En
la Asociación Argentina de Actores, Onofre Lovero,
Secretario de Prensa, nos dice con su actividad permanente
de su adhesión con el organismo que presidió
en los años 1984-1988, período coincidente
con el advenimiento de la democracia.
Referente insoslayable del Teatro y la Cultura de Argentina,
hacedor de utopías que se concretan y se renuevan
con su impulso, Lovero me recuerda, sin decirlo, que él
fundó con los integrantes del elenco, el Teatro
de los Independientes, y que allí estrenó
14 de Julio, obra de Romain Rolland, hito en la memoria
que marcó la década de 1950.
-Yo creía que a esta altura de mi vida había
cumplido con mis compromisos gremiales, pero la actual
conducción de Actores surgió de un hecho
muy especial, había que asumir la responsabilidad
legal de una entidad que estaba en pésimas condiciones
financieras, además, sus dirigentes habían
dejado de lado la lucha por las reivindicaciones gremiales.
Los antiguos dirigentes fuimos apelados para completar
una lista en las elecciones del '97, se nos planteó
una cuestión ética, no podíamos dejar
sin respuesta a quienes con la mejor buena voluntad iban
a asumir los cargos principales de la institución.
Pepe Novoa es el Presidente, Rubén Stella, el Secretario
General, y yo quedé al frente de este Secretariado
que se ha convertido en un unipersonal -la segunda vocal
renunció y yo quedé solo- aunque con algunos
buenos colaboradores.
-¿Cómo
te las ingenias para cumplir con tu actividad institucional
y con el teatro?
-En este momento no tengo el compromiso de actuar todas
las noches, estoy empezando a preparar con la dirección
de Manuel Iedvabni y la colaboración de un excelente
pianista, Gustavo Codina, un Collage Brecht, vamos a intercalar
textos de humor con canciones y parábolas, el estreno
va a ser en febrero.
-Hace mucho tiempo que no dirigís, ¿por
qué?
-He resuelto terminar pintándome la cara, no quiero
mas lidiar con la dirección, lo he hecho durante
dieciséis años en el Teatro de los Independientes
y también en el Teatro Popular de la Ciudad, quiero
desenvolverme como actor, es mi primera vocación
y la fui postergando, a pesar de que a veces cometí
la imprudencia de dirigir y actuar.
-Caruso fue un personaje a tu medida, cuántas
satisfacciones te debe haber brindado.
-Muchas... muchas... ahí me sentí como ingresando
realmente en el personaje, tiene que ver con mi formación
más infantil, me he criado escuchando ópera,
y muchísimo a Caruso, por mi padre y mi tío
y padrino Juan Dacunto, hermano de mi mamá, él
había sido un ferviente admirador de la ópera,
sobre todo italiana. Cuando Alejandro Zameg me propuso
hacer Caruso me pareció abordar el "sueño
del pibe"; además conté con un compañero
de primer orden, Rodolfo Roca, excelente actor; nos sentimos
consustanciados con la esencia misma de la obra, lo hacíamos
con una entrega total. Como vos me preguntás específicamente
sobre Caruso, tengo que decir que fue una especie de simbiosis
Caruso-Lovero.
-¿El público, cómo recibió
esa propuesta?
-La gente más insólita me ha parado en la
calle por ese personaje; yo lo asumí como una "propiedad",
como algo que realmente me pertenecía. Lo vieron
los "fans" de la ópera y también
personas que no tenían nada que ver con la ópera,
me sentí muy a gusto, muy en mi salsa.
-Cuando te dicen que sos querido, apreciado, ¿qué
sentís?
-Me conmueve la respuesta de la gente, porque en definitiva
la misión del actor es transmitir emoción,
mensajes, amor, me dijeron lo que vos me dijiste, que
yo era Caruso. El teatro recién se realiza cuando
el actor lo oferta al público, no existe antes;
uno aprende, estudia, ensaya, prueba, pero el hecho teatral
se gesta con el espectador. El mismo texto no se repite
nunca, muchas veces no cambia jamás; en esta relación-gestación
de la que hablo, el que cambia es el público.
-¿A qué edad necesitaste actuar?
-Empecé desde muy chico, fue una vocación
infantil, para desesperación de mamá, no
había sábana ni colcha a mi alcance de la
que no me apropiara y la usara como telón; a veces
le complicaba la vida a mi hermanita, digo mi hermanita
porque tiene cinco años menos que yo.
-¿Cómo te formaste?
