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Actor,
director, dramaturgo, docente, labor que desarrolla
desde 1972, Néstor Sabatini (1944), creó un grupo
de colegas, El Club de Autores, por el Teatro Nacional,
actividad que comenzó en 1996; hoy cuenta con "la
desinteresada colaboración de actores y directores".
El V Ciclo de Teatro Semimontado 2000, del 25 de
septiembre al 20 de noviembre, pondrá en escena,
en el Teatro Picadilly, a nueve autores, en nueve
lunes, propuesta que en el año 2001 se abrirá a
un ciclo de diez obras montadas, de autores argentinos.
Egresado
de la Escuela Nacional de Arte Dramático en 1977,
Néstor Sabatini participó, también, en cursos y
talleres con Juan Carlos Gené, Agustín Alezzo y
Roberto Cossa; y asistió a charlas y conferencias
con
Peter Brook, Grotowski, Tadeus
Kantor, Marcel Marceau, Atahualpa del Cioppo, Vitorio
Gassman, Augusto Boal; a seminarios con Lee Strasberg
y Francisco Javier, entre otras destacadas personalidades
del teatro universal.
Viejas fotos; El hijo; La deuda; De esto, ni una
palabra a nadie; El fangote; Estimado Sr. Presidente;
Juan Miga de Pan; Informe de Paula Gómez (Monodrama);
son algunos de sus textos publicados y estrenados.
El diálogo, superada la frustración del mate por
un inocuo café, puso en evidencia la pasión de Néstor
Sabatini por el teatro. "Me dio vuelta como
un guante", nos dice, recordando su inicio.
-Estudié en Bahía Blanca, en una escuela municipal
que dirigía Nina Cortese, actríz, luego docente
y crítica teatral, una de las alumnas predilectas
de Galina Tolmacheva. Fascinado con el descubrimiento
del teatro, luego apunté mi interés a la Escuela
Nacional, "solito" fui a Buenos Aires,
tenía diecisiete años, y como llegué tarde a los
exámenes tuvieron que hacer una mesa especial, fuera
de término, con María Rosa Gallo, Osvaldo Bonet
y Camilo Da Passano.
-Del teatro ¿qué te interesaba en ese momento?
-Yo era amante del cine, era de los que entraban
al mediodía y salían a las doce de la noche, descubrí
el teatro por un amigo, no sabía que "eso"
se podía estudiar. Quería desarrollarme como actor,
tuve la suerte de haber crecido con colegas muy
importantes, Julio Ordano... Beatriz Matar... Roberto
Castro, Hugo Urquijo, Gené, Alezzo... Trabajé en
la televisión varios años, en unitarios y teleteatros;
en cine, en teatro, entre 1968-75. Las brujas de
Salem, con Alfredo Alcón, fue mi último trabajo
en teatro, después me dediqué a la dirección, y
un día descubrí que podía escribir.
-¿De tu primer estreno qué recordás?
-Mi gran oportunidad me la dio Teatro Abierto, nació
en 1981 y en el 82, en un concurso en el que se
presentaron 400 obras, eligieron Viejas fotos, la
dirección fue de Roberto Castro, actuaron Danilo
Devizia, un actor formidable, y Luz Kerz, me dio
muchas satisfacciones, eso me animó a seguir escribiendo.
-Aclarado que tus textos (aún) no fueron traducidos,
y que en el país tus obras son estrenadas, preguntamos
por tu labor docente.
-Hace más de treinta años que doy clases, lo hago
en la Escuela Nacional de Arte Dramático, en el
Centro Cultural San Martín y en Centros Culturales
barriales de la Municipalidad. Trabajo con distintos
tipos de talleres, en la Escuela Nacional son todos
pibes, en los talleres barriales hay jóvenes y personas
de cincuenta, sesenta, ochenta años, los estimulo
a la práctica teatral para su desarrollo.
-¿El Club de Autores cómo nació?
-Un día me dije... ¿Por qué no juntarnos un grupo
y formar una fuerza artística para poder estrenar
y publicar? Fui uno de los que tiró la semilla para
idear lo que llamamos, fuimos, somos, El Club de
Autores, hicimos los ciclos 1996-97 en Andamio 90,
una cola de gente daba vuelta la calle, de allí
pasamos al Tabarís -Rotemberg nos cedió la sala-
y desde hace dos años estamos en el Picadilly.
-¿Los autores de las provincias participan de esta
experiencia?
-En el 2000 tuvimos la audacia de organizar un ciclo
de Teatro Nacional Semimontado, invitando a elencos
del interior. Leímos 68 obras, elegimos 12, dos
de la Capital, uno del Gran Buenos Aires, y nueve,
desde Usuahia a Santiago del Estero. El Club empezó
con diez autores y se fueron sumando actores y directores;
el acto dramatúrgico no es solo del escritor, el
director reescribe la obra con su puesta, el actor
aporta desde su trabajo. En los dos últimos años
se acercaron directores como Rubén Pires y Julio
Ordano, autores como Cristina Escofet y Jorge Núñez,
que va y viene de México a Buenos Aires. Invitamos
a Jorge Acme, antes de estrenar Venecia, a Patricia
Zangaro... Argentores nos ha ayudado todos estos
años, Credicoop nos ha pagado los programas, la
entrada en general, es de cuatro pesos.
-¿Se conectaron con el Grupo SOMI?
-Si... si... además ellos vienen a ver nuestro Ciclo,
estuvieron Roberto Cossa y Martha Degracia, somos
muy amigos muchos de nosotros, pero ellos tienen
un proyecto aparte, una concepción distinta, tal
vez son un poco más cerrados que nosotros.
-En relación al teatro, ¿qué valorás de
tus comienzos?
