Son
gentilicios los adjetivos calificativos que señalan
el lugar de donde es originaria una persona o cosa, afirmando
así su singularidad. Pueden indicar una ciudad,
como rosarino, de Rosario; un continente, como americano,
de América; un país, como argentino, de
Argentina; o una región, como patagónico
para el que está con los pies en la Patagonia,
o rioplatense para el que los tiene en ambas orillas del
Plata. Los gentilicios suelen formarse mediante una gran
variedad de sufijos, respetando en parte el nombre del
lugar de origen.
Veamos algunas excepciones:
Suele llamársele ruso, aunque no haya nacido en
Rusia, a la persona de origen hebreo; y eso, por haber
provenido la inmigración judía a la Argentina
mayoritariamente de aquel país. En este caso, el
hiddish le aportó al lunfardo la palabra moishe
o móishele, diminutivo de Moisés, que, también,
devino en gentilicio de judío.
Gaita, palabra lunfarda con la que llamamos al nacido
en Galicia, al igual que gallego o yoyega, extiende su
significado y pasa a ser sinónimo de español.
Otro ejemplo lo encontramos en la palabra tano, que proviene
del acortamiento de napolitano, y se utiliza no sólo
para designar a los de Nápoles sino a los italianos
todos.
Yoni, deformación de Johnny, Juancito, que ha pasado
a ser gentilicio de inglés, por extensión
pasó a serlo también de norteamericano.
Con el gentilicio turco, por lo general, no nos referimos
en exclusividad al natural de Turquía, sino también
a toda persona de ascendencia árabe o musulmana.
Y por último el che, que, debido a la frecuencia
con que lo utilizamos, pasó a ser, preferentemente
en Centro América, sinónimo de argentino. |