Varios
son los galardones que obtuvo el Grupo Catalinas Sur desde
su creación, en 1983.
Premio Konex a la década 1990-2000, premio María
Guerrero, ACE, Siglo XXI, Pepino el 88, Florencio Sánchez,
Podestá, aplaudido el Fulgor Argentino en el Festival
Grec 2001, realizado en Barcelona, a sala llena en Buenos
Aires desde 1998, el grupo nacido en una plaza mantiene
el espíritu que lo define intervecinal, por las
redes que se fueron gestando.
"Seguimos siendo un grupo de vecinos que trabajamos
para nuestros vecinos de todos los barrios", nos
dice Adhemar Bianchi.
En el Galpón de Catalinas, centro cultural con
distintos talleres que recibe el apoyo del Programa Cultural
en Barrios, Promoción de la Secretaría de
Cultura de Buenos Aires desde 1993; Adhemar Bianchi dialoga
con Francachela (y ahora reproduce El Muro) sobre esa
experiencia que nucleó en Los Comediantes. primer
espectáculo del grupo, en una fiesta teatral coincidente
con el inicio de la democracia en la Argentina.
Utopía y Resistencia se nutren en la propuesta
"Por la alegría contra la muerte", alegría
compartida contra la globalización que insiste
en destruir la identidad, la pertenencia.
-¿Podríamos
considerar a El Galpón de Catalinas un hito en
la actual escena argentina?
-Diría, que es un rescate de cosas que están
en nuestra cultura, en nuestra memoria teatral; nuestras
formas responden a lo que podría ser el sainete,
la zarzuela, la opereta, los títeres, a lo que
son las viejas corrientes de nuestro teatro. Conceptualmente,
nuestra problemática no tiene que ver con un drama
psicológico ni con un personaje, esa confluencia
de técnicas populares y temáticas sociales
es lo que le ha dado repercusión en la gente, se
empieza a conocer el proyecto y de repente algunas entidades
nos invitan, como el caso de Barcelona.
-¿Ese
reconocimiento se da por la problemática, por la
estética, por los temas?
-Yo creo que es una confluencia, el teatro es una forma
de comunicación entre los hombres, requiere que
alguien actúe y alguien lo mire, después
podés agregarle lo que quieras.
-¿Qué
tipo de espectador asiste al Galpón de Catalinas?
-El 75,80% de nuestro público no va al teatro,
y viene al Catalinas... En un documento dijimos que el
vecino del 4º B al ver que el vecino del 3º
A está haciendo Shakespeare en la plaza, se dice...
¿por qué yo no puedo...? Hay una empatía,
una simpatía de la gente por ver a sus iguales,
me parece importante destacarlo. Por otro lado, nuestras
temáticas siempre tienen que ver con lo social,
con el rescate de las técnicas populares, su utilización
más o menos adecuada contribuyó a la recomendación
"boca a boca", las críticas sirven para
el núcleo que las lee.
-¿Cómo
trabajaste con las personas que nunca hicieron teatro?
-Al principio en nuestro teatro no había escuelas,
los cómicos empezaban siendo partiquinos, en nuestro
caso el núcleo básico al inicio fue con
gente de treinta y cinco, cuarenta años, sin vergüenza
de estar probando cosas. Ahora en el elenco hay gente
de La Boca, de Barracas, de San Telmo, y de barrios más
lejanos, somos un teatro de vecinos que toma esto con
el concepto materno, en el sentido francés de la
palabra, amador de lo que hace. Nuestros niños
se entusiasmaron con el teatro, empezaron aquí,
hoy están cerca de los treinta años, son
profesores de títeres, de circo, tenemos trapecistas,
malabaristas, los llaman de otros lados, son estupendos,
con una formación realmente buena, el estudio por
un lado, y por otro, la práctica.
-¿Hubo
modificaciones en vos, a partir de esta experiencia?
-Mirá, yo no me doy cuenta, porque las modificaciones
no se dan de un día para el otro. En todo caso,
si pienso que vengo del teatro independiente, con todo
el tema de la formación, darme cuenta de que hay
determinadas formas teatrales o de docencia que no funcionan,
hicieron que intelectualizara menos.
Nosotros no trabajamos sobre el actor, sino sobre el grupo,
sale algo muy potente desde lo teatral, se trabaja con
el cuerpo, con el juego, sin intelectualización
del tema; en todo caso les digo que lean El espacio vacío,
de Peter Broock, para mí es un libro bastante claro.
-¿Cómo
nació tu idea de este tipo de teatro?
-Yo vengo de una formación clásica en Uruguay,
soy oriental, estuve en la Escuela de Arte Dramático
y en el Teatro Circular, fui asistente de Omar Grasso
y de Jorge Curi. Al pasar por los griegos, Lope de Vega,
Shakespeare, uno se da cuenta que lo que hoy se llama
teatro clásico en el fondo era teatro popular,
con todos los elementos que se utilizan ahora. En los
años '70, '80 entre mis idas y vueltas de Uruguay
a la Argentina, la Asociación de Bancarios de Uruguay
había organizado una especie de juego: competían
en truco, en carrera, en fútbol, y también
hacían un show de teatro, tipo comedia musical,
era una forma de mantener la cohesión, de resistencia
contra la dictadura. Me pidieron una mano y yo propuse
hacer teatro en la plaza, aquellos juegos son el germen
que me encendió, la formación del teatro
independiente, si querés académica, me sirvió
para ver lo popular.
-¿Elegiste
este barrio, o el barrio te eligió a vos?