-Pertenezco a una generación que vivió el fenómeno
teatral integrado a los grupos estables, y eso tiene
que ver con la creación del Club... es una cosa
que yo añoro, el teatro griego tenía compañías estables,
no se formaban solamente para los famosos festivales.
Shakespeare, Móliere, tenían una compañía, lo mismo
Brecht, en el siglo XX, y en el teatro latinoamericano
estaba El Galpón, con Atahualpa del Cioppo; el Teatro
Arena, de San Pablo, con Augusto Boal; el Ictus,
en Chile... la historia del teatro nace en los grupos,
no con los espectáculos, algunos éxitos. Nos acordamos
de La Máscara, de Nuevo Teatro, del Fray Mocho...
Salvo el teatro oficial o privado, en el espectáculo
concertado cuando termina la temporada, los actores
se van.
-¿En tu caso, te ayudaría a vos, tener tu propia
sala?
-Claro, en el teatro independiente los grupos estables
se desarrollaron porque tenían salas propias. La
economía ha cambiado, antes nos juntábamos diez
personas y con una parte de lo que ganaba cada uno
en la oficina se podía alquilar un lugar o construir
a pulmón, una sala. Hoy eso es imposible, el gobierno
nunca subsidió al teatro independiente, las salas
que hoy se generan son pequeñas, algunos actores
o actrices lo hicieron con el dinero de su propio
bolsillo, ganado en la televisión. Paradójicamente,
Buenos Aires es una de las capitales del mundo en
la que más teatro se hace, claro, la mayoría de
los actores trabaja gratis, eso no lo entiende ningún
extranjero que visita el país.
-¿Qué lugar le asignás a la producción teatral?
-Yo dí varios seminarios sobre la producción teatral,
una rama en la que me especialicé cuando me empezó
a preocupar el tema; producir no es sinónimo de
dinero, es un oficio, los teatristas no saben hacerlo,
los fracasos artísticos se deben muchas veces a
una producción fallida, y no a la calidad del espectáculo.
En el Club de Autores, para poder generar, tuvimos
que producir.
-¿Es importante para un director haber realizado
una experiencia actoral?
-Nunca hay reglas fijas, pero al pasar por la actuación
uno se conecta con la dramaturgia, con la escenografía,
el director tiene que conocer todos los planos del
teatro.
-¿Aplicás en tus clases, en tus puestas, el método
con el cual te formaste?
-¿Qué quiere decir método..? Más que un método,
Stanislavsky fue encontrando caminos, era un genio,
no se quedaba con las cosas viejas de su propia
teoría, fue profundizando, incluso dejó dicho que
nadie repitiera ni tomara el teatro como una receta...
¿Cómo enseñó..? Si yo tuviera que decir algún precepto,
alguna pauta, diría que el actor debe ser real en
el escenario, real en una circunstancia imaginaria,
real en una realidad de ficción, ese es el milagro
del arte.
-En la práctica ¿cómo se logra?
-El actor, en el escenario, debe mirar y debe ver,
debe escuchar y debe oír; trabajo con los sentidos
del actor, con la pauta de que el actor debe ser
real. El teatro se asoció, culturalmente, al fingimiento
y a la mentira. El teatro es el arte que más exige
ser verdadero, la mentira es el enemigo de la ficción,
cuando Kafka dice en La Metamorfosis "se despertó
Gregorio Samsa y sintió que tenía patitas",
uno lo cree, ese es su arte.
-¿Qué podría hacer el actor para mejorar su ingreso
en épocas como la actual?
-La miseria de nuestro oficio obliga a entender
que el actor debe ir a pedir trabajo, en una sociedad
que por su concepción del capitalismo genera trabajo
para pocos. Depositar la realización personal esperando
que alguien le de la oportunidad, es un acto suicida
para el ser humano. El artista tiene que depender
de un llamado, tiene que producir y generar su obra,
el pintor no espera que le encarguen un cuadro para
seguir pintando.
-¿Si tuvieses que evaluar a la crítica, cuantas
"estrellitas" le pondrías?
-En casi todos los países, la crítica es quizá el
problemas más grande que tiene la producción teatral
en todos sus planes. La crítica en nuestro país,
está determinada por tres o cuatro personas que
manejan una inmensa cantidad de espectáculos, son
empleados de un diario con cierta libertad de decisión,
y con un jefe de página que decide. Por razones
económicas, el teatro redujo la cantidad de representaciones
semanales, y esto le resta a los críticos posibilidades
de ir. En general, no hay una crítica constructiva,
es complaciente o destructiva, orientada más a contar
el argumento de una obra, que el hecho espectacular,
si les queda un espacio hablan del director, del
actor, de la escenografía. La crítica es también
un ejercicio de la gente de teatro que ha estado
en otras actividades, que ha querido ser actor o
director; otros en cambio, provienen de la investigación,
como Pellettieri y Dubatti.
-Cada año, premios y menciones ponen en el calendario
un tema cuestionado. ¿Vos qué pensás?
-Un premio siempre es un estímulo, depende con qué
concepción se hace; si de las obras estrenadas una
temporada a mí me dan un premio, me están diciendo
que me eligieron. Lamentablemente hay certámenes
en los que se "sabe" quienes van a ganar.
Más allá de los premios, yo no creo en la ideología
de cómo están manejados; el Premio ACE, si lo analizás,
recae en las producciones comerciales, en eso sí
estoy en contra. El gobierno, el estado, las empresas
privadas, deberían estimular el teatro con certámenes,
competir no es una mala palabra, está en la naturaleza
del hombre.
No le preguntamos a Néstor Sabatini sobre sus planes,
porque su actividad lo instala en el calendario
teatral, maestro de actores, militante del arte,
dramaturgo. |
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