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NEntrevistas de teatro
por Teresa Naios Najchaus »n
« VER INDICE DE ENTREVISTAS
Ricardo Monti
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Una escena de la obra
Finlandia de Ricardo Monti
Recuerdo Una noche con el Sr. Magnus & hijos, porque esa fue la primera obra estrenada (y premiada) de Ricardo Monti.
Ocurrió en la década del '70; tenía Monti, entonces, veintiséis años, el tono pausado que mantiene, el fervor puesto en el teatro, la esencia confirmada, del talento.
Fue, aquella entrevista, mi primera entrega a un medio hoy inexistente.
Con placer bebo el té servido por Ricardo Monti, "con ese no sé que", que agradezco.
Y entonces el grabador hizo lo suyo.

-Comencemos por tu último texto, ¿cuál es?

-No te soltaré hasta que me bendigas es el título de una obra que voy a estrenar, es distinta dentro de mi dramaturgia, yo siempre sentí saltos formales en mi búsqueda, de alguna manera estaba prefigurado en Una noche con el Sr. Magnus & hijos, era en sí misma una indagatoria acerca de las distintas formas de hacer teatro, porque los personajes estaban en estado de representación, ellos elegían su modo de hacerlo, se deslizaban por distintos estilos, había momentos expresionistas, momentos del teatro del absurdo, del teatro naturalista, del teatro clásico griego. En el conjunto de mi obra siempre se trabajó sobre el tema de la representación en la representación, en muchos momentos no se sabe si los personajes están representando o están instalados en una autenticidad o en una verdad.

-¿Tu planteo marca la diferencia entre la representación y el llamado teatro dentro del teatro?
-Claro, hay momentos del teatro dentro del teatro donde se habla de la representación, el personaje dice, vamos a... En un estudio fantástico, muy inteligente, que hizo Horacio González sobre mi obra, él dice que el acto de representar detiene la muerte, es un paréntesis que protege a los personajes.

-También ocurre en la vida...
-Sí, es un pensamiento profundo, en muchos momentos de mi teatro esta explicitado; en Marathón, por ejemplo, el animador le dice al público: "señores, durante un par de horas la muerte no nos tocará, mientras dure este espectáculo, les garantizamos a ustedes, que están ahí..." Se le transfiere a la representación esa cualidad mágica de escudo contra la muerte.

-El tango lo expresa con las mascaritas, mientras dure el Carnaval, la vida prosigue.
-Exactamente, eso está presente en mi teatro, es como un hilo conductor, lo que ocurre es un momento de vida mezclado a la representación, esa es una dificultad para los actores, nunca saben cuando los personajes están diciendo algo en serio, o están fingiendo o representando una gama de personajes.

-¿Qué ocurre en tu última obra?
-Hay dos seres patéticos, dos seres derrotados por la vida, y en algún caso, con una culpa tremenda; se encuentran, y en un lapso muy breve, muy acotado porque hay un celular que permanentemente está indicando que llega el personaje, crean una ficción, se inventan una vida, rápidamente vuelven a inventar otra, cada vez más rápido porque el tiempo se va acortando, ese es el mecanismo de la obra, representar para poder tolerar la vida, con un final que es una revelación respecto del sentido profundo de todo esto.

-Cuando apague el grabador, ¿podré conocer el desenlace?
-Es un impacto.

-¿Cómo surgen tus textos? ¿Te planteas estéticamente el modo de plasmar la idea?
-Yo no me propongo una estética determinada cuando imagino una obra, simplemente me atrae de pronto una idea, me absorbe, surge una forma teatral para esa idea, la estética es la resultante. En el '89 estrené Una pasión Sudamericana, estuve muchos años con esa obra, ahí pude entremezclar el proceso de la escritura con la reflexión estética que me permitió clarificar el camino, la comprendí profundamente después de escribir La oscuridad de la razón, me di cuenta que las dos obras se complementan. Una pasión... mostraba un mundo cerrado, masculino; La oscuridad de la razón es de alguna manera una obra sobre lo femenino.

-SOS escritor, y a la vez coordinas tu taller de dramaturgia. ¿Cómo organizas las clases?
-Durante mucho tiempo coordiné talleres, ahora las clases son individuales, es más fructífero una hora por mes dedicada exclusivamente al análisis del trabajo de un alumno que cinco minutos semanales en medio de un montón de gente.

