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NEntrevistas de teatro
por Teresa Naios Najchaus »n
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Rita Terranova
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"El día que me quieras es una de las obras más bellas que me ha tocado hacer".

Desde 1971, año de su inicio en el teatro, Rita Terranova trabajó en más de cuarenta obras. Interpretó a autores extranjeros, argentinos y rioplatenses, y desde entonces premios y menciones distinguen su labor profesional.

El encuentro con Rita Terranova, en un bar "pegadito" al Teatro Nacional Cervantes, nos acerca a la actriz que le da vida a María Luisa Ancícar en "El día que me quieras", obra del autor venezolano José Ignacio Cabrujas (1937-1995), dirigida por Julio Baccaro.

A la vez, disfrutamos de su sonrisa luminosa, un agrisado sábado de junio.
-Me atrajo de la obra su calidad literaria, la perfección de su escritura; además, después de El malentendido y de algunos personajes sórdidos, yo tenía ganas de expresar lo mejor del ser humano; lo más puro es el lugar de los sueños, de los ideales. El día que me quieras tiene toques poéticos, tiene humor. El que quiere profundizar puede hacer una lectura política de la obra, y también el espectador puede divertirse.

-Tu personaje conmueve, es una mujer sencilla, ilusionada con un mundo que vislumbra "nuevo".
-En este momento de tanta desesperanza, emociona esa mujer que insiste en sus sueños hasta el final; no intelectualiza, se define por el amor a un hombre, por ese sentimiento; no es una obra de tesis, la escribió un intelectual que conoce mucho de la vida.

-¿Cómo llegó a tus manos?
-Por esas cosas que suceden en el teatro, me propusieron la obra cuando Ingrid Pelicori, a los quince días del ensayo, abandonó el proyecto por su compromiso televisivo. A veces las cosas son así, y otras uno las busca, como Chejov-Chejova o El diario de una camarera; la representé en España, en Mar del Plata, en Andamio 90, en el Pigalle, en el Bajo Corrientes...

El diario de una camarera, dirigida por Manuel Iedvabni, Premio Ace en 1998, le valió a Rita Terranova ser invitada a la IX Muestra Internacional de Teatro de Montevideo, organizada por la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay, en abril del 2001.
Preguntamos, a punto de finalizar su labor en el Cervantes, acerca de sus proyectos.

-Comienzo a ensayar Nosotras que nos queremos tanto, una comedia brasilera que tuvo gran éxito en Buenos Aires, hace unos siete u ocho años. Mi personaje lo hizo Mirtha Busnelli, voy a actuar con Claribel Medina, Viviana Sacone y Stella Maris Closas; la dirección es de Víctor García Peralta. Son cuatro hermanas, la muerte de la madre las reúne, van a repartir las cosas; es una obra muy graciosa, muy tierna, se van a ver las relaciones entre ellas, el amor, las diferencias. Me entusiasma la idea de una comedia con un tema actual, vamos a estrenar a fines de julio, en gira por las provincias.

-¿Pensás actuar o dirigir algún espectáculo infantil?
-Me gustaría seguir escribiendo para los chicos, ya publiqué mi primer libro, El casamiento de Margarita Orégano, son dos cuentos "larguitos", para chicos de siete años, es una introducción al mundo de la naturaleza y a la comunidad de los gnomos, que son como ángeles de la tierra. El libro tardó en ser editado, se lo dediqué a mi hija a los siete años, y hoy tiene doce, es casi una adolescente. El primer cuento lo escribí en una semana, el segundo, en un mes, fue por encargo, porque les gustó. Obtuvo muy buenas críticas, se vende bien.

-Rita, ¿por qué no actuás en el Teatro por la Identidad?
-Me parece bárbaro que se haga, estuve cuando se armó el proyecto, me convocaron para hacer tres obras, que no se hicieron, luego de ser leídas por una Comisión de Lectura.

-¿Vivís económicamente de tu profesión como actriz?
-Aunque trabajé en la televisión, siempre viví del teatro, en una época rechacé la posibilidad de compartir la televisión y el teatro, tengo una hija y me resultaba pesado hacerlo. Desaparecí del grupo y no me llamaron más. A mí, me gustaría encarar mi trabajo en la televisión como un arte; elegí el teatro, ser actor es cumplir con una función social, el teatro puede colaborar con las personas, siempre lo ví así.

-Tus reflexiones no sorprenden dado el amor y el compromiso de tu hogar con el teatro. Tu padre, Osvaldo Terranova, permanece en el corazón de la escena argentina.
-Mi padre murió en octubre de 1984, y hoy, a los cuarenta y cuatro años, viendo como están las cosas, le agradezco su enseñanza ética en esta profesión; no se trata sólo de ser un buen compañero, la ética es realizar el trabajo, en cada función, con el respeto que merece la obra y por supuesto, el público.

-Rita ¿sabés que inspirás amor?
-Sí, a veces me lo dicen- acepta, pasado el asombro y la risa- Soy de las personas que piensan bien del ser humano, y de esta manera mal no me ha ido. Antes de juzgar, medito, miro a la gente amorosamente, lo mismo que a mis personajes.

-¿Qué gente, qué cosas te producen un sentimiento adverso?
-Indudablemente, todo lo que tenga que ver con la privación de la libertad, con la violencia, con la traición, con la intolerancia; ser tolerante es un ejercicio, una elección, si queremos comprender no hay otro camino, hay que trabajar con las diferencias, todos somos distintos.

-¿Tu opinión sobre el país cuál es?
-Todo nos sorprende tanto... Aerolíneas... el IVA al teatro, que después lo sacan... No puedo hacer ningún tipo de pronóstico, no puedo imaginar, me preocupa que no se pueda proyectar, que la respuesta para cada cosa sea la espera.

-¿Encontrás en vos un espacio para el tictac amoroso?
-Tuve una pareja de la que me separé hace muchos años, dicen que el que busca encuentra, será que no busco y por eso no encuentro. Creo que en esta situación tan inestable, uno está pensando en cómo sobrevivir, en cómo pagar las cuentas. No estoy cerrada, pero tampoco en la búsqueda.
En mi ha habido una decepción, me hubiera encantado tener una familia, tres hijos, pero hubo una separación, y no es fácil.
Por otro lado -prosigue- me va bien, me ofrecen personajes diferentes, autores con estilos distintos, y eso es bárbaro, alguna vez me gustaría hacer una obra de Griselda Gambaro, me encantaría.

Una hora más tarde, María Luisa Ancícar, en la piel, en la voz, en la mirada de Rita Terranova, lucirá hermosa. Pedirá que la Bandera Roja, sobre el sillón, permanezca allí "hasta mañana", renovando la esperanza.

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