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NEntrevistas a Escritores
por Martha Vargas »n
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Una aproximación al análisis de la porteñidad
Fundamental estudio de la escritora, ensayista y poeta argentina Norma Pérez Martín.
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Conocida escritora argentina, hace muchos años que investiga sobre el hecho literario en sus diferentes gestaciones. El tango, característico de nuestra sociedad urbana, es objeto de un interesante análisis por parte de Norma en esta entrevista. Este tema fue presentado por la escritora en el Teatro General San Martín de Buenos Aires.
Norma Pérez Martín nació en Buenos Aires. Licenciada y profesora en Letras, egresó de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.. Su obra ha sido premiada varias veces en el país y en el exterior. Participa permanentemente en Congresos y Encuentros de Escritores de Argentina y otros países de América. Su incansable actividad la hace pertenecer al Centro de Estudios de Narratología (Buenos Aires). Colabora en los Suplementos Culturales de los más prestigiosos diarios y en Revistas, entre ellas FRANCACHELA.

–¿Nos puede servir el TANGO, como instrumento de análisis del hombre argentino?
–Por supuesto, el tango, expresión única y original de la vida urbana y suburbana rioplatense, nos ofrece elementos para configurar una rica visión psicológica y antropológica cultural del hombre de estas latitudes en un periodo de su historia. El desarraigo, la nostalgia, la soledad, la búsqueda de sus raíces ontológicas y de su destino existencial, son facetas del hombre ciudadano que la vida moderna ha venido acentuando y que fueron llevadas a su máxima expresión en el tango de los años 30.

–¿Raúl Scalabrini Ortiz ubicó al hombre porteño de ese tiempo en exactas coordenadas de: Corrientes y Esmeralda?
–Registró agudamente los rasgos de ese hombre “El carácter nacional del hombre porteño funde los sueños y las angustias, las esperanzas y los escepticismos, la libertad y el coraje. Pampa y ciudad convergen en el arrabal orillero de fines del siglo XIX”, fijate Martha, que a través del tango, podríamos seguir una historia de Buenos Aires y el permanente sentimiento de pertenencia del porteño a su ciudad.

–¿Se puede determinar en qué momento nace el tango?
–El paso de la Buenos Aires colonial a la Gran Aldea es el momento del nacimiento, filialmente enlazado en sus comienzos, a la milonga y al candombe y con raíces en el arrabal y la vida de extramuros. Hacia 1895 aparece Angel Villoldo con El Choclo, el “Negro” Mendizábal con El entrerriano y Angel Villoldo componen El porteñito, vivo cuadro descriptivo de un pedazo de historia sociopolítica del Buenos Aires finisecular.

–¿Esos tangos constituyen casi un patrimonio nacional?
–Constituyen un patrimonio ya clásico. Estos primeros juglares sienten la añoranza del patio y el cedrón al que cantó Cátulo Castillo. Esos patios con “frescor de sombras bajo el alero”, del barrio con “ coros de silbidos allá en la arena” y de “luna chapaleando sobre el fango”...

–Enrique Santos Discépolo dijo que el tango es “un sentimiento triste que se baila”...
–En su perfecta síntesis se plantea el ser porteño con todos sus matices. Producto sentimental telúrico, fruto de individuales tristes y de un acontecer colectivamente vivido, surge como “rebelión y nostalgia”. Ernesto Sábato lo ha captado así “ el sentimiento contra los otros es el aparato exterior del rencor contra su propio yo. Tiene ese descontento, ese malhumor, esa vaga acritud, esa indefinida y latente “bronca” contra todo y contra todos. Todo eso hace del tango una danza introvertida y hasta introspectiva, engendra agresividad real o ficticia; Sábato habla de “la agresividad de la cachada porteña”...

–Otro tema es el del destino inapelable.
–El sentimiento del tiempo va unido con frecuencia a la presencia del destino inapelable.
El hombre de Buenos Aires sabe y lo repite que “contra el destino, nadie la talla” como dice el tango Adiós muchachos. El transcurrir de los seres y las cosas se hace más visible en la ciudad, volcada a su vertiginoso crecimiento. La babilónica Buenos Aires entristece a los guapos que fueron desapareciendo décadas atrás. Pero siguen viviendo en el porteño la pasión silenciosa y sin alarde, el coraje de cada día lleno de nobleza y de bronca por las injusticias y los desprecios el varón expresa su” machismo” en que se afirma la porteñidad.

