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NEntrevistas de teatro
por Teresa Naios Najchaus »n
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Ricky Pashkus, diálogo con ritmo musical
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En este reverdecer porteño de la Comedia Musical, el nombre de Ricky Pashkus se torna insoslayable.
Docente dedicado a la formación de bailarines, coreógrafo distinguido con varios ACE, Director Artístico del Estudio Julio Bocca, el año 2000 lo encuentra a Ricky Pashkus en plenitud creativa, compartiendo con Enrique Pinti y el grupo de bailarines el exitoso PERICON.COM.AR. que él dirige, espectáculo que se representa en el Teatro Maipo.
Sereno, abierto al diálogo, Ricky Pashkus le dio forma al pensamiento, con su reconocida franqueza.

-Comencemos, Ricky, por el controvertido tema de la comedia musical en épocas dictatoriales. Dadas sus características, ¿se mantuvo al margen de la realidad socio-política del país?
-Tengo cuarenta y cinco años y eso significa haber vivido durante la represión; sufrí la pérdida lamentable de amigos que se han ido del país, otros han muerto o han enloquecido, algunos fueron liberados. A mis amigos les pasaron cosas, y si bien yo no era una persona comprometida políticamente, lo fui en el afecto, yo era consciente de la situación que vivía el país.
Respecto a tu pregunta, y aceptando que toda circunstancia se modifica por otra -el proceso de la homeostasis es inherente y aplicable a cada momento de la vida- cabe pensar que la comedia musical, considerada "light" o "superficial", no puede mantenerse al margen de las circunstancias socio-políticas o económicas. La película Cabaret, que casi todos hemos visto, nos da una pauta de la relación directa entre la situación social y lo que se monta en un escenario, allí vimos la tragedia de ser partícipe, artísticamente, de la deformación que se produce en la Alemania de la pre-guerra.

-En la Argentina, ¿qué variables hubo en el género musical de los años setenta?

-Voy a referirme a la represión durante la dictadura, porque no se puede articular en mismo pensamiento en relación a la censura y represión que ejercen algunos gobiernos democráticos, o la de ciertos padres con respecto al deseo del hijo. La comedia musical, en cualquier parte del mundo, ha tenido todas las variantes posibles, es un género perfecto en una época represiva, porque contiene todos los ingredientes para manifestarse; según lo que uno quiere hacer, puede ser un espectáculo absolutamente comprometido con la estética, y nada comprometido con el mensaje, si por tal se entiende el contenido. La comedia musical, hecha con rigor, no es "tonta", pero acepto que para cierta gente el argumento define lo esencial. Para mí, la estética también determina un mensaje, el baile, la música, la luz, son conceptos que hacen a la profundidad, entonces no me importa si el guión refleja algo liviano.

-Pepito Cibrián es un referente de esos años...

-Aquí no podemos hacerlo, creado por Pepito Cibrián en pleno Mundial de fútbol, expresa, sin una clara conciencia política, la rebeldía de un grupo de jóvenes que en el '78 intenta estrenar una obra, a pesar de las adversidades. El título es un hallazgo, más allá de la pieza, muy graciosa y divertida. La comedia musical puede venirle como anillo al dedo a la dictadura.

-¿Podríamos decir que la transgresión dista de ser sólo política?
-Tenemos que saber, conscientemente, que en la época de la dictadura, en épocas no democráticas, han emergido Gasalla, Perciavale, Edda Díaz, gente que si bien no hablaba de política, era desarticulante para el sistema. Como vos decís, la irreverencia no se soporta, la opción era actuar en lugares chicos, la crítica irónica, sarcástica, al sistema de vida de los argentinos, tenía un valor catártico. Cuando la comedia musical, francamente se oponía, como en Las mil y una Nachas, una Nacha (Guevara) distinta, para los jóvenes, dicho sin ánimo de juzgar, fue obligada a exiliarse, a escapar con Alberto Favero por las terrazas de Buenos Aires. Yo bailé en el Estrellas, estuve allí cuando explotó una bomba, era enero de 1976, el teatro quedó totalmente destruido.

El espectáculo era un music-hall, pero en ese caso una artista entre otras cosas, cantaba a Benedetti. Cipe Lincovsky, en Cabaret Concert asumía su posición con textos de Brecht. Pinti ha trabajado en todas las dictaduras, nadie puede negar que dijo lo que quiso, tenía conceptos claros, pero el público era una minoría. Salsa Criolla, su gran éxito, comienza en la democracia.

