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NEntrevista a Músicos
Ana Leguísamo Rameau »n
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El tango reo es cosa de mujeres: Entrevista a Lucrecia Merico.
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“Escuchaba mucho a Charly García pero un día comencé a tomarle el gusto al tango, a partir del momento en que conocí a Elba Verón”.

Lucrecia Merico nació un 25 de Abril en el barrio de Nuñez. Es hija de madre brasilera. De ascendencia rusa y sangre italiana ella vive en la ciudad porteña. Luego, creció cantando con su madre canciones en ruso y escuchando a su tío, quien era bandoneonísta y tocaba tangos. En medio de este cosmopolitismo y con sangre argentina, nació quien hoy se presenta de esta manera:

–Yo soy Lucrecia Merico. Hace cinco años canto tangos. Antes hacía teatro y me dedicaba a ello. En realidad soy sobrina nieta de un compositor de tango que se llamaba Salvador Merico y mi tío basó muchas se sus obras en tangos reos. Unos de ellos fue “Guapos sin grupo”, “Seguí mi consejo”, “De todo te olvidas, cabeza de novia”. Es decir que el género me viene incorporado en la sangre. Tenía otro familiar, quien era clarinetista de Canaro. Por eso, desde que era chica, el aire de casa estaba viciado de esta música pero te cuento que a mi no me gustaba aunque, con el tiempo, se me anexó en el alma.

–¿Y qué género preferías a la hora de cantar?

–Me gustaba la música de Silvio Rodríguez o Pablo Milanés. También
escuchaba mucho a Charly García, me sigue encantando la música de Charly. Así es que un día comencé a tomarle el gusto al tango, a partir del momento en que conocí a Elba Verón, y ahí me sentí morir, entonces me pregunté ¿“Qué es ésto? ¿Qué tipo de tango es éste?” Pero, a pesar de todo, con el tiempo, quedó rezagado –Lucrecia hace una breve pausa y recuerda, luego retoma el hilo de la conversación–. Vos sabés que al primer lugar donde yo fui a cantar se me acercó un tipo (y yo estaba en la mesa muerta de miedo por el debut) entonces me miró de frente y me dijo: “Vos cantás tango” y más tarde me preguntó “¿Cómo te llamás?” y yo le contesté “Lucrecia Merico”, luego estiró la mano y me dijo “Yo soy Paquito Verón”. Soy el hijo de Elba Verón.

–¿Y entonces no lo pudiste creer?

- Exactamente y por eso tuve una especie de escalofrío. Luego lo miré a los ojos
y agregué: “Yo por tu mamá incursioné en el tango. Yo aprendí a amar el tango gracias a tu mamá porque a mi no me gustaba el género”. Eso para mí fue algo tan anecdótico ya que se aferró a mí como una marca. Además Paquito toca el piano como los dioses. Por ejemplo, me acompañó en un par de oportunidades y me fascinó porque lleva consigo la pasión. No es técnica lo que hace. Le pone lo que hay que poner...

–Lucrecia, considerando que té dedicás a cantar tangos reos, ¿qué opinás de Tita Merillo?

–Tita era una Diosa. Fue un verdadero exponente del arrabal. El verdadero arrabal que no conocemos ni vos ni yo. En cambio ella sí porque era una mina que lo vivió. A nadie le importaba si cantaba bien o mal. La mina subía al escenario y mataba. Yo la vi en las películas y la tipa se paraba, y era un monumento. Podía entonar o desafinar pero a nadie le importaba pues Tita era una grande de verdad. Ella era el tango mismo.

Lucrecia sonríe y muestra su disco. El mismo que contiene canciones como “¿Qué querés con ese loro?”, “Muñeca brava”, “Muchacho”, “Las cuarenta” y otros. El CD, con un asterisco, detalla que los temas han sido grabados en vivo, precisamente en el Café Tortoni, entonces indago un poco sobre esta breve explicación y ella prosigue.

–Me lo grabaron ahí mismo el 22 de Noviembre, el día de la música y de Santa Cecilia.

–Un verdadero honor...

–Sí, pues el Café Tortoni es realmente un lugar bellísimo.

–¿Y actualmente dónde estás cantando?

