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PAGINA INICAL DE TANGO |
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sandwich y la epanadiplosis |
Quizás
resulte de interés comentar que la palabra sandwich,
vocablo internacional que designa al emparedado, deriva
del cuarto conde de Sandwich, John Montagu (1718 -1792),
gran jugador de naipes que, durante sus maratónicas
partidas, se hacía preparar pequeñas porciones
de vianda entre dos rebanadas de pan. La finalidad era
doble: comer sin ensuciarse las manos y, fundamentalmente,
no tener que abandonar la mesa de juego.
Y al sandwich, al que en confianza se lo suele llamar
sánguche, y que cuando es pequeño pasa a
ser un sanguchito o un chip, los porteños, por
gusto o por costumbre, lo seguimos prefiriendo de jamón
y queso.
Digamos también, por considerar que viene a cuento,
que una cosa es comerse un sandwich y otra muy distinta
es hablar en sandwich. Tan distinta que hasta tiene un
nombre propio: epanadiplosis.
La epanadiplosis es una figura retórica que consiste
en repetir al fin de una frase el mismo vocablo con que
empieza: Se la dio de contundencia, se la dio. Tenemo
que morfar, tenemo.
Y otro buen ejemplo lo encontramos en los últimos
versos del memorable soneto titulado Biaba, de Celedonio
Flores: |
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Pero ella se olvidó, sucia y borracha
llegó como a las nueve la muchacha
por seguirle la farra a un mishetón.
Los bifes –los vecinos me decían–
parecían aplausos, parecían,
de una noche de gala en el Colón. |
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