano Ettore Scola, esta obra transcurre
de principio a fin, en una sala de baile.
En este caso, los participantes compiten por un premio
sorpresa. Nadie sabe de qué se trata y aún
así, se prestan al juego. La opinión de
los concursantes, va oscilando entre que están
tras algo tan grande que es susceptible de cambiar sus
vidas y un fraude del estilo zanahoria, que alguien
les ha puesto por delante con el fin de usar su participación
en beneficio propio. En todo caso, cual réplica
de la vida misma, han ingresado a un mundo sin salida,
donde se camina hacia ninguna parte, sin esperanzas.
Las energías que podrían cambiar este
estado de cosas, son sistemáticamente contrarrestadas
desde el lugar del poder representado por la conductora.
Cada tanto, alguien se rebela ante la situación
de ignorancia a la que han sido sometidos, pero hábilmente
la animadora los va manejando para volver a introducirlos
en el submundo de la sala, que está a mitad de
camino entre lo onírico y lo real.
Es que los personajes, tienen una caracterización
que a primera vista, parecería “fellinesca”.
Pero inmediatamente, nos damos cuenta que a diferencia
de los personajes de Fellini, que si no llegan a resultar
reconocibles como seres de la vida real, sí lo
hacen como habitantes |
|
|
del mundo de los sueños (y es por eso que pegan tan
fuerte a nivel inconsciente), los de Marathón, (a excepción
del guardaespaldas Jorge Aleman), son irreconocibles. Es que
estos personajes son irreales, ajenos y -siempre dentro de
la mencionada ajenidad- anacrónicos. No hay espacio
para una identificación por parte del espectador. Esto
impone una barrera, que diluye, debilita la idea que se quiere
transmitir.
“Marathón”, más allá de partir
de una buena propuesta, se consume en sí misma, se
repite, no avanza, entra en un sopor y salvo alguna que otra
perlita, como la historia de la muerte que viene a buscar
a su amada contada por Homero (Fabio Kalman), termina aburriendo.
REGULAR
|
|