-¿Podrías señalar las diferencias estéticas de los distintos géneros emparentados con la música y la danza?
-La comedia musical, nacida básicamente en los Estado Unidos, proviene de la música negra, se la ha llevado a todas partes del mundo, y en algunos lugares ha logrado construcciones que la identifican con el propio país. Se la define como una obra que contiene música, canto, texto, posiblemente danza, estos son los ingredientes que hacen a un teatro musical. La ópera de dos centavos; de Bertolt Brecht, un vodevil francés, una zarzuela, un sainete argentino, están incluidos en ese género.
En cuanto al music-hall, carente de una línea argumental, permisivo al capricho de la segmentación, propone una distracción, un entretenimiento más lujoso que el varieté, al que podríamos catalogar sin lujo y sin pompa. La revista le agrega al lujo del music-hall -su raíz es menos pretenciosa en la estética visual- el capocómico y su inclusión política, los desnudos y sketches, hay una clara propuesta de erotizar al público.

-¿Te interesa dirigir otro tipo de teatro, digamos, en el que la "vedette" sea la palabra?

-En este momento estoy colaborando con Roberto Villanueva en la puesta de El secreto de la luna, obra de Julio C. Beltzer, que dirige Villanueva, a estrenarse en septiembre, en el Cervantes (el encuentro fue en agosto). La relación con Villanueva es excelente, me siento honrado, estoy aprendiendo muchísimo. Dirigí ópera en el Colón, a Julio Bocca, dirigí espectáculos con títeres, con animales, con payasos, colaboré con Cipe Lincovsky, con Cecilia Rosseto, con Edda Díaz, Elvira Romei. No es casual que este más asociado a las variables del show, por motivos que no sé descifrar, es el más auténtico, el más fluido de mi quehacer.

-¿Cómo te sentís dirigiendo a Pinti?

-En un sentido, dirigirlo a Pinti en los monólogos me resulta cercano al unipersonal; es honesto decir que yo dirijo a Pinti desde un lugar distinto, él no necesita mi dirección en muchos sentidos, pero puede venirle bien alguna acotación de tiempo, de espacio, mi mirada es la de un observador crítico que cuenta con un camino que ya eligió el artista.

-¿Entre tanto trajín, hacia dónde se encaminan hoy tus pasos?

-Estoy en la dirección del Estudio Julio Bocca y en mi propio Estudio, y estamos asociándonos con Caludio Marangoni en un predio que él tiene en San Isidro; estoy generando becas para alumnos que viajan al exterior, y eso me hace muy feliz; preparo muchas Convenciones, son eventos privados, y un video-clip con Los Chalchaleros, en el que baila Julio Bocca.

-¿Queda algún espacio para un proyecto de otra naturaleza?

-Ocurren cosas que me dan pudor contarlas, me ha convocado un líder hindú para armar un evento en la India, quiere presentarle a mil invitados de UNICEF el programa educativo de una región del Sur de su país. No soy devoto de nada por el estilo, pero a lo mejor, quien te dice... cuando vuelva...

-¿Por qué crees que te invitaron?

-No lo sé, le he preguntado a la persona que me convocó y respondió en términos religiosos, "será porque tenés que ir allá". Yo creo que todo lo que me descoloca abre puertas, y este ofrecimiento fue imprevisible, creo que va a enriquecerme, la invitación es por tres semanas, viajo en septiembre.

-¿Quién te enseñó, dónde aprendiste, "esta" calidad humana?

-Agradezco tus palabras, entiendo que es un acto valorativo; aprendí de mi padre, de mi madre, de mi hermano, de Julio Chaves, de Dominique De Fassio, un maestro norteamericano, de Ana Itelman, de Pepito Cibrián, de Roxana Berco, de mis amigos, de mis analistas...

-¿Qué les transmitís a tus alumnos?

-Les digo que no tengan miedo de contactarse con una discusión que en general tenemos los artistas, respecto a la ficción y a la verdad, hay momentos en los que uno entra en conflicto respecto a lo verdadero y lo falso, mi analista decía, estás llorando, punto. Con el tiempo entendí que esa respuesta era aliviadora, también, que mirarse el ombligo fue bueno si estuvo al servicio de algo más importante, el artista tiene que estar abierto a convivir con estas pulsiones y aceptarlas. Aprendí de mis maestros que si una verdad se exacerba y se toma como única opción, cuando no hay más elección que la verdad, no hay pecado, ni maldad, ni malos deseos.

-Ricky, ¿Tus alumnos entienden?

-A veces no, pero les llega el modelo, en términos prácticos sería, el viejito está más loco que yo, y si él, a los cuarenta y cinco años, está arriesgando a la "locura", por qué yo a los quince, no voy a hacerlo.

-Ricky, ¿pensaste en formar un grupo que de los "40 a los 90" baile?
-Lo pensé, pero todavía estoy anclado en que el trabajo coreográfico se vincule con la destreza, la expresión, y el nivel técnico más avanzado, debo admitir que hoy no podría hacerlo, pero en el futuro seguro que sí.

Fue, la entrevista con Ricky Pashkus, una Rapsodia libertaria sobre temas nacionales.
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