-¿El alumno no necesita de la opinión del grupo?
-Hay gente que tal vez necesite algo grupal, no tanto por la opinión, sino por el hecho de crear un contacto social, pero esa no es mi función.

-¿En ese proceso, qué es lo esencial?
-Con mis alumnos trabajo los momentos iniciales de la creación artística, ahí estará la clave de todo, porque lo otro es lo que uno encuentra en los manuales, sobre cómo escribir guiones, ironiza. Yo he leído montañas de "eso", y los he olvidado porque terminan hablando de banalidades, salvo una recetita útil. El origen de la creatividad y lo que puede perturbarla es lo que me interesa trabajar, si uno puede manejar esa instancia donde surge un proyecto artístico, tiene una gran parte del camino recorrido.

-¿Qué tiene que dominar?
-Fundamentalmente hay un momento en que los personajes cobran voluntad y vida, no propongo ejercicios, porque es una manera de limitar el proceso creativo de cada uno. Doy pautas de trabajo, puntos de partida, pero nunca doy temas, hay muchos alumnos que lo necesitan, pero es un estímulo burdo, hay que leer los diarios, allí van a encontrar los temas.

-¿A vos te surgen las imágenes?
-Muchos de los temas han surgido a partir de la lectura de las páginas policiales, allí está expuesta la naturaleza humana en sus aspectos más crudos, de pronto resuena algo en mí, se despiertan las imágenes; honestamente, yo tengo una carpeta con recortes de los diarios, son estimulantes. Justamente, la obra que estoy elaborando surgió a partir de una fotografía, de una publicidad que apareció en un diario.

-La dupla Monti-Kogan marcó una etapa significativa del teatro argentino. ¿En algún momento sentiste temor de encasillarte?
-Jaime Kogan era un creador fuera de lo común, creo que hay poquitísimos directores de su calidad, él era muy creativo, la primera obra que dirigió fue Historia tendenciosa... luego, Visita, Marathón, La oscuridad de la razón, y la versión teatral de Rayuela. Después de Kogan surgió una camada de directores que trabajó desarticulando el texto, "contra el texto", es una moda europea, justificada por el aniquilamiento en que había caído el teatro, después de tantos siglos era necesario una brisa refrescante, es entendible que un inglés quiera desarticular a Shakespeare. En la Argentina necesitamos articular un texto. ¿Cuándo se hizo aquí un Shakespeare o un Brecht completo? ¿Estamos desarticulando qué...? Eso resultó, finalmente una excusa "facilonga" para aquellos autores que no podían inventar por su cuenta. Después apareció una dramaturgia de directores, un género nuevo, el guión dramático, no la obra, yo lo diferencio, un guión es al mismo tiempo un guión de la puesta de un director y el intento, digamos, de la aparición de un dramaturgo; generalmente uno ahoga al otro, porque no hay independencia dramatúrgica, lo comprobé siendo jurado.

-¿Qué pensas del movimiento de autores argentinos de los últimos años?
-Lo que a mí me resulta interesante es la mezcla estética, inclusive generacional, hay un renacimiento de los autores, se vuelve a dar la diferenciación de roles y la complementación, que es tan pero tan rico. Por qué, ¿cuál es el riesgo del autor-director? Crear un arte solipsista, un arte encerrado en sí mismo, de códigos dirigidos a un público de pares, de gente que está en lo mismo. Empiezan a aparecen autores que, como tales, se encuentran con directores que, como tales, recrean esa cosa tan rica del teatro, con una mayor voluntad de comunicación con el público. Hay gente de distintas generaciones que está muy productiva. A mí me interesan, en este momento, autores como Daulte, Lucía Laragione, Patricia Zangaro, y por supuesto, Veronese, Spregelburd, Tantanian, tienen otro modo expresivo, más ligado a la táctica de la puesta en escena. Me interesan Kartun, Griselda (Gambaro), su teatro es sumamente rico en cuanto a expresiones y a variantes estéticas, me parece que se está perfilando este momento como un de los mejores del teatro argentino.

-¿Te interesa expresarte en el cuento, en la novela?
-Empecé a trabajar en una novela, pero es como ir a la oficina, hay que pensar en ocho horas diarias y mis circunstancias de vida no me permiten disponer de ese tiempo, de modo que la novela esta interrumpida, esbozada en cuadernos. Tengo unas cuantas páginas escritas, pero no sé cuándo voy a concluirlas; a mí me gusta mucho la narrativa, empecé escribiendo de ese modo, después me atrapó el teatro.