Varón, pa´ quererte mucho.
Varón, pa´ desearte el bien.
Varón, pa´ olvidar agravios...
porque ya te perdoné...

Y la caballeresca gentileza junto con el orgullo sin dobleces, que no se rebaja ni tolera la traición

Hermano, yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni rogarle,
ni decirle que no puedo más vivir...

–¿Con Discépolo aparece el sentimiento amoroso en las letras de tango?
–Enrique Santos Discépolo destipifica al guapo, rendido ante el amor y al hacer asumir la afectividad, Discépolo lo humaniza.
Este autoconocimiento del hombre viene a partir del AMOR. Los personajes discepolianos se mueven por el amor o el desamor. Ese hombre hecho de coraje y bravura pierde sus defensas habituales, reconoce que él dentro de sí y él tal como se muestra a los demás, es auténticamente él mismo y no vende una imagen de bravura interior que no condice con su estado real.
Con Discépolo se acaban los mecanismos y las inútiles apariencias. Esta sinceridad en el decir y en el llorar, lo lleva a Discepolín a desandar el mensaje universal del porteño y a decir las cosas por su nombre. En Cambalache se dice trágicamente:

Siglo XX, cambalache, problemático y febril.
Dale nomás, dale que va.

–¿Se puede caracterizar a la musa ciudadana?
–Claro que sí, aparece la musa ciudadana, sublimándose, no ya como heroína, sino como el genuino arquetipo de la ciudad: Malena, que canta el tango “como ninguna”, cuya voz queda prendida, trovadorescamente, porque es “voz de alondra”, “voz de sombra”, “voz quebrada”... Homero Manzi rememora, como los antiguos payadores, las virtudes de la mujer ideal y Malena pasa a ser la ciudad-mujer, “con ojos oscuros como el olvido”,” labios apretados como el rencor”. La ciudad Malena tiene “sangre de bandoneón.”

–A través de las letras de tango se puede observar que el porteño hace un verdadero culto de la Amistad, ¿no es así?
–El porteño ha sido por naturaleza individualista. Le ha interesado “que no se metan en sus cosas” ni “mecerse en las cosas de los demás”. Scalabrini Ortiz sentencia sabiamente: “Esta estructura individualista se resquebraja cuando la conjunción de sentimientos compartidos reemplaza a la soledad nostálgica, variable, permanente, en la cual se desenvuelve nuestro hombre”. Por eso, el culto de la amistad que el porteño practica sin alarde, pero con profunda convicción, es una mutua entrega de simpatía y coraje. El porteño puede tener discrepancias ideológicas, religiosas, estéticas, deportivas. Pero ello no incide en su culto de la amistad, por el contrario, esta se robustece “en las buenas y en las malas”. Su generosidad lo afirma en la sagrada devoción por la amistad. El porteño comparte el bienestar y, sobre todo, la miseria:

El bulín de la calle Ayacucho,
que en mis tiempos de rana alquilaba...
...........
el bulín donde tantos muchachos
en sus rachas de vida fulera
encontraban marroco y catrera...

–Volvamos a Enrique Santos Discépolo.
–Discepolín denuncia, grita, llora, se enternece, escarba sin piedad con intensa compasión, dentro de su escepticismo. El denuncia sin reticencias el resquebrajamiento moral, el derrumbe de la sociedad y de cada individualismo. La miseria, la desocupación, la hipocresía, generan el “Yira, yira”, está encerrada toda la desesperación y la descarnada soledad filtrándose en la esencia metafísica de este porteño de una porteñidad agónica que ladra su impotencia.

Cuando la suerte que es grela
fayando y fayando
te largue parao.
Cuando estés bien en la vía
sin rumbo,
desesperao...

Es una subjetiva y dramática imagen de un pedazo de la historia nacional, de la frustración lacerante de un grupo generacional despojado de toda esperanza. En esta misma época se asiste a los suicidios de Lugones, Quiroga, Alfonsina, Lisandro de la Torre...

No ves que estoy en yanta
y bandeado por ser gil...
Cachá el bufoso y chau,
vamo a dormir.

Rotundo, pictórico, preciso en su agudo manejo del lunfardo, ofrece el trágico retrato de una generación derrotada. Homero Manzi dice de Discépolo: “Te duele como propia / la cicatriz ajena. / Vamos, que todo duele / viejo Discepolín”.

