Si
bien el lenguaje de los gestos nace como una lengua de
necesidad entre los sordomudos, en el mundo del hampa,
con tendencia a la ocultación frente a personas
ajenas, el lenguaje gestual se impone como lengua secreta.
Y así como hay un lunfardo hablado, también
existe un lunfardo de señas. Es un lenguaje que
se practica con las manos, como el de algunos indios de
Norte América, el de los trapenses o el de lo boy-scouts.
Hablando de este tema, Edmundo Rivero, que cantó,
en el sentido lírico del término, en casi
todas las cárceles de Buenos Aires, solía
traer a cuento estos ejemplos: pasarse la mano por la
solapa quiere decir: ¡Ojo, viene la cana!; pasarse
el dedo por la mejilla o rascársela, significa
“Cuidado, el tipo que tenés al lado es un
batidor”. Pasarse el dorso de la mano por la mejilla
de arriba abajo quiere decir “ese tipo es un cara
afeitada, un cara lisa, un cafishio o explotador de mujeres”.
Una vez, en una cárcel, Rivero le preguntó
a un interno por qué estaba allí. Y la respuesta
fue la siguiente: “¡Dequerusa, La Prensa!”
y dejó de hablar. Lo que ocurrió fue que
en ese momento pasaba un guardián, y se dio cuenta
de que estaba siendo vigilado. El preso había querido
decir: ¡Cuidado, el guardián! Y lo de Prensa,
porque lo informa todo. |