-Sentía admiración por los grandes actores,
fundamentalmente los franceses, a algunos los conocí
a través del cine de la pre-guerra, y a otros,
en el escenario en Buenos Aires. Íbamos con Rubén
Pesce a ver dos o tres veces por semana películas
francesas y llegamos a aprender los diálogos de
memoria de La gran ilusión, El fin del día,
La kermese heroica.
-¿Tu hermana se dedicó al teatro?
-No, para nada, una imposición de mamá fue
hacerla estudiar piano, ella es la negación del
oído, incapaz de tararear algunos compases de La
Cumparsita, y sin embargo se recibió de profesora
de piano.
La risa fue estridente, la cercanía de nuestras
casas en el mismo barrio, la imponente Señorita
Margarita, en realidad señora, nos conectó
con la inolvidable Escuela de la calle Cucha Cucha.
-Margarita fue la maestra de Eda, mi hermana, yo fui alumno
de piano de su hermana, que falleció inesperadamente,
quedé con un trauma terrible, nada de música
y piano durante muchos años, me había enamorado
de esa mujer joven, muy hermosa. Yo ingresé a segundo
grado en la escuela de la Señora Margarita, daba
todas las clases en un aula común, golpeaba a los
alumnos con el puntero y al día siguiente le tenías
que traer la plata para que compre otro. (Risas). Yo fui
un privilegiado, en sexto grado me entregó una
medalla de oro, dijo que había sido un alumno ejemplar,
entre tantos burros...
-¿Naciste en La Paternal?
-Llegué a La Paternal a los ocho años, yo
nací en Villa Crespo, en la misma cuadra en la
que el maestro Antonio Ediche tenía su atelier,
era una casa de altos, en la calle Loyola, entre Serrano
y Gurruchaga, había un cuadro del arroyo Maldonado
sin entubar. Me acuerdo del puente de madera a la altura
de Loyola porque una muchacha que la ayudaba a mamá
en los quehaceres domésticos, Manuela, que me adoraba
y la adoraba, me llevaba a los paseos que me conmovían;
ver pasar el tren y acercarme al arroyo. Mamá decía
que yo no me podía acordar del Maldonado sin entubar
porque debía tener dos o tres años. Mucho
tiempo después, en el Teatro San Martín,
entre libros que estaban a la venta, editados por la Municipalidad,
encontré la Historia del Arroyo Maldonado, lo primero
que vi fueron las ilustraciones, había una foto
que yo tenía registrada, no en la retina, sino
en el alma. Decía, Puente de madera sobre el arroyo
Maldonado, no vi la función, corriendo fui a verla
a mamá que vivía con mi hermana en Vicente
López. Triunfador, le mostré la foto, y
ella me dijo: "no te podés acordar, porque
eras muy chico".
(Lágrimas y risas se mezclan en la voz de Lovero)
-¿De La Paternal a qué edad te mudaste?
-Me casé y viví en la misma casa de mis
viejos, en el primer departamento de la calle Sapaleri
Nº 2251, hoy Manuel Rodríguez, me fui a los
veintiocho años, mudarme varias veces fue una necesidad,
tuve unos cuantos casamientos, conviví con unas
cuantas compañeras, entonces armaba casas y después
me mudaba. Viví en muchos lugares, también
viví solo, y nunca aprendí a hacerme un
café, nunca.
-¿Qué tipo de relación mantuviste
con tus padres?
-Con mamá muy buena, con papá menos espontánea,
pero unos días antes de morir me dijo: "vos
a tus tíos Atilio, Juan, Pedro, siempre los besás
y a mí no me besás nunca"; mi viejo
no solamente me quería, me admiraba. Se me mueven
tantas cosas...
-¿Tu padre aceptaba que fueses actor, o deseaba
otra profesión para su hijo?
-Mi padre era constructor, para él yo tenía
que haber sido ingeniero y compartir con él, el
cartel en las obras. Fue un golpe que yo estudiara arquitectura,
y cuando abandoné la carrera y le dije que no iba
a hacer otra cosa que teatro, liquidó su empresa.
Sin embargo cuando yo estaba construyendo Los Independientes,
y no sabíamos más de dónde sacar
dinero, ellos hipotecaron la casa. Papá murió
mucho antes que mamá.
-Onofre, ¿sos demostrativo en el afecto familiar?
-Me cuesta exponer el afecto, me cuesta muchísimo,
me costó siempre, es como si tuviera pudor de mis
afectos, que son entrañables, profundos.