–Discépolo es de una porteñidad universal, si esto es válido...
–La bondad instantánea, veloz, escudada en el humorismo sarcástico del porteño de “ley”, como enfatizara Nicolás Olivari, hacen de Discépolo un filósofo cuya porteñidad dio a la expresión ciudadana un horizonte universal. Pero este poeta de Buenos Aires ve desaparecer al malevo y surgir, en cambio, otro modo de ser, el del amor transparente:

Estoy tan cambiao
No sé más quien soy.
.......
El malevaje extrañao
Me mira sin comprender...

–¿Podemos decir que Discépolo inaugura un nuevo lenguaje?
–Sí, Martha, podemos decirlo. En Discépolo crece un nuevo lenguaje: el corazón y la emotividad se potencian y el sufrimiento y el amor cobran una particular fisonomía. Su atormentado talento avasalló a las otras voces de Buenos Aires y la porteñidad se levantó para siempre en su verdadera estatura. Discépolo señala con agudeza el cambio de una época. Ahora no es solamente el amor el motivo de conflicto, sino las ideas. El hombre típico de la ciudad portuaria, trajinada y febril, ese hombre anónimo de la noche de Corrientes a quien los tangos lo habían ignorado, es decir, el porteño común que transita por los cafés, los clubes, las oficinas, ese hombre, fue rescatado para siempre, por Discépolo. Si Roberto Arlt es el cronista del hombre de Corrientes y Esmeralda y Scalabrini Ortiz, su descriptivo observador, Enrique Santos Discépolo es sin duda, su poeta.

–¿Cómo aparece la mujer en las letras de tango?
–El porteño hace de la madre el paradigma femenino, ella se compara o se opone a su mujer. A su amante, a su hermana. El porteño, en su “machismo prodigador” de galanteos hacia la “mina”, considera a su esposa como algo distinto, sagrada en su fidelidad, como su propia madre, hermosa como ninguna otra. Ya lo dijo Celedonio Flores: “la moza más linda del barrio orillero/ con fama asentada de alegre coqueta”. Pero si la percanta lo amuró, si le fue infiel, entonces le canta: “Andá que te vaya bien”, aunque se desgarre interiormente. El machismo enternecido y bronco, al mismo tiempo, comenzó a tratar a Buenos Aires como a la mujer que se la ama hasta el delirio. Los primeros letristas muestran, dentro de la visión de la ciudad, dos categorías totalmente opuestas: el paraíso perdido en el suburbio y con él “la muchachita vestida de percal”, y el centro, sinónimo de perversión y falsedad donde la “mina”, por dinero se prostituye y vende su corazón. Esta anécdota, cursi y repetida, se reitera hasta 1935 aproximadamente, es decir, cuando el proceso industrial incorpora a la mujer en las tareas generales de la industria y el comercio. “Griseta”, “Muñeca brava”,”Aquel tapado de Armiño”, son algunos de los clásicos ejemplos en donde se describe el cambio sufrido por la antigua “milonguita”.

–Se observa en las letras de tango, la vuelta, casi siempre a las raíces, la madre que se dejó, el barrio, antiguos amores...
–Esa presencia casi constante de la madre, implica siempre la adhesión a un pasado en el que la madre representó la seguridad y el amparo. La madre perdonadora es una zona invulnerable, se erige en un baluarte arquetípico.

–¿ Resumiendo?
–La mujer, la mina en las canciones que van desde 1918 hasta 1930, aproximadamente, se halla tratada según la escala de valores exigida por el nivel social del varón que está o estuvo enamorado. Los “bacanes”, “giles”, o “mishés”, pertenecen a la clase media o a la alta burguesía.
En estos casos generalmente no aparecen como los abandonados. El tema sentimental, con los cambios sociales y económicos, se va transformando. El nuevo rico añora sus tiempos de muchacho pobre pero sentimentalmente feliz. Como en el tango de Battistella y Mores, Cuartito Azul:

Cuartito azul, dulce morado de mi vida,
fiel testigo de mi tierna juventud,
llegó la hora de mi triste despedida,
Ya lo ves, todo en el mundo es inquietud.
Ya no soy más aquel muchacho oscuro,
todo un señor desde esta tarde es,
sin embargo, cuartito, te lo juro,
Nunca estuve tan triste como hoy.

