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NPáginas Lunfas
por Luis Alposta »n
« PAGINA INICAL DE TANGO
De algunos vulgarismos utilizados por los médicos
Con respecto a los vulgarismos empleados por los pacientes, y que han originado más de una anécdota hospitalaria, recordaré el caso de un señor que pedía que le tomaran “la presión sanguinaria”; y aquel otro que estaba dispuesto a “pagar lo que fuese por un suero entero”, después de haber escuchado que el médico le pedía a la enfermera un suero dextrosado.

Pero, trataré de ser justo y fuerza es reconocer que el lenguaje de los médicos no se halla exento de estas anormalidades. Por lo tanto, intentando someter a diagnóstico estos padecimientos de la expresión verbal, comenzaré por las transmutaciones del sexo.

Así, por ejemplo, muchas veces los médicos masculinizamos palabras tan femeninas como una mariposa, y decimos “el” sístole por “la” sístole, “el” diástole por “la” diástole, “el” dermis por “la” dermis, “el” esperma por “la” esperma y “el” eczema por “la” eczema.

Por el contrario, a veces feminizamos sin compasión palabras masculinas, y decimos “la” orden del día por “el” orden del día.

Enema, en su acepción exonerativa, es “el” enema, como “el” edema, “el” teorema, “el” dilema, vertiendo así al género masculino como es costumbre, el género neutro de los respectivos vocablos griegos. Pero el Diccionario de la Real Academia Española autoriza la feminización del término enema, siempre dentro de la acepción exonerativa. Por lo tanto, es lo mismo “el” enema que “la” enema. Este podría ser un caso de hermafroditismo.

Otro caso aparentemente similar para un observador distraído, pero que evidentemente no lo es, lo tenemos en “la” coma y “el” coma. Porque “la” coma es una pausa en la oración y “el” coma es una pausa seguida de una oración.
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