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NEntrevistas a Artistas Plásticos
por Cecilia Sosa Manzotti »n
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Magda Frank: Desde su alma al cincel.
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Escultura en Madera.


Escultura en piedra Syporex


Magda Frank, trabajando
La obra de Magda Frank fue calificada de "colosal" y "portentosa" por críticos prestigiosos. Estudió en escuelas de arte de Budapest con Béni Ferenzy y Miklos Borsos donde se inció en el secreto de la piedra, la madera y el metal. Completo su formación en París y Suiza. En París, estudió con Gimond en la Academia Julian.
Ella y su obra se embarcaron a Buenos Aires en l949. Adoptó nacionalidad argentina. Realizó exposiciones individuales y colectivas en nuestro país, Alemania, Francia, Suiza, Budapest, Brasil; en todos estos países sus obras fueron premiadas.
Su búsqueda por la expresión genuina no tiene descanso. Dejó lo figurativo e incursionó en lo abstracto. Finalmente la sedujo el arte precolombino, donde encontró, definitivamente, su sello.


Escuchamos atentos la voz tenue pero firme de esta mujer menuda, casi idéntica al autoretrato dibujado a lápiz a los 50 años, ahora tiene 87. La imaginamos trabajando en esculturas de seis metros, en piedra, sobre andamios, en las Canteras d'Euville, "uno de los sitios más fríos de Francia", según recuerda.
Apoyada en Rita, su secretaria, la artista nacida en Transilvania, Hungría, pone el entusiasmo que le queda, en acompañarnos. Recorremos la planta baja y subimos los dos pisos por escalera de su casa-museo en Saavedra. Nos muestra su obra, "sus hijas".

-¿Las obras que estamos mirando, tienen influencia del arte precolombino, Magda?

-Sí tengo una influencia muy importante. Si quiere conocer la historia le voy a contar (habla con un acento particular, mezcla de distintos idiomas): Estuvimos en Francia, un grupo de artistas sentados ante la mesa de un café hablando acerca de nuestro trabajo. Uno dice: tenemos que hacer un arte como el de nuestros antepasados. Y yo digo: no, tenemos que hacer un arte como el del país donde vivimos. Magda Frank, quien llegó a la Argentina en l949 adoptó nuestra nacionalidad en el 50'. Es difícil hablar de esta artista transumante manteniendo una línea cronológica. Vivió en Suiza, en París donde volvió cada que vez que la invitaron y para radicarse durante otros treinta y cinco años. Adquirio conocimientos en la Escuela del Louvre y en el Museo del Hombre donde estudió en detalle, "el arte precolombino se inspiró en la creación pura sin imitación alguna de la figura, es abstracto y surrealista", dice, apasionada por su obra.

-¿Qué materiales prefiere trabajar?

-Todo lo que tengo a mano, me gusta la madera, el bronce, la piedra, pero la que hay acá es demasiado dura.

-También trabajó en mármol…

-Sí- contesta, y nos lleva por la galería donde se exhiben las réplicas de las "esculturas monumentales" que pueblan museos, patios y plazas de Europa.

-¿En qué ciudades las dejó?

-Algunas están en París, otras en Inglaterra, Córcega.

-¿Y en Hungría, hay obras suyas?

-También hay mucho allá.

-¿Cuándo dejó su país?

-Cuándo los rumanos la ocuparon.

-¿Por qué elegió las artes plásticas?

-Porque he vivido en una casa donde mis padres eran grandes admiradores del arte. En nuestra casa siempre había obras de artes coladas de las paredes. Mi padre decía que el arte es la más alta expresión de la humanidad.

-¿Cuál es la diferencia entre el artesano y el artista?

-Enorme. El artesano es una persona que trabaja únicamente para vender, el artista hace obras que perduran.

Sobre el proceso que acompaña el nacimiento de cada escultura, Magda ha escrito en su diario: "He tallado nueve esculturas monumentales en esta piedra entre muchas otras, aquella que se pueda cortar en bloques de tres metros . La acompaño al taller, donde un gran disco de sierra, silbando, esculpiendo, penetra en la piedra para cortarla en la dimensión que yo he pedido. Después, le doy algunos golpes de maza. Su voz, el ruido que produce el golpe, comunica si tiene un defecto; lo que haría luego que se rompa la piedra durante el trabajo".
La escultora descubrió el alma del mármol gris de los Pirineos, el negro de Italia y reconoció a las maderas al tacto y por su aroma. Nos guía hacia una pieza de "palo santo" de formas redondeadas y dice: "El material indica lo qué hay que hacer. De esta madera, no se puede hacer algo chato".

Queremos conocer el mundo más íntimo de esta mujer, sobreviviente de dos guerras. El de los afectos. Le preguntamos qué lugar tuvo el amor en su vida, pero evade la respuesta. Curiosidad de mujeres. Más tarde urgaremos en su diario, cedido amablemente a los fines de encontrar los recuerdos diluídos por la edad y leeremos: "Cuántas veces te engañaste. Cuántas veces pensaste que amabas y cuántas veces prometieron amarte. ¿Qué quedó? Algunas cartas, dibujos y mucha desesperación. Te pido corazón que no me tortures más. Renuncio a la felicidad".

En el patio interior nos muestra tres esculturas de yeso de su época figurativa. Explica: "Las hice después de la guerra", El hombre grande, de metro y medio, en yeso. Apuntó en su diario : "refleja mi alma. Cada parte, como el conjunto, expresa una desesperación infinita. Nadie lo quiere, él acusa, sacude al espectador. Mirando al Cielo, pregunta: ¿por qué tenemos que sufrir tanto? Quién pregunta, todavía, espera…"

Los años y una vida sin concesiones ni anestesia borraron algunos fechas y nombres personajes importantes en su historia, pero conoce cada forma, textura, ritmo, luz y sombra de las criaturas salidas de su alma al cincel; como la ternura de sus "pequeñas muñecas" talladas y policromadas, hechas con maderitas rescatadas del piso. Las mismas que luego se transformaron en "Muñecas Gigantes" expuestas en jardines y escuelas de París.

Conversamos casi dos horas y ya cansada, esta mujer hacedora de colosos, nos despide en el taller donde en el presente pinta sus maderas. Sumiso, también la espera un "palo santo" a quien de a ratos, acaricia con el cincel intercambiando cuitas.

Se puede visitar la casa museo de Magda Frank en Vedia 3546, previa cita telefónica con su secretaria, Rita, al número 4545-6359.
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