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La
melena roja, el tono reflexivo y suave, distinguen
a la escritora que selló "formalmente"
su destino con Poemas Angelicales, su primer libro
publicado.
Luego vendrán La rosa inexistente (poemas, 1980),
y cuentos y novelas para adolescentes y jóvenes.
La bicicleta voladora (1982), Llorar de risa (1988),
El Pirata y la Luna (1991), El mar y la piedra (1993),
son algunos de los títulos que fueron marcando el
rumbo. Cocinando con Elisa, Premio Municipal de
Teatro (bienio 1992-1993/ 1994-1995), Premio María
Guerrero, Mención Especial 1988, estrenada en el
Teatro del Pueblo (6-1997), nos recuerda que en
España obtuvo el Premio María Teresa León, otorgado
por la Asociación de Directores de Escena del Ministerio
de Asuntos Sociales, selección realizada entre noventa
y cinco obras de autoras latinoamericanas.
En un bar, Lucía Laragione conversa con El Muro.
Nos dice: -Este es un momento de búsquedas y de
preguntas, un momento en el que estoy tratando de
definir sobre lo que me interesa hablar, y cómo
me interesa hacerlo, desde el teatro y desde la
literatura juvenil. Criaturas al aire -hermoso título-
lo último que escribí, es una obra con tres personajes
masculinos y uno femenino, el tema se vincula al
nazismo.
-¿Podrías sintetizar cómo encaraste la
obra?
-Esta armada en escenas, el tema tiene que
ver con los nazis refugiados en la Argentina, concretamente
con Menguele, que anduvo dando vueltas por aquí
con el nombre de Helmut Gregor, el dato lo tomé
del libro Perón y los nazis, de Uki Goñi; él cuenta
que Perón lo recibió a Menguele en Olivos; en un
momento él parte al Paraguay, a mejorar una raza
de ganado vacuno. La obra tiene que ver con la raza
caballar, el personaje es el dueño de un aras, la
acción se desarrolla en una provincia, alrededor
de los años 50.
-¿Existen posibilidades de ser estrenada?
-Todavía no... a Daniel Marcove le interesó el material,
lo he mandado a un par de concursos, a fallar en
estos días, también le ha gustado a otra gente,
hice una supervisión con Mauricio Kartun, vamos
a ver que pasa.
El diálogo nos remite a la literatura en general,
y a la específicamente infantil y juvenil, géneros
que desde siempre la entusiasman.
-Suele haber una descalificación sobre un género
dedicado a un público infantil; existe una literatura
infantil y juvenil y goza de muy buena salud, actualmente
se escribe y se publica mucho para los niños y los
jóvenes, en cuanto a mí, funciono bien con los pre-adolescentes,
tengo una tendencia natural con los chicos de unos
doce años.
-¿Como autora, qué temas y personajes te atraen?
-Me agrada trabajar con los mitos, con la historia,
me gusta trabajar la intriga, el misterio, lo que
he producido hasta ahora tiene que ver con la aventura,
con el terror. Tratado universal de monstruos, dirigido
a los preadolescentes, toma diez personajes del
Monstruario Universal, algunos son figuras conocidas
y otros no, son monstruos muy especiales. Empusa,
de origen griego, es un fantasma que toma la apariencia
de una mujer hermosa, que enamora a los jóvenes
para devorarlos, tiene una característica muy particular,
un pie es de bronce y otro de "caca" de
burra. Nesu es un monstruo africano, para defenderse
de él hay que cantar y bailar, a él le gusta hacerlo,
con el frenesí del canto y la danza se separa la
cabeza del cuerpo, ese es el momento que hay que
aprovechar para huir de su voracidad. Los personajes
son muy lindos, trabajé con una diccionario precioso,
de un arquitecto italiano, Mássimo Izzi, autor de
un Diccionario Universal de monstruos, la edición
española es de Olañieta, editor radicado en Palma
de Mayorca.
-El éxito logrado en Cocinando con Elisa, interpretado
por Norma Ponds y Ana Yovino, dirigido por Villanueva
Cosse, nos obliga a preguntar sobre el futuro de
aquella pieza tan recordada.
-Elisa Marcó es una actriz marplatense interesada
en representar la obra, también hubo otros connatos,
el pedido de un grupo español, para interpretarla
en Galicia; por ahora no hay nada en concreto.
-¿En tus proyectos figura la dirección teatral?
-No... no... no... no porque no me
gustaría, pero creo que ya es bastante con la escritura,
me gusta hacer lo que hago, si bien me parece interesante
la gente que cubre distintos aspectos. En general,
la tendencia de los autores jóvenes es trabajar
tanto en la dirección como en la autoría, muchos
lo hacen, también, en la actuación. Me parece fantástico,
pero yo no me veo haciendo eso, a esta altura, a
mí me interesa escribir cada vez mejor.