-¿Y como padre cómo sos?
-Tengo dos hijas con una diferencia de cuarenta y un años,
Mónica próxima a cumplir cuarenta y nueve
años, y María que en agosto va a cumplir
ocho, con ellas tengo cosas muy sueltas, muy juguetonas,
sobre todo con la más chiquita porque se dieron
otras circunstancias, con Mónica me salteé
su infancia, a María tuve que atenderla, cambiarle
los pañales, darle el biberón, aprendí
a cocinar, mi mujer trabajaba y trabaja, se iba muy temprano
y volvía a las cuatro.
-Fuiste dos veces padre primerizo. ¿Cómo
funciona el núcleo familiar?
-Magnífico, mantengo una buena relación
con la mamá de mi hija Mónica, tengo dos
nietos, un varón de diez años y una nena
de siete, tiene veinte días más que María.
Cuando los tres chicos se juntan es una gloria, una gloria...
Cuando paseamos me vuelven loco, pero que gusto enorme...
-¿Se vislumbran las sábanas como telones?
-No sé, pero me van a ver; María es casi
una adicta a las representaciones, trabajó circunstancialmente
en varias películas, en Las alas rotas "fue"
la hija de Amelia Bence, actuó en Las dos Carátulas,
el programa que dirige Nora Mas en Radio Nacional, hace
danza con María Fux y con Marisa Ferri, la sobrina
de Olga (Ferri). María tiene un oído musical
envidiable, no sé qué va a pasar con ella,
pero no me llamaría la atención que se volcara
al teatro, sabía de memoria algunos monólogos
de Caruso y los decía con la entonación
italiana que yo le daba.
-Transmitís serenidad, paz interior... Son cosas
fuertes y hermosas las que estás viviendo.
-Sí, es cierto.
-Onofre, ¿la televisión te interesa como
actor?
-Hace muchos años viví de la televisión,
en el '97 hice dos capítulos de Archivo negro porque
me llamaron, mi idea es que si me necesitan me van a convocar,
como ocurrió en cine, hice un personaje muy corto
pero muy lindo en El juguete rabioso. Prácticamente,
desde 1984 vivo del oficio, hasta ese año estuve
durante dieciséis años en la Editorial Abril,
allí hice lo que se llama una gran carrera, a pesar
de mí mismo.
-¿En la editorial qué función
cumplías?
-Entré a Abril el cinco de enero de 1949, recuerdo
la fecha porque mi mujer estaba embarazada de Mónica,
cuando vi el suelo de cuatrocientos y pico de pesos me
pareció tocar el cielo con las manos, estaba realmente
en la miseria. Yo había fundado Opus, una revista
musical muy linda, que se vendía en las casas de
música y tenía un solo aviso, el de esa
casa; no conté con la colaboración imprescindible
que necesitaba, no me fue bien, pero no pasó nada.
En Abril empecé como "pinche" y terminé
siendo Director de Coordinación.
-¿Cómo llegaste a la Editorial?
-José Armagno Cosentino, queridísimo amigo
que falleció hace poco, me dijo que en esa editorial
nueva que fundaron los italianos había un compañero
del Partido Socialista, Carlos Lesca, él le habló
a César Civita, el dueño de Abril, en esa
época él tomaba al personal, y al día
siguiente de la entrevista me llamó.
-¿Por qué te fuiste de un trabajo en
el que te encontrabas cómodo?
-Cuando Carlitos, el hijo de César Civita, que
al principio estuvo en el taller, volvió a la editorial,
le resultaba insoportable tener dos padres, yo lo había
formado a él. En ese momento formidable de sueldo,
me cambiaron a la Secretaría, me dieron un escritorio
hermosísimo y durante mucho tiempo, ninguna participación
en nada. Yo me quería ir, mis compañeros
insistían, "no le podés regalar dieciséis
años de tu vida a una empresa comercial",
y eso me costó una hepatitis. Mi padre decía
que no había que hacerle "castigosangre"
a la sangre, y yo me había hecho mucha mala sangre.
Escuchá una anécdota, creo que pasé
la cúspide, el punto más alto de la hepatitis,
levantado.
-¿Cómo, no se notaba?
-No me había dado cuenta; en un interregno matrimonial,
cuando yo vivía con mis viejos, en Flores, era
el catorce de marzo del '64, día de mi cumpleaños,
le dije a mi mamá, "¿sabés?
me afeité la mitad de la cara y no tengo ganas
de seguir". "Vos siempre el mismo loco... vení...
vení..." Me había preparado una parva
de medialunas, sentí el olor y las rechacé.