Para concluir, pocas veces durante las primeras décadas del siglo, los tangos y milongas pintaron a la mujer con virtudes ponderables o la enaltecieron en su belleza interior. Deberá llegar, años más tarde, el poeta de la ternura y la profundidad sentimental; Homero Manzi.
Los rencores consabidos y las sordas protestas del enamorado ciego por el despecho, han quedado atrás. Le canta así a la mujer que un día dijo adiós:

No habrá ninguna igual,
no habrá ninguna,
ninguna con tu piel y con tu voz...

–Las letras de tango emplean el rico lenguaje de la ciudad, pleno de imágenes, alegorías y símbolos...
–En unos casos la cadencia sentimental, la frase cortante y trágica, en otros, la humorada que el poeta volcó en versos de arte menor, generalmente se subraya mediante estribillos socarrones e interjecciones.
La comparación y la metáfora abundan porque la lengua del porteño está cargada
de imágenes, alegorías y símbolos. El uso mismo de las palabras del lunfardo, implica un manejo metafórico; otras veces, la intención va más allá y resulta totalmente literaria: “Con él pucho de la vida/ apretad entre los labios”...
Este otro caso Castillo evoca a Homero Manzi:
“Fueron años de cercos y glicinas/ de la vida en Offside/ y el tiempo loco”...
Vemos que todo lo contiene el tango, dinámica vivencia del pasado, vitalismo y melancolía.
El abandónico espíritu porteño alude siempre a los rincones profundos de su conciencia en la evocación personal y reiterativa de sus desventuras.

“Rechiflao en mi tristeza
hoy te evoco y veo que has sido
´´´´

Gambeteaba la pobreza
En la casa de pensión.

El desamparo entendido como situación traumática, generadora de angustia, constituye un lugar común en nuestro tango.

–Ello no puede ser casual.
–Claro que no lo es. Obedece a una peculiar esencia del porteño cuyas complejas raíces han sido investigadas por serios ensayistas. Las causas entre otras de ese sentimiento de orfandad afectiva, pueden buscarse en situaciones familiares desfavorables como el desarraigo y la frustración de los antepasados, inmigrantes de otras décadas y de otros siglos, que generaron hijos y nietos con una impronta que contribuyó a plasmar el perfil del porteño: Arrogante y desprotegido, con aparente coraje machista pero con miedos esenciales que lo arrojan al vacío.

No voy a andar dando pena
desesperado y vencido.
Después de haberte perdido
nunca sabrás sí tu olvido
dejó ternura o rencor...

Cierto sentimiento de minusvalía, con mezcla de rencor ante la vida misma, se afianza en la convicción de que todo fue destruido por los demás, por la suerte. La vida trazada por un signo fatal, demoníaco:

Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di...
si yo pudiera como ayer
querer sin presentir...

–Para terminar esta aproximación que has realizado, veamos ahora el tango en nuestros días.
–Aquello que ayer nos decía Discépolo, sigue vigente porque tal es su porteñidad, que toca en la universal vigencia del hombre. En la Argentina desgarrada de hoy, vejada cruelmente, han nacido tangos emergentes, claro, de esas circunstancias. Las letras de hoy, en general, notamos que algunas de ellas ahondan en la reflexión. Nuevamente el desarraigo, la decepción, la búsqueda de nuestra propia identidad, el mal metafísico del que hablaba Manuel Gálvez, sigue mordiendo el alma de la porteñidad.
En Balada para un loco, Horacio Ferrer supo captar con un lenguaje nuevo, evolucionado y poético a esa locura linda que asoma, de vez en cuando, en nosotros: “Esta canción, muy lejos de haber nacido de alguna idea prócer, vino de algo que puede ocurrirle a todos... vino de una tremenda tristeza”. Y por fin, en esta incompleta recorrida, me refiero a una mujer, para cerrar esta rápida y somera indagación de la porteñidad a través de nuestro tango. Compositora, autora de sus propias letras e intérprete de las mismas, Eladia Blásquez. Sus letras profundizan en la indagación psicológica del alma colectiva de Buenos Aires. En “Adiós Nonino” encontramos el tradicional tema del inmigrante que configura una larga lista en la historia del tango, no olvidemos cómo ella nos dijo:


Cuando aparecen los duendes misteriosos de la noche,
para tener ciertos dones,
hay que ser de Buenos Aires.
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