País-Cultura
es el programa que dirige Jorge Dubatti en Radio Nacional,
los domingos a las 22 horas, y desde hace un año él
y un prestigioso equipo de colaboradores convoca a los
oyentes al saludable ejercicio de opinar libremente
sobre los distintos temas que se abordan.
Investigador y crítico teatral, autor de más de cien
notas y reseñas sobre libros publicados en el país y
el extranjero, fundador y creador del Centro de Investigación
en Literatura Comparada, del Centro Cultural Ricardo
Rojas, de la Universidad de Buenos Aires, sumados a
los cursos y seminarios, nos recuerda que Jorge Dubatti
comenzó su actividad como crítico teatral en 1989, año
que lo distingue con el Premio de la Academia de Letras
al Mejor Egresado.
Pasión y conocimiento realzan la labor de Jorge Dubatti,
su criterio pluralista lo define abierto "al mundo que
lo rodea".
País-Cultura se proyecta con esos parámetros (¹)
-Dubatti,
¿cómo nació la idea del programa?
-Fue a partir de una convocatoria de la Secretaría de
la Nación, me proponen, frente a la renovación de Radio
Nacional, un espacio "para lo cultural", digamos; yo
lo convoco a Tato Pavlovsky como columnista, y a Alejandro
Urdapilleta como lector de poemas y textos elegidos
por él. Formo un equipo de especialistas, la mayoría
provenientes de la Universidad de Buenos Aires o del
campo literario, País-Cultura nació en mayo del 2000.
-¿El público, qué debería
encontrar en ese espacio?
-La idea fundamental es generar un espacio para la construcción
de una cultura en democracia, donde estén representadas
todas las provincias a través de sus escritores,
pintores, filósofos, músicos, poetas.
Por otro lado, se le garantiza al público seriedad
crítica, las personas que invitamos están
vinculadas con la actividad cultural, con los temas
que involucran al país. El no libro es una sección
gustada por la gente, se analizan buenos libros y de
alguna manera se deschavan, se escrachan, como se dice
ahora, algunos que aparecen "excesivamente"
comerciales. Sabemos que todo libro tiene algo bueno,
pero tratamos de crear una opinión, hay autores
que buscan en lo trivial el acceso a la venta de recetas
falsas. Shakespeare para empresarios, o ¿Quién
se ha quedado con mi queso?, son algunos ejemplos.
-¿Pudiste
detectar quienes son los "seguidores" del
programa?
-Son personas de distintas edades, escritores y gente
que se relaciona con el arte, hay tanta cantidad de
mujeres como de hombres, en un horario tradicionalmente
identificado con el fútbol, es el cierre de domingo.
-¿Te
queda tiempo para ver teatro?
-Veo mucho teatro, es lo que más hago, le dedico
tres o cuatro días semanales, es un hábito
que me he creado desde el '87, cuando empecé
a ir sistemáticamente. El problema es que esta
todo concentrado los fines de semana, pero hay algunos
grupos que hacen sus funciones especiales. La multioferta
de Rotemberg, con cuatro salas distintas, es muy buena,
a mí me encantaría ver teatro al mediodía
-dice- recordando la experiencia del Payró, hace
unos años.
-¿Qué
implica hoy, el criterio de una "nueva dramaturgia"?
-Se lo adjudicaría a la dramaturgia producida
por los autores después de la dictadura, no importa
la edad, me refiero a los que comenzaron a escribir
en el contexto de las nuevas producciones culturales,
el país y el mundo han cambiado mucho en los
últimos años, y esos autores empiezan
a darle cabida en la escritura a estos cambios culturales.
El fundamental, es el que marca la crisis de la izquierda,
el hecho de que haya prácticamente desaparecido
o que se haya formulado una especie de socialismo tibio,
produjo la aparición de un monstruo: el neoliberalismo
o capitalismo autoritario, eso genera un frente contrario.
-¿En
el teatro, cómo se expresa esa resistencia?
-Hay un sentimiento, vigente en los nuevos creadores,
contra el avance del neoliberalismo; por otro lado,
esta lo que yo llamaría la defensa de la diversidad.
Antes se hablaba de la izquierda, de la derecha, del
Tercer Mundo. Luchar contra la hegemonía de esa
derecha tan fuerte es armar discursos locales, es buscar
en mi grupo, en mi región, en mi nación,
una especie de defensa de los valores. Hay una nueva
dramaturgia, representada por poéticas y valores
muy diversos, lo sostengo desde hace tiempo, en mis
libros hablo del canon de la multiplicidad, yo no hablaría
de determinadas líneas, sino de la proliferación
de mundos y poéticas coexistentes. Daniel Veronese,
Rafael Spregelburd, Patricia Zangaro, Mario Cura, Adriana
Genta, Javier Daulte, Andrea Garrote, Luis Cano, Cecilia
Propatto, Alfredo Rozembaum, son autores que trabajan
desde la no homogeneización.
-Tu
enfoque nos conduce a diferenciar las épocas,
tan distintas en los años cincuenta o sesenta.
-En la década del cincuenta el discurso de la
izquierda, de alguna manera, homogeneizaba fuertemente
la producción; se podría hablar de una
línea radicalizada, con Dragún, Cuzzani,
Lizarraga, el primer Gorostiza. En los sesenta, hay
una línea del realismo ligado a Tito Cossa, Ricardo
Halac, Rozenmacher, Talesnik, Somigliana, y también
un línea de experimentación en la vanguardia,
con Adelach, Gambaro, Ardiles Gray, Pavlovsky.
-¿Si
tuviésemos que señalar hoy un rasgo común
de nuestros autores, cuál sería?
-Todos están en contra del neoliberalismo, pero
no lo enfrentan desde una internacional homogénea,
sino desde los propios proyectos, hay autores muy interesantes,
que van a dar cuenta de las nuevas condiciones culturales
de una manera sabia y estéticamente poderosa.