Teresa no te podés imaginar con que esfuerzo terminé
de afeitarme, ese día se había cumplido
el aniversario de la muerte de Aurelio Ferretti, llegué
al cementerio de Chacarita y el primero en verme fue el
doctor Enrique Grande, "¿cómo viniste,
si tenés ictericia?". Dije unas palabras con
una dificultad terrible.
-Por distintas razones tus padres, tus hijos, tus nietos,
estuvieron en esta charla. ¿Te agrada vivir en
familia?
-Me gusta vivir en familia, pero por lo que te decía
antes, al no ser más expresivo, soy un hombre de
mucha lectura, de poco hablar en casa, debe ser difícil
para quienes me rodean, aunque ahora María me mueve
a una elocución más espontánea.
Hermosa, la melena clara, la mirada recorriendo el espacio
que le otorgó a Onofre Lovero el Premio Mecenas,
por su Contribución al Desarrollo de las Actividades
Culturales; así vimos a María, esa noche
festiva, del seis de mayo de 1998.
-Onofre, ¿hoy cumplís una función
docente?
-Ahora no, yo hice docencia en Los Independientes, porque
allí venía gente de toda procedencia, generalmente,
sin preparación teatral previa; nos preocupábamos
en darle una formación elemental para llevar adelante
las necesidades del teatro, yo enseñé interpretación,
ética. Mucha gente me recuerda de esa época,
como maestro, ahora lo que hago son charlas, cuando me
piden que hable sobre teatro, sobre mi experiencia, lo
hago con mucho gusto. Hoy no me disciplinaría como
pedagogo teatral, estoy en otra actitud, más filosófica,
en eso que vos advertiste, con esa paz.
-Podríamos hablar de sabiduría.
-Es una palabra impactante, es un aprendizaje que uno
va haciendo.
-Sos un referente imprescindible, ético.
-Mi comportamiento ha sido siempre fundamentalmente ético,
he resignado situaciones cómodas, estimo que a
esta altura de mi vida no puedo sino ser consecuente con
mi ideología y mis principios. Mirá, me
pasan cosas como estas; a los diecisiete años me
afilié al Partido Socialista, era orador del partido,
participé junto a Ghioldi, cuando se produjo la
escisión y se constituyeron el Partido Democrático
y el Argentino, es como si se hubieran separado papá
y mamá. Yo comprendo que es una actitud romántica,
pero nunca más quise incorporarme a ninguno de
los sectores, soy amigo de todos, los quiero entrañablemente,
mi ilusión es que el Partido Socialista logre unirse.
-¿Cuál sería tu sueño en
este momento argentino?
-Recién te dije que soy un romántico, un
utópico, ni la globalización ni la tecnificación
ni los tecnócratas me apasionan, no es que me mantenga
aislado de los adelantos de la cibernética, pero
yo me propuse aprender a manejar una computadora, sigo
manejando esta vieja máquina -señala- y
tengo en mi casa una más vieja
-¿La Royal... ? (Risas).
-No, pero es contemporánea a la Royal, es una máquina
checoslovaca y sigue funcionando magníficamente.
Me gustaría transitar un país menos preocupado
por el neo-liberalismo, por la bolsa, por las encuestas
de opinión; sería muy feliz si los maestros
estuvieran bien remunerados, si pudieran ser realmente
formadores de los chicos, sería feliz si la gente
con menos recursos pudiese ser atendida en un hospital
con la idoneidad con que a mí me atienden en la
Obra Social de Actores, que no tuviésemos que avergonzarnos
frente a un jubilado. Es un privilegio, también,
tener un Premio Municipal que me hace acreedor a una pensión
vitalicia en dinero, no sé si me lo merezco, me
cuesta aceptarme como alguien que ha hecho cosas importantes.
-Los hechos demuestran lo contrario.
