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NEntrevistas a Escritores
por Martha Vargas »n
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Conversación con Ana Emilia Lahitte.
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"La poesía es en sí misma una invitación al vuelo"
"La poesía no debe estar al servicio de nada ni de nadie."
"El silencio es el horizonte de todo poema verdadero."
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Nació y vive en la ciudad de La Plata. Ha publicado 23 libros (poesía, narrativa, ensayo, teatro y periodismo.) Es una escritora de actividad incesante, proyectada prioritariamente al interior del país o auspiciada por países extranjeros.
Debo ser necesariamente breve en la presentación de su rica trayectoria en la literatura argentina, lo cual significará un verdadero esfuerzo de mi parte.
Becaria de la OEA, México(1966. Becaria del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid (1969,1972,1975). Escritora invitada por la República Federal Alemana, Austria, Bélgica e Italia. Difundió y difunde la poesía argentina por toda América Latina.
Su obra ha sido recogida en numerosas antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués.
Me referiré solamente a algunas de las más importantes distinciones recibidas: Pluma de Plata del PEN Club Internacional (1980). Pluma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982). Primer Premio Nacional de Poesía (Región Buenos Aires) (1983). Beca del Fondo Nacional de las Artes por "Cinco poetas capitales: Ballina, Castillo, Mux, Oteriño y Preler."
Designada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de La Plata por la Municipalidad de La Plata (2001).
Su taller de Poesía y el Grupo de Hojas y Cuadernos de Sudestada cumplen 20 años y acredita más de 300 publicaciones editadas con su sello.

-¿Es tu propuesta artística un credo estético insobornable?

-No lo sé, nunca se me ocurrió encarar mi poesía dentro de un rigor formal. No tengo ninguna propuesta, ni credo estético, declarados como tales. Supongo que los que existen -y admiramos o rechazamos- no fueron preconcebidos por sus autores, que quizá ni siquiera hayan alcanzado a poder juzgarlos.
La poesía se entrega desde dimensiones que no soportan análisis ajenos a su propia ambigüedad.

-¿Sirve la poesía para cantar el fracaso de las utopías?
-La poesía no está al servicio de nada ni de nadie, ni siquiera de sí misma. Por supuesto, puede escribirse un poema que "cante el fracaso de las utopías". O lo contrario. Todo depende de la decisión del poeta y su invulnerable libertad creadora. Lo único importante es que esté bien escrito. Además, si hay un tema digno de ahondar, en su infinitud de alcances y significados, es precisamente la utopía. Asombra la diversidad de interpretaciones y usos que se le adjudican.

-¿Tu poesía, de acuerdo a sus temas, a su profundidad, al dramatismo de su voz, es sólo un poema o distintos poemas?

-Se ha dicho que el poeta escribe, a lo largo de su existencia, un solo poema. Y en algunos casos, como en el mío, se confirma: tanto "Los abismos" como "Los Dioses oscuros", constituyen un texto único. Por eso, en su segunda edición, los publiqué juntos. Lo malo es que raramente se encuentre un lector que tenga tiempo ganas o vocación para leer poesía "ordenadamente" y advertir esas estructuras.
De cualquier modo, por su propia naturaleza, por la trascendencia de su síntesis, por su brevedad aparente, la poesía es en sí misma una invitación al vuelo. Leer una sola línea, suele equivaler a una experiencia memorable.
Y no es infrecuente que un poeta trascienda por sólo uno de sus versos.

-¿La Plata es, como decía el escritor Henríquez Ureña, la Atenas de América?

-Me aterran las definiciones de ese tipo, a pesar de mi profunda admiración por Henríquez Ureña. Prefiero decir que La Plata fue, en su momento, una eminente ciudad universitaria, cuando Joaquín V. González y Alejandro Korn se encargaron de ello y la Reforma Universitaria trascendió luego, al mundo entero.
Lo demás corre por cuenta de tiempos históricos de destrucción interior y externa, hasta que, desde hace unos pocos años, hemos recuperado no sólo lugares magníficos, sino también la natural riqueza intelectual que nuestra gente aportó en épocas mejores.

