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NEl universo mágico del Tango
por Tomás Barna »n
« PAGINA INICAL DE TANGO
Esa vibración del alma llamada tango
El tango era... antes de ser. Porque el tango se identifica con lo infinito y con el todo. Es el alba, el crepúsculo... y es la noche, la luz y la sombra. Es el aire, el fuego, la tierra y el agua. Es la energía que precede a la creación y es la energía que modifica, sin cesar, lo creado. Es la vida... y es la muerte. Es la tristeza, la soledad, pero también es la amistad y la alegría de amar. Es el espíritu. primigenio que buscó un lugar en la inmensidad del espacio con el anhelo de poder adquirir cuerpo para transmitirle al ser humano el mensaje de su misterio, haciéndolo tangible.
Y fue en Buenos Aires, allá. por 1880, donde se produjo el milagro: la gestación de esa esencia llamada TANGO. Y allí encontró su cauce toda una forma de sentir, de expresarse, de ser, que es la síntesis maravillosa de la angustia y la alegría de existir.

En las orillas del puerto de Buenos Aires y en la zona sureña de los arrabales de la ciudad, allá por las postrimerías del siglo XIX, hormigueaban los desheredados: hombres sin trabajo, ex combatientes de las guerras nacionales, otros... perseguidos por la justicia, prostitutas, los últimos gauchos y gran parte de la ola inmigratoria que se iba asentando en la Capital que crecía a pasos agigantados. Estos seres se fueron amalgamando con un sector del criollaje que se sentía cada vez más marginado por la sociedad.

Comenzaba a escribirse allí –en medio del desarraigo que unía, en cierto modo, a esa gente– la primera página de la historia del tango. El barrio típicamente inmigrante era la Boca, a poca distancia del puerto y a orillas del Riachuelo. La mayoría de sus habitantes eran oriundos de Italia (sobre todo de Génova.). Y en ese ámbito se hallaba el eje de la vida nocturna de la denominada época prohibida del tango. Ello se debía a que esta danza –en sus comienzos– se la practicaba en los bajos fondos de la ciudad, en bailetines, piringundines y prostíbulos.
En el centro mismo de la Boca –en la famosa esquina de Suárez y Necochea– había cuatro Cafés que competían presentando a algunas de Ios primeros músicos importantes del tango: Francisco Canaro, Roberto Firpo, Vicente Lo Duca y Eduardo Arolas.

El arrabal fue el paisaje interior del que germinó este arte singular: el TANGO, producto de un nuevo fermento de necesidades engendrados por la convivencia de un mundo de razas disímiles (españoles, italianos, polacos, rusos, judíos, árabes, franceses y criollos).

Dos primeros acordes del tango se escucharon interpretados en tres instrumentos: guitarra, flauta y violín (los tríos primitivos). A veces se agregaba un arpa pequeña. Hasta que encontró su voz, su “médium”, por obra y gracia del bandoneón, a quien el hombre rioplatense le supo injertar su propia respiración, sus latidos, su nostalgia, ciertos tintes melancólicos, sus sueños y su forma peculiar de expresarse.
Desde el "pardo" Sebastián Ramos Mejía –uno de los primeros bandoneonistas–, pasando por Chiappe, Arolas, Juan Maglio "Pacho", Maffia, Láurenz, Carlos Marcucci, Ciriaco Ortiz, Ruggiero y el inefable Aníbal Troilo (“Pichuco”), hasta los vanguardistas Rovira y Piazzolla, el lenguaje musical del tango fue "in crescendo”, enriquecido por músicos excepcionales de la talla artística de Julio De Caro, Fresedo, Di Sarli, Gobbi, Salgán y Lucio Demare, entre otros. Y en el plano vocal brilla, por supuesto, el máximo, el maestro de los cantores e –incluso– de los músicos de tango: Carlos Gardel.

Con estilos, concepciones, escuelas distintas, el tango ha avanzado por el camino que se supo abrir, siendo siempre fiel a su soplo esencial, de raíz criolla, sin perder jamás su fuerza y autenticidad visceral.
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Francisco Canaro Roberto Firpo Eduardo Arolas Aníbal Troilo “Pichuco” Astor Piazzolla
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Julio De Caro Fresedo Di Sarli
Gobbi Salgán
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Juan Maglio "Pacho"
Ciriaco Ortiz Pedro Maffia Pedro Láurenz Carlos Gardel
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