-Sí, cuando voy al Payró y veo que una placa
del Consejo Deliberante destaca a ese lugar como uno de
los lugares de Cultura de Buenos Aires, pienso, eso lo
hice yo, lo sé... Nunca me he sustraído
a ir al interior y hablar con la gente, fue muy emocionante
lo que ocurrió en Murfi, al sur de Santa Fe, ciudad
que yo desconocía hasta que me invitaron. El treinta
de abril del '97 se hizo una fiesta del teatro independiente,
viven allí cuatro mil habitantes, participaron
en un acontecimiento teatral callejero bellísimo,
que se concretó en la inauguración del Monumento
del Teatro Independiente, en la plaza principal de esa
localidad. Es importante que las personas puedan reunirse
e intercambiar opiniones sobre el teatro y sobre las necesidades
del lugar. En las provincias hay un movimiento teatral
de primer orden, el único problema es que los actores
no pueden trabajar profesionalmente, salvo en las grandes
ciudades; Mendoza, Córdoba, Rosario; hay que destacar
el nivel de los elencos, el teatro es un hecho mágico
que se reproduce. En el prólogo de la Comedia del
Arte; en un italiano macarrónico decía:
"que le venga un cáncer a esta profesión
y a quien fue su inventor, yo podía haber elegido
otra profesión, pero cuando me junté con
los actores creí que iba a tener una vida llena
de gloria, que iba a comer muy bien, que iba a beber mejor,
que me iba a alojar en los mejores hoteles; en cambio,
todos los días estoy yendo de una parte a la otra,
a veces por sierra, a veces por mar, y lo que es peor
comiendo en fondas malolientas donde la comida es pésima
y donde se duerme aún peor y se paga muchísimo".
Cuando uno gasta un par de zapatos en el escenario no
lo abandona jamás.
-¿Qué opinás, Onofre, sobre la
dramaturgia argentina de los últimos años?
-Tenemos una pléyade de autores entre los que se
cuentan Armando Discépolo, Eichelbaum, y otros
grandes dramaturgos; y la generación intermedia,
Gorostiza, Cossa, Somigliana, Halac, y mucha otra gente;
y hay una generación más joven, inquietante,
no sólo inquieta, con una óptica muy diferenciada,
no solamente de aquellos autores clásicos, sino
de los que acabo de nombrar. Hay un teatro sólido,
nacido del teatro independiente; los jóvenes, además,
producen sus propios espectáculos y muchas veces
los dirigen, todo eso es muy positivo.
-¿A la palabra crisis, qué valor le asignas
en el teatro?
-¿Qué quiere decir crisis? Yo creo que si
se lo hubieran preguntado a Eurípides o Sófocles,
ellos también hubiesen dicho que el teatro estaba
en crisis, porque se renueva, porque se agita constantemente,
siempre aparecen actrices y actores interesantes, autores
con propuestas distintas. El teatro es un Ave Fénix,
renace de sus cenizas, no tengo ninguna duda.
-¿Reconoces a las escuelas de teatro como un
lugar formativo en el trabajo actoral?
-Me parecen importantes, la gente tiene que prepararse
y las escuelas contribuyen a la formación; claro
que el talento no lo otorga ninguna escuela, pero el teatro
no se hace exclusivamente con el talento, también
requiere del esfuerzo cotidiano, del trabajo diario.
-Onofre, ¿te considerás un hombre afortunado?
-Soy un hombre de mucha fortuna, porque he recibido una
carga afectiva continua; de mis padres, de mi hermana,
de mis parientes y no creas que es demagogia, hace poco
se reunieron en casa de mi hermana unos treinta y cinco
deudos, a muchos de ellos no los conocía, y me
hablaron de un modo que me conmovió. He recibido
el afecto de mis compañeras, mantengo con la madre
de mi hija Mónica una vieja amistad, y con otras
compañeras con las que conviví la relación
es de profunda cordialidad, salvo con alguien que hace
once años que no me saluda. Tengo un gran agradecimiento
en mi vida, desde chico compartí el cariño
de mis familiares, de mi tía Anita, que me dejaba
mojar el pan mientras hacía el estofado.
-No cualquiera se animaba a mojar el pan mientras el
estofado hervía sobre el fuego.
-Mi mamá no me dejaba, mi tía Anita era
la hermana mayor de mi mamá, estaba casada con
mi tío Onofrio, primo hermano de mi padre.
-Lovero te propongo un unipersonal con esta historia.
-Lo voy a tener en cuenta, muchas veces me lo ha dicho
Francisco Javier, tenés que subir al escenario
y contar.
-Absolutamente de acuerdo, no hay derecho a que te
guardes lo que ya no te pertenece.
-Teresa querida, agradezco tu afecto, gracias por nuestra
vieja amistad y por este aporte que me permitís
hacer.
Entrevista extraída del libro de Teresa Naios
Najchaus, Conversaciones con el teatro argentino de hoy,
Instituto Nacional del Teatro, Colección Homenaje
al teatro argentino; Bs. As., 1999. |