-El
auge de la comedia musical también encuentra
su lugar en la cartelera porteña.
-Hay varias razones, la primera se da con el avance
de lo que podríamos llamar el teatro de la globalización,
de la "sucursalización" de los grandes
centros teatrales en Buenos Aires. Podríamos
hablar también de la formación de un público
transnacional, el que en todo el mundo disfruta con
La Bella y la Bestia; a esas razones le sumo la atracción
de un género bellísimo, Mi Bella Dama,
en la versión de Pepe Soriano y Aída Luz
ha sido una fiesta, una de las cosas más hermosas
que vi. Lamentablemente en la historia del teatro argentino
no hay una tradición en ese género, y
los que lo hacen; o no lo hacen muy bien o se remiten
a sí mismos; el teatro muere en ese divismo.
-¿En
esta realidad, qué lugar le asignás al
sainete?
-Uno de los fenómenos interesantes de la proliferación
de la que hablamos, es que todos los géneros
tienen su lugar. Hay varios escritores que están
buscando su escritura en el sainete, y varios directores
que los están reescribiendo, Lorenzo Quinteros
lo está haciendo con Los Escruchantes, de Alberto
Vacareza. Ningún género está excluido,
lo que hoy no se puede hacer es ni el sainete ni el
grotesco como se lo hizo históricamente; escribimos
dialogando con las nuevas condiciones culturales y eso
genera un nuevo teatro.
-¿Te
referís al contexto social en el que se desenvuelven
los hechos?
-Yo lo llamo el fundamento del valor, son las raíces
culturales de las poéticas, no tanto el contexto
político ni el social, sino aquellos elementos
de la cultura, entendida como la vida del pueblo, que
está amasada en la génesis de las poéticas.
-¿El
avance tecnológico, de qué modo incide
en la vida cotidiana?
-El pasaje de lo socio-espacial a lo socio-comunicacional
es muy fuerte, en mi barrio, y sin salir, estoy conectado
con setenta canales de todo el mundo, las redes ópticas,
el satélite, generan una cosa tremenda, que es
el concepto de simulacro, lo que estoy viendo en internet...
¿está pasando realmente? El teatro está
escribiendo desde ese lugar, está luchando contra
esto y dando respuesta para estos fenómenos.
El teatro es lo contrario, no lo podés pasar
por la televisión, no lo podés convertir
en video.
-Dubatti,
¿qué intenta decirnos la postmodernidad,
en su análisis de los hechos?
-Hay grandes connotaciones de la crisis de Occidente,
no podemos pensar que la bomba atómica y los
campos de concentración son resultados de deslices
de la mentalidad de occidente, más bien son emergentes
del desarrollo de Occidente, esto lo dice Eric Hosbawn.
La postmodernidad pone en crisis una cantidad de rasgos
que se consideraban indudables, yo creo que puede ser
leída desde distintos lugares, desde los profetas
optimistas de la locura postmoderna que hablan de una
especie de regreso a la Edad Media, absolutamente deleznable.
La otra posición es la que habla de una segunda
modernidad; el gran filósofo argentino Néstor
García Canclini -vive en México desde
hace muchos años- dice que hay que criticar la
modernidad pero también defender ciertos valores,
por ejemplo, el valor de la ciencia y de la democratización,
de la búsqueda de modelos que engloben a todo
el mundo, sin excluidos sociales. No estoy de acuerdo
con defender a ultranza el valor del laicismo, todos
tienen derecho a relacionarse con lo sagrado, con el
horizonte de la religiosidad, la segunda modernidad
ha creado modelos de mayor tolerancia.
-El
concepto de ética está presente en tus
reflexiones, sin nombrarla.
-La ética es el fundamento de todo, es la base
de la cultura, está ligada con el concepto de
tolerancia, de respeto de los propios derechos y de
los derechos del otro. En un mundo de proliferación
de mundos, el concepto de hospitalidad, de tolerancia,
de aprender a convivir, está determinando la
fundamentación de una ética. Kant dio
la clave: "Compórtate de manera tal que
querrías que el otro se comporte contigo".
Me imagino lo que yo desearía que haga el otro
con respecto de mí y trato de comportarme siguiendo
esas reglas.
-¿Es posible lograrlo?
-La gran macana es que la ética casi no funciona,
es un valor absolutamente menor por la gran contradicción
que existe entre los hechos y el discurso, sobre todo
en el campo político.
-A veinte años de Teatro Abierto, ¿qué
pensás hoy de aquellos hechos?
-Teatro Abierto es uno de los fenómenos más
memorables en la historia del teatro argentino, sigue
siendo un referente fundamental de la capacidad que
pueden tener los teatristas y el público para
dar respuestas sociales. Desde Teatro Abierto no hemos
tenido una nueva respuesta de conjunto social a los
fenómenos de la Argentina. Hubo respuestas sectoriales
o de agrupaciones, como MATE, pero no se ha podido repetir
la contundencia, y esto tendría que avergonzarnos.
-Antes había un "enemigo común..."
-Ahora también, el neoliberalismo, el político
chanta, los ladrones, la corrupción... Tendría
que avergonzarnos no ponernos de acuerdo, y sobre todo,
ver que la complicidad civil es mucho más grande
hoy respecto de la corrupción, de la injusticia,
que lo que unio espera.
-¿Le adjudicás al arte un valor de
cambio social?
-Le adjudico un valor de edificación social,
no en el sentido de la contundencia política
inmediata, pero sí en la formación de
un pueblo cada vez más sensible, más perceptivo,
más reflexivo. El arte esta hecho de los derechos
fundamentales del hombre.
(¹) gruche@fibertel.com.ar
|