-¿Te enriqueces con la poesía de otros y celebras a tus pares poetas como lo has hecho en Antologías platenses y como lo hacías en tus viajes a través del país?

-Creo que es ese un reconocido lugar común en mi vida. Una zona de trabajo cumplido, que debo agradecer. Lo destaqué públicamente cuando, hace pocos meses, en noviembre pasado, nos designaron Ciudadanos Ilustres, a Horacio Castillo y a mí. Ambos coincidimos en especificar que aceptábamos esa alta distinción, sólo en nombre de una "misión cumplida" en terreno sociocultural. En cambio, el adjetivo fue cortésmente derivado a la posteridad...
Durante varias décadas recorrí el país llevando nuestra poesía, sobre todo la de nuestros poetas actuales, desconocidos en su gran mayoría. Y mi CIPAC (Curso Intensivo de Poesía Argentina Contemporánea) fue desarrollado, felizmente, no sólo en las grandes ciudades. Quienes vayan hasta esa maravilla silenciosa que es nuestro país interior, verán como aún se lo recuerda. Ahora, El Taller, con sus dos décadas, es quien se ha convertido en punto de apoyo para la intercomunicación a que te referías. Lo testimonian nuestra Hojas de Sudestada, más de 300, que ya han invadido el mundo e incluso, los once libros recientes que tenemos sobre la mesa de trabajo, todavía con olor a tinta, y que seguramente presentaremos en marzo. La mayoría pertenecen a autores inéditos, que rondan los veinte y treinta años. En cuanto a tu segunda pregunta, creo que todo ser que ame la poesía resulta insaciable lector de esos "Otros": los poetas universales son sencillamente, nuestros. Jamás resultarán extranjeros, jamás lejanos. Incluso, entre los contemporáneos, muchos ya no están, físicamente. Pero no han interrumpido, ni se interrumpirá el diálogo entrañable.

-Subyace, en tu obra, una poderosa intuición de lo trágico, una especial percepción de la tragedia humana. ¿Podemos asociarlo con la catarsis de los clásicos?

-¿Por qué no con mi propia catarsis?...Lo humano es trágico, por excelencia. Pero, son terrenos filosóficos que, específicamente, no abarco, ni domino la herencia de los clásicos. Además, al margen de lo literario, esa tragedia me resulta tan natural, tan habitable, tan lógica, en relación con la naturaleza misma del existir, del ser, que nunca he sobrellevado intelectualmente su dimensión, su destino, como algo que escape a la realidad, inmediata o profunda, de mi propio universo. La poesía es, para mí, la única voz capaz de "traducir" nuestra toma de conciencia de esa forma universal de belleza. Y no a través de las palabras, por supuesto, sino de la Palabra, que tanto se asemeja al silencio.

-En tus últimos poemas veo el juego con el silencio, los espacios en blanco. ¿Cómo es este juego?

-Has nombrado el horizonte de todo poema verdadero, el silencio. Si te referís a la estructura del poema, es sabido que actualmente, se utilizan esos espacios físicos para suplir la coma, que tiende a ser anulada. No siempre me ciño a ello. Depende de la clase de poema que afronte. Viene al caso una cita, de ninguna manera ajena, porque pertenece nada menos que a nuestro Octavio Paz, que está Incluida en esa joya, inmensamente pequeña que es su "Traducción: literatura y literalidad", (1971) ..."Como es sabido, el primer poeta que decidió abolir los signos de puntuación fue Mallarmé." Rara vez una innovación aceptada no reconoce raíces hondas, lejanas, remotas.
En cuanto a otros juegos mayores con el silencio, por mi parte, resultan secretamente involuntarios, dada la importancia, el protagonismo esencial que adjudico, prioritariamente, al silencio, a la riqueza inasible de su aparente invisibilidad. Y aquí una segunda cita, que en nuestro taller ha sido ya gozosamente memorizada, sin proponérnoslo, y pertenece a Ives Bonnefoy: "Lo invisible no es la desaparición sino la liberación de lo visible"... Con este agregado memorable: "El espacio y el tiempo caídos para que se levante la llama donde el árbol y el viento se vuelven destino".
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