-Fue muy divertido... En el '73, cuando bajé del
puerto, fui entrando al barrio y me gustó muchísimo,
era un barrio con un parque en el medio, un barrio hacia
afuera y hacia adentro, y no conseguí vivienda
en la Costanera Sur sino en La Boca; mis hijos se anotaron
en las escuelas de este barrio, y aquí estoy desde
que llegué. La autopista nos provocó un
problema grave, con el ruido no se podía hacer
teatro en la plaza, ya teníamos un local chico,
cada vez más chico para los ensayos, cuando buscamos
un galpón dónde guardar cosas, hacer fiestas,
funciones. Este galpón estaba cerrado, un día
un señor salía de aquí, y lo hinchamos
tanto que al final lo alquilaron con el compromiso, si
queríamos, de venderlo, hicimos una hipoteca y
la pagamos mensualmente durante dos años, fueron
180.000 dólares en total.
-¿Diez
y ocho años después, permanece el grupo
inicial?
-Deben quedar unas seis, siete personas. Ahora hay muchos
jovencitos, hijos de los actores, hay nietos, a veces
trabajan tres generaciones de la misma familia.
-¿Es
posible la incorporación de nuevos integrantes?
-Durante años entraban directamente, después
hubo problemas de organización, y de acuerdo al
convenio que hicimos con la municipalidad los talleres
se abren en el mes de abril, cuando lo hacen los centros
culturales. No hacemos audición, charlamos, les
contamos, y se quedan los que quieren, sin límite
de edad, trabajan durante un año en los talleres,
después se integran en los espectáculos.
-¿Es
factible trasladar esta experiencia a otros ámbitos?
-Hemos tenido en Europa gente que hizo con nosotros trabajos
de campo en las Universidades de Comunicación,
de Sociología, de Psicología Social. En
Posadas hemos armado un grupo de 80 vecinos que después
fue a Oberá y armó otro grupo; trabajamos
con salvadoreños del barrio hispano, en los Estados
Unidos, y ellos vinieron aquí a hacer una pasantía
y luego montaron un espectáculo allá. Donde
nos piden nuestra experiencia, nosotros la brindamos.
-Hablemos
de El Fulgor Argentino...
-Con Ricardo
Talento y Los Calandracas, un estupendo grupo, realizamos
una experiencia de hermandad, son actores que hacían
teatro en la calle, en Barracas. Lo invitamos a Talento
a dirigir y él propuso una co-dirección,
empezamos a trabajar los dos y con el grupo de dramaturgia
del Galpón escribimos un espectáculo que
iba a ser de tres días: los viernes, hasta el año
'30; los sábados, el peronismo; y hasta el golpe,
los domingos. El Fulgor Argentino nació del recorte.
-¿Existe
en el Catalinas un criterio antropológico del teatro?
-Bueno... si
uno plantea al teatro antropológico al estilo de
Eugenio Barba yo diría que no hay un nexo; por
más que Barba lo aclara, yo creo que es una visión
europea que mira el hecho cultural o ritual del hombre
latinoamericano con una observación exterior, no
nos olvidemos que en América Latina la visión
es más antropológica social. Más
allá de los estupendos espectáculos que
se pueden haber hecho, la teoría de Barba, uno
de los teóricos más importantes, no sirve
para América Latina. Los llamados grupos barbísticos
estuvieron muy encerrados, yo creo en la patria grande
y continental, o sea, que respetando absolutamente la
diversidad, pienso que no tenemos nada que ver con esa
teoría.
-¿Y
ahora, cuál es la propuesta del Catalinas?
-Quinquela Martin
es un proyecto, queremos armar algo sobre su vida, su
historia en un asilo, su adopción por unos carboneros;
él pintaba con la carbonilla mientras descargaban
los barcos. Nunca salió de La Boca, fue famoso
en el exterior y muy poco reconocido por la elite intelectual
y cultural; creemos que la vida de Quinquela es muy interesante
para hacer un trabajo sobre lo que fueron los distintos
hechos culturales de la Argentina, ahí lo tenés
a Gardel, a Evita...
-¿En
esta situación crítica por la que atraviesa
el país, qué perspectiva laboral hay para
nuestros actores?
-Ricardo (Talento)
y yo decimos que en esta época dura mucha gente
de teatro se deprime, se queda encerrada en los sótanos,
en los cafés del centro, pensando que no se pueden
hacer cosas. Sin embargo en los barrios hay plazas, lugares,
hay que salir de los nichos, de los centros culturales,
golpeados económicamente, y ver en la autogestión
y en el trabajo lo que se puede hacer con la gente; hay
muchas posibilidades y muchas más necesidades de
la expresión artística.
-¿Catalinas,
le alquila su teatro a otros grupos?
-No podemos, la sala está a full tres días
por semana con los espectáculos y el resto con
los talleres y ensayos, alquilamos un local, al lado,
y tal vez en algún momento lo podamos comprar.
No es nuestra política alquilar la sala, si la
propuesta nos interesa realizamos un proyecto en común,
algunas veces donamos funciones a escuelas o instituciones,
lo hicimos para Familiares, para Hijos, hacemos cosas
que tienen que ver con nuestra función social.
-¿Después
de los premios, qué sentís?
-No creo demasiado en los premios, igual que a Gené
las ternas no me interesan, no soy juez en los concursos,
pero si alguien tiene la amabilidad de premiarnos -sonríe-,
es una falta de gentileza no aceptarlo.
Nosotros decimos cantando...
"Hemos salido en los diarios, en la tele y en la
radio, ahora nos dan premios, pero no nos lo creímos,
seguimos siendo vecinos".
Recordamos que en una choriceada organizada por la mutual
de padres de una escuela, nació el Grupo de Teatro
Catalinas...
Entrevista editada en el Nº 23-24 de Francachela Revista
Internacional de Arte y Literatura. |