
"Cabecita V"

"Autorretrato"

""Drama" |
Los
artistas tienen la facultad de concebir el sentido
que define el "antes y después de",
en el proceso íntimo de sus etapas creativas.
Oscar Capristo es consciente de la transformación
que da totalidad a su obra. Nos recibió en
su casa, horas previas al atentado a Nueva York
y el Pentágono que zanjó "otro"
antes y después, en el mundo.
Dice Cézzanne: "El tiempo y la reflexión
van modificando paulatinamente nuestra visión,
hasta que por último llegamos a comprender."
La historia del arte lo atestigua. Remontaremos,
pero cómo aceptar guerra. Millones de seres
la detestamos, alerta la esperanza de que se haga
luz. Pero ésta es otra historia, afortunadamete,
disfrutamos de la cortesía del pintor que
nos ocupa, el día antes.
Oscar Capristo, 80 años, plástico
argentino de rigurosa formación estética,
es generoso guía conduciéndonos en
su trayectoria. Vive en la calle Moreno al 800 del
barrio de Monserrat, Buenos Aires. Vecino dilecto
de la zona porteña, tuvo su primer taller
a pocas calles, sobre Hipólito Yrigoyen,
cuando se llamaba Victoria.
Pedimos su opinión acerca del fenómeno
Internet y confiesa que le resulta traumatizante,
como todos los cambios que ha emprendido a lo largo
de su vida.
Esto no le impide difundir obra en galerías
virtuales. Precisa sus etapas: desde "el período
Cezzanneano (1941-1944), Naturalismo (1945-1949),
Cubismo (1948-1950), Texturas y contraluces (1951-1953),
Abstracción (1957-1959), Geometría
(1959-1965) y Figuración (l966 hasta la fecha).
Enriquece su relato con cuadros de retratos familiares,
"influencia de los flamencos" y cuidadas
fotografías de su extensa obra - Lista para
ser editada, decimos.
-Sí, me gustaría- responde estusiasmado,
quien ha dirigido edición de coleccio-nes
de artes plásticas.
-Una beca le permitió estudiar con Emilio
Pettoruti. ¿Qué le enseñó?
-Todo. Gané la beca por intermedio de la
Fundación Santamarina, por concurso, a partir
de 1945. Se renovó durante cuatro años,
por decisión de un jurado muy prestigioso:
Horacio Butler, Emilio Centurión y Julio
Payró, quien fue mi tutor. Le comenté
a Payró mi intensión de cursar en
la Escuela Nacional de Bellas Artes, y me contestó:
"Estudia con el mejor maestro de América
y usted quiere ir a una escuela académica"
-Pettoruti venía tres o cuatro días
por semana a mi taller y trabajaba con mucha rigurosidad-
dice mientras nos ofrece la imagen de una construcción
del período geométrico, expuesta en
el edificio de la OEA, en Washington, junto a la
que se fotografían los argentinos que visitan
el lugar.
-¿Cómo era en el trato, Pettoruti?
-Tenía gran sentido del humor, era sobre
todo irónico.
-Dicen que el arte es curativo, a usted, lo hizo
prescindir del psicoanálisis?
-Al contrario -sonríe- y por eso lo valoro.
Aunque no era mi terapeuta, nos encontrábamos
con Enrique Pichón Rivière, semanalmente,
manteníamos intere
santes conversaciones. Prologó una exposición
que realicé en la galería Rubens.
Pichón Rivière, psicoanalista, fundador
de la escuela de Psicología Social, escribe
entre otros conceptos del prólogo: "La
obra de Capristo, como la de todo creador, ha seguido
un curso no rectilíneo, sino dialéctico.
Se embarca en el tobogán de la espiral, creando,
destruyendo el objeto estético, para construirlo
en un nivel diferente y con técnicas diferentes"
-¿Qué materia prefiere?
-Siempre óleo y grafito para dibujar. Pinto
sobre tela. He trabajado en témpera para
ilustraciones y también he hecho escenografías.
Primero hago un boceto y luego el cuadro. Si he
llegado a algo -dice con humildad- quisiera que
se me saque por colorista. Nunca repito un color,
descubro colores nuevos, creo que es la misión
del artista.
-¿De qué se acompaña para trabajar,
acaso de música?
-No, es más, cuando Nelly (su esposa y compañera
desde la escuela primaria) escucha música,
yo le pido por favor que no lo haga. Cuando trabajo
necesito meterme en el silencio. Me gusta la música,
yo he sido violinista y cuando quiero escucharla,
hago solamente éso, escucho música.
-¿Lee poesía?
-Claro, me gusta. He tratado a Borges, lo admiraba
mucho y a Bioy Casares. Justamente Bioy, en "De
Jardines Ajenos", creo, publicó poemas
que no son de su autoría, allí hay
uno de Borges donde me menciona. Dice: "Cuernos
de cabra en la frente, barba redonda a lo Cristo,
su paleta, me pregunto, acaso el pintor Capristo?".
Es oportuno recordar la inserción de Pettoruti
en el grupo Martín Fierro.
Oscar, nos muestra una serie paisajista, (realizada
en el taller de la casa de Ingeniero Maschwitz),
de construcción impecable -parece de realismo
mágico- Uno de los cuadros, es la visión
del edificio de la Biblioteca Nacional, desde la
perspectiva de su taller, en el primer piso. Estaba
destinado a la pinacoteca de autores argentinos,
que se inauguraría con el edificio, como
parte del primer proyecto de mediados de los años
80, pero éste pasó a otras manos y
se inauguró sin la pinacoteca.
También ha pintado una docena de murales.
Se puede visitar, por ejemplo, el de la Central
Atómica de Atucha, ubicado sobre la avenida
de los Constituyentes, construído en veintiocho
metros cuadrados de cerámica, documentando
en detalle, herramientas y los medios utilizados
para el traslado del reactor. En este punto, Capristo,
recuerda con afecto a valiosos ceramistas y mosaíquistas
de nivel internacional, por sus capacidades, que
nuestro país no supo retener.
A cerca del proceso que obliga los cambios profundos,
el maestro explica su determinación de volver
a lo figurativo, después de tránsitar
lo geométrico (ésta, en su opinión,
la teoría moderna más válida).
-Tuve una gran crisis existencial. Comencé
a cuestionarme ¿para qué estamos,
para hacer teoremas? Somos pintores, somos retratistas.
De allí salieron varias cosas: "Los
dramas": el personaje masculino muerto y las
mujeres lo rodean. Después "Los abrazos"
que reconstruye el mundo. "Las mujeres que
esperan", antifeminista porque aquí
las mujeres esperan, "Las playas" (de
gran sensualidad). Y "Las parejas", unas
están distantes, otras se conservan y otras
se aproximan. Confiesa: -Ahora quiero volver al
retrato, tendrían que encargármelos.
Fuimos privilegiados en recibir de Capristo su enriquecedora
experiencia. Su vasto curriculum testimonia la cosecha
de numerosos premios y distinciones en nuestro país
y el exterior. Así como la valorización
de críticos que no hacen concesiones. Museos
de excelencia de Buenos Aires, América, Europa
y colecciones privadas exhiben su búsqueda
y encuentro con las formas y el color.
Como expresó el profesor Adolfo Ruiz Díaz,
hace algunos años, en Mendoza, "La vocación
estética de Capristo es inseparable de una
curva fielmente biográfica."
Nos despedimos con la promesa de que en los próximos
días asistiríamos a una muestra y
charla a cerca de su relación vivencial con
Monserrat; cita a la que faltamos. Le pedimos disculpas.
Aquella zanja, recluyó a esta periodista,
en el umbral gélido del "antes y después".
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