Javier Peñoñori |
"Yo
fui alumno del maestro Atahualpa Yupanqui. Escuchaba
a este genio, cuando tenía cinco años.
Todavía no sabía leer ni escribir
entonces me concentraba en la radio y oía
sus canciones."
Javier Peñoñori es un virtuoso de
la guitarra. Sus cuerdas y melodías emanan
desde algún lugar melancólico con
sabor a tristeza e impotencia. La crisis afecta
a su música, quien sufre la situación
de un país hecho trizas. La Nación
envuelta en llamas por la desesperación
de un pueblo hambriento, la pobreza y la desocupación
es un atisbo en sus armonías de tono provinciano.
Javier nos recuerda que ha nacido en San Pedro,
provincia de Buenos Aires. Su mamá fue
maestra rural y allí alimentó su
sensibilidad y amor por la música. Nos
recuerda que su padre le regaló una guitarra
cuando pequeño entonces conoció
la verdadera felicidad de su vida. Luego, con
guitarra en mano y el amor incondicional de su
querida madre, comenzó a tocar en reuniones
de la escuela, donde ella daba clases. Las calles
de tierra, el esmero de su familia, las condiciones
inhóspitas, el trabajo inmenso y la vida
dura, crearon el escenario propicio para incentivar
la vida de este artista.
Javier Peñoñori nos cuenta:
–En el campo siempre es todo más
difícil. Yo recuerdo que llegaba el comisionista
y le encargaba cuerdas, entonces las esperaba
con ansiedad mientras él las traía
desde la ciudad.
–Javier, explícame acerca
del papel fundamental que ha desarrollado él
maestro Atahualpa Yupanqui en esta carrera que
hoy te tocar transitar.
–Sí, yo fui alumno del maestro Atahualpa
Yupanqui. Escuchaba a este genio, cuando tenía
cinco años. Todavíaa no sabía
leer ni escribir entonces me concentraba en la
radio y oía sus canciones. Los días
corrían mientras me deleitaba con Yupanqui,
Los Chalchaleros y todo el folclore afín.
Con el tiempo, me acerqué y conocí
a Atahualpa personalmente y, entre partituras
y mates, aprendí sus notas y su filosofía.
–¿Tenías guitarra
ya en esa época?
–No, la guitarra vino por medio de un chantaje
que me hizo mi padre.
–¿Tu padre era político?
–No!
–Ah, como mencionaste chantaje pensé
que era político o juez... (risas)
–No, el chantaje vino porque mi papá
me obligó a entrar en la escuela. Por supuesto
yo no quería ir pero ahí fue cuando
utilizó su habilidad y propuso regalarme
una guitarra a cambio que yo me incentivara para
estudiar.
El Disco de Javier Peñoñori, el
cual se titula Acuerdo con cuerdas, muestra una
foto suya en primer plano junto al instrumento.
Este contiene temas de Astor Piazzolla, Abel Fleury,
Atahualpa Yupanqui y su misma autoría.
Por su puesto, existen canciones propias que homenajean
a Don Ata pero abordo, en mi curiosidad, acerca
de una canción titulada Fantasía
en Si y el juego de palabras se hace inevitable.
–Javier, ¿esta canción
es una fantasía en si, o en sí es
una fantasía? –él sonríe.
–Es coincidencia porque en sí
es una fantasía que nació hace poco.
Se potenció y enriqueció en estos
últimos años que hemos vivido en
la Argentina. No existe ningún tema donde
nadie se salve o se abstraiga de esta realidad
para componer el reflejo de las vivencias. Esta
Fantasía en si, en sí es una utopía
de deseo por salir adelante.
No en vano, sabía que hablar con Javier
Peñoñori sería caer en la
constante de su afección por lo social,
lo cultural y artístico donde se entremezclan
situaciones de incomprensiones en el marco argentino.
–¿Por qué existe en
tus temas ese atisbo de aire flamenco?
–La música también marca una
fusión de diversidades culturales. La guitarra
en mi disco no es española, además
tiene su orígen en Oriente y Medio Oriente
pero considero, además, que este instrumento
se ha latino-americanizado. Ésto significa
que tiene un color y un sabor propio. Por ejemplo,
en el Río de la Plata le damos nuestros
estilos y allí encontramos tramos españoles,
y en otros de milongas y candombe.
Javier sigue expresando sus vivencias con una
naturalidad especial donde nos transmite paisajes
de todos los colores y donde las diferencias o
discriminaciones no existen.
–Atahualpa es uno de mis mayores referentes
–prosigue– era oriundo de Pergamino,
cercano a San Pedro. Respeto la profundidad de
su filosofía yupanquiana y su significado.
Su acordes, sus “decires” y su coplas
merecen un recuerdo especial, por eso yo lo resalto
así en mi disco con un tema titulado “Homenaje
a Yupanqui”.
Luego, entre conversaciones y discos, nos internamos
en las memorias de aquellos compositores inolvidables,
entonces hablamos sobre Abel Fleury y Javier nos
trae otro recuerdo al remembrar que en la capital
de la Ex Unión Soviética, lugar
que Javier conoció a través de sus
giras, se festejaba el cumpleaños de este
reconocido compositor todos los años. Por
supuesto, me sorprendo y mezclo sus anécdotas
con las mías al retrotraernos a las fiestas
incomparables que se desarrollan en la ciudad
de Dolores en homenaje a este gran compositor
argentino.
–Mencióname
alguno de tus referentes actuales. Te doy la libertad
de escoger entre el género que desees.
–Para
mi uno de mis principales referentes es Don Aníbal
Arias, quien se destaca en el género del
tango. Dentro del ámbito del tango en guitarra
lo considero digno de destacar. Hemos compartido
varios mates y esos encuentros significan una
partitura nueva en mis canciones.
–Vos compartís mates sólo
con los grandes. Cuando tomes mate de nuevo, llámame
y salgo corriendo –nos reímos.
Luego de una grata conversación
nos despedimos con Javier Peñoñori
y olvidamos que hemos estado más de una
hora recordando instantes que han sido inolvidables
en nuestras historias. Pasan los segundos, los
minutos, los momentos y así pasa la vida
pero lo importante, según Javier, es no
transitar los caminos “durando” sino
darle un contenido y esencia a este destino de
transa mediante la lucha, la transparencia y la
honestidad para ser transgresores y diferentes
sin caer en el oportunismo y la corrupción.
–Los
recuerdos y las vivencias –cierra Javier–
los hacemos entre todos porque la unidad tiene
perspectivas.
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