-¿Tuviste maestros dramaturgos?
-No, cuando comencé los talleres de dramaturgia no existían, salvo Palant, en Argentores; yo no concurría, no lo conocía, quien empezó con los talleres privados fui yo.

-¿O sea que sin ninguna orientación comenzaste a escribir teatro?
-Sí, me costó bastante, la primera puesta se hizo aquí de Esperando a Godot me volcó a la escritura, quería saber cómo se escribe teatro, me fascinaba, tardé mucho tiempo en comprenderlo, mientras tanto me dedicaba a la narrativa, sin excluir el teatro. Fue un proceso de aprendizaje que hice en mi adolescencia, y a los veinticinco años descubrí, repentinamente el modo de hacerlo.

-¿Intercambiabas criterios con otros dramaturgos?
-No, mi generación estuvo muy marcada por el auge revolucionario, fue a nivel mundial, y por lo tanto, era una generación muy politizada. En una oportunidad, entre los recortes que he guardado de esa época, encontré en el diario La Opinión un reportaje en el que yo me defendía a capa y espada con respecto a que no todas las cosas tienen que ser necesariamente políticas. El arte tiene otro tiempo, tiene cierta autonomía de lo político inmediato, que había que preservar. Y eso era en el '73, mientras yo acababa de hacer una obra netamente política, Historia tendenciosa de la clase media argentina. Había en mí una vocación artística, no quería que la politización del momento me devorara, tengo cincuenta y tres años, el imperativo de la época era militar políticamente.

-En esa militancia participaban escritores, artistas...
-¿Y qué pasó...? Gentile escribió A calzón quitado, una obra hermosa, y no escribió más; Walter Operto se fue al interior, está radicado en Santa Fe, es una persona que aprecio mucho; con Máximo Soto perdí contacto, Paco Urondo es un desaparecido.

-Estás tocando un punto difícil, insoslayable, marcado por el proceso. ¿Qué se preserva, el arte? El costo existe, en aquel momento estrenabas una obra "tendenciosa".
-Historia tendenciosa... fue mi diezmo al teatro político, después escribí Visita, una obra a la que no se le puede dar una lectura política inmediata, si no mediata. Para mí, es el lugar donde se tiene que instalar el arte, más allá de los vaivenes políticos, en una corriente más profunda de la historia.

-¿Participás en MATE o en algún otro movimiento?
-No participo activamente, quizás porque soy un bicho solitario, pero en MATE saben que cuentan conmigo en las decisiones que tomen.

-Monti, ¿a tus hijos les interesa el teatro?
-Mis hijos son divinos, Lila, mi hija mayor, hace teatro, es una muchacha muy trabajadora, muy respetable, ella tiene una vocación humanística, en su adolescencia escribía preciosas poesías, creo que continúa escribiendo. En el '97 viajó a Francia, estuvo en un taller de la Mnouchkine, pasó distintas selecciones entre dos mil alumnos y fue elegida, permaneció un mes, el taller fue planteado en ese tiempo. A mi hijo Matías, de diecinueve años, le interesa el arte, la música, el rock, pero ahora se ha volcado a estudiar realización cinematográfica en el Instituto de Cine. Trabaja en producción, en la televisión, primero se relacionó con el sonido. Estoy muy orgulloso de ellos, yo no sé qué piensan ellos porque los hijos siempre piensan "mal" de los padres. Sé que me quieren, yo se que los amo enormemente, pero no le deshago el bulto a las críticas que me puedan hacer. Camila es hija de mi segundo matrimonio, tiene ocho años, su mamá murió, la estoy criando desde los tres años. Mis hijos han tenido muy buenas madres, son chicos básicamente sanos, Matías me produjo una herida narcisistica desde que empezó a fumar, mi padre era medio autoritario en ese sentido, yo no puedo prohibirle ni exigirle que no fume.

-¿Económicamente, vivís del teatro?
-Mira vivo de la magia, de pronto, cuando estoy mal, saco algún premio, alguna beca, o sale algún trabajo de video o en la televisión, también tengo mis clases.

Entrevista extraída del libro de Teresa Naios Najchaus, Conversaciones con el teatro argentino de hoy, Instituto Nacional del Teatro, Colección Homenaje al teatro argentino, Bs. As., 1999
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