-¿Con quiénes intercambiás criterios sobre tus propios
textos?
-Formo parte de un grupo de dramaturgos integrado
por Susana Torres Molina, Susana Gutiérrez Cosse,
Susana Pujol, Víctor Winer; es un grupo estable,
ocasionalmente otra gente trae su material. Es un
espacio de chequeo, un espacio que nos permite una
devolución del trabajo, la tarea del escritor es
solitaria, lo mismo que la del dramaturgo de gabinete,
como somos nosotros; Susana Torres Molina es la
única que dirige. En 1999 editamos un libro de Monólogos,
nuestro grupo, vinculado con un grupo de dramaturgos
españoles, produjo el libro que incluyó, además,
los grabados de artistas plásticos de Argentina
y España, fue un trabajo súper interesante, el prólogo
lo escribió Kartun, se editó gracias a Argentores,
bajo el sello Corregidor. El silencio de las tortugas
(de su autoría), y otros monólogos, se interpretaron
en el Auditorium de Mar del Plata y en el Club del
Vino.
-¿Cuentan hoy con algún proyecto compartido con
posibilidades de estreno?
-En El Anfitrión, teatro que dirige Berta Goldemberg,
vamos a estrenar La mayor, la menor y el del medio;
son cinco monólogos escritos para los alumnos de
Daniel Marcove, él nos convocó, cada uno de nosotros
además tiene su propio proyecto.
-Reiteraste, en varios momentos, que escribir es
para vos muy importante. ¿Cómo "fuiste formada"?
-He contado muchas veces el lugar que la palabra
y los libros tenían en mi casa, sin la menor duda,
en esto mucho tiene que ver mi "viejo"
(el escritor Raúl Larra), cuando era chica él me
leía poesía, a Guillén, a Neruda, a Bárbara Jacob,
yo no entendía de qué se trataba, pero me gustaba
la musicalidad, una música que me llenaba de entusiasmo,
de alegría.
-¿Ubicamos aquí a la identidad...?
-Quiero contarte lo que me ocurrió en Amsterdam,
fue muy impactante para mí visitar la casa de Ana
Frank, ella vivió allí, escondida durante dos años.
Me llamó la atención el tema de las bicicletas,
allí todo el mundo, todo el tiempo anda en bicicleta.
Siempre me daba vueltas la idea de que Ana debió
haber tenido una, y que en su momento no pudo usarla,
porque los judíos no podían hacerlo, eso esta en
su Diario. Escribí un cuento en el que una chica
de doce o trece años que esta en Amsterdam, pasea
en bicicleta, la muchachita sueña que dando vueltas,
descubre la estatua de Ana Frank, y que ella le
reclama la bicicleta, diciéndole que es suya. Efectivamente,
a un costado del manubrio, decía Ana Frank, 1940.
Devuelta la bicicleta, Ana la invita a recorrer
la ciudad, le muestra el colegio; de pronto, en
la ciudad vacía aparece un ejército de botas, botas
solas, que las detienen, los judíos no podían usar
bicicleta.
"¿Dónde esta la estrella amarilla que tienen
que usar en un lugar visible?"
"¡No soy judía! ¡No soy judía!",
les grita la muchachita a las botas.
-¿Y entonces..?
-En ese momento la despiertan sus padres y
ella pregunta por la identidad.
-Lucía, ¿qué es ser judío?
-Esos padres no son religiosos, pero tienen
una tradición; para la mamá, ser judío tiene que
ver con la memoria, con los olores que recuerda
en la cocina de la abuela, con los "blintzes"
que hacía la tía tal... Con la música que escuchaba
su abuelo, con lo que le contaban de su bisabuelo,
un estudioso que profundizaba en el Talmud, que
escribía en hebreo, a mí me parece que la mamá debo
ser yo. Los padres le dicen, vas a tener que ir
descubriendo que es ser judío para vos. El cuento
La bicicleta de Ana, lo va a publicar SANTILLANA.
-La historia es atrapante, todo surgió a partir
de tu amor por la palabra.
-Efectivamente, te lo conté porque tenía ganas,
y por tu pregunta, la identidad tiene que ver con
la memoria, con las cosas que uno recuerda y recupera
de sus ancestros, es una respuesta personal, la
mamá le dice, soy judía porque me reconozco judía,
y suspira; el papá le dice a la hija, lo que acaba
de hacer tu mamá, suspirar, es muy judío. Yo pienso
que el amor por la palabra, para mí, viene de lejos,
por eso me refería a ese bisabuelo que aparece en
el cuento, y que era muy sabio. |
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