–El 22 de Mayo del año pasado comencé una gira que le di por nombre “Los cien barrios porteños” y como en los años cuarenta, hoy estoy haciendo esta profesión como se realizaba en aquella época.

–Contáme cómo es eso.

–Voy cantando por todo tipo de lugares: centros culturales, clubes, plazas, teatros, bares, pubs, etc. y de esa forma llevo el tango reo a la ciudad como en los años cuarenta. Vos fijate que antes no existía todo este movimiento mediático que hay ahora. Por eso es que hago todas estas giras donde la paso muy bien y me encanta porque realmente me siento muy a gusto.

–Y actualmente, ¿quiénes son tus músicos?

–El músico que me acompaña es Daniel Pérez que es precisamente el guitarrista de Jaime Torres. Compartimos guitarrista con Jaime Torres –sonríe– Hace cuatro años que estamos juntos en este camino y cuando tocamos como trío nos acompaña Fabián Leandro, quien es el Director musical del espectáculo de Rita Cortesse y Clarivel Medina titulado “Ojalá te enamores”, y también, a veces, participa Sergio Suárez, músico de folklore. Pero normalmente me acompaña Daniel Pérez o Fabián Leandro.

–¿Lucrecia, te gusta el rock?

–A mí el rock me gusta mucho. Me encanta Janis Joplin-

De pronto siento que Lucrecia ha tocado uno de mis puntos más débiles al mencionar a Janis Joplin, mujer por la cual siento una enorme admiración no sólo porque adoro el blues sino porque siempre he reconocido la melancolía y belleza de su quebrada voz entristecida.

–A mí lo que me pasa con esa mujer, cuando veo los videos, –prosigue Lucrecia– es que me fascina la manera que ella tenía al salir del escenario pues nada le importaba. Era ella misma. No le importaba si era linda o fea, si cantaba bien o lo hacía mal...

–Cantaba genial, Janis era una grande de verdad...

–Es cierto. Ese modo de no importarle nada a mí me atraviesa. Eso es el arte mismo porque es el alma puesta en escena.

Traigo a la memoria de Lucrecia una anécdota de Janis Joplin cuando ésta bajaba del avión o esperaba en el aeropuerto, mientras descorchaba una botella y la bebía junto a la multitud sin importarle nada. Mientras tanto Lucrecia y yo seguimos recordando y yo tarareo la canción “No llores, nena”.

–Sí, a mí me mató otra anécdota –y prosigue– Una vez, Janis debía dar un recital en un Estadio, contratada por una empresa sumamente importante, pero ella no estaba de acuerdo con el precio que se le cobraba a la gente, pues consideraba que era muy caro, entonces más tarde cantó fuera del lugar, totalmente gratis para todos a aquellos que no pudieron pagar la entrada. Por eso la amo, por su sencillez y por el sentido de libertad que llevaba consigo. Era un personaje genuinamente fantástico.

–Desgraciadamente murió muy jovencita. Hubiera tenido una próspera carrera...

–Pero fijate que le pasó también a Bob Marley. Fueron vidas cortas que se truncaron para siempre.

Mientras tanto intento cambiar el tema para retomar la especialidad de Lucrecia, que es el tango reo.

–Lucrecia, ¿qué reacción despierta en los extranjeros el tango reo?

–Mirá, el año pasado estuve en Chile y pensé que tal vez la gente no podría comprenderme porque el lunfardo sólo lo hablamos los porteños, y me sorprendí pues entendieron todo y tuvo mucha respuesta por parte del público. Tal vez la ignorante fui yo al no interpretar lo que ellos ya sabían.

Lucrecia sonríe mientras escuchamos el disco. El tema “¿Qué querés con ese loro?” es verdaderamente gracioso y ella me explica que es uno de sus favoritos por eso dejo que el silencio se apropie del diálogo para disfrutar de su canción.

–Para finalizar, quisiera agradecerte por haberme enseñado lo que este arte tan especial, que es el tango reo, puede transmitirnos con su música.

–Me sentí muy cómoda y me encantó haber podido expresar lo que intento reflejar.

Lucrecia Merico ama y canta el tango reo. Adora la música de Janis Joplin. Es una mujer auténtica de verdad.
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