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NEl
universo mágico del Tango |
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por
Tomás Barna »n |
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PAGINA INICAL DE TANGO |
| El
embrujo de la danza del tango |
Intentaré
transmitir lo que experimenta una pareja de bailarines
de tango uando –vibra muy dentro de ellos–
el sentimiento de lo rioplatense, de lo porteño
y –por ende– de lo argentino. Ese varón
y esa mujer están gestando, al conjuro de un mágico
contrapunto, una nueva coreografía. Ambos danzarines
–con sus cuerpos en fusión y la mente liberada
de todo pensamiento– se hechizan mutuamente de una
manera casi irracional, y sus piernas y sus pies adquieren
la misteriosa sabiduría de los brujos.
Cada uno de los integrantes de la pareja se olvida de
sí mismo penetrando espiritualmente en el otro.
Es una suerte de embriaguez, de pasión, de necesidad
de proyectarse, de captar –en un instante–
la eternidad. Es un auténtico orgasmo metafísico
(¿por qué no?), ya que en el acto de bailar
el tango hay una búsqueda secreta del infinito,
una voluntad irreprimible de escapar del vacío
existencial y un goce de orden estético –provocado
por las figuras que se ejecutan, los desplazamientos en
el espacio y la fascinación de los movimientos–.
Y todo ello está vehiculado por el acercamiento
de ambos cuerpos que se hacen UNO gracias a un fenómeno
de ósmosis misterioso que nace de la seducción
que ejerce sobre los bailarines la propia música
que les transfiere la esencia de la porteñidad,
que –implícitamente– es una de las
esencias de la argentinidad. |
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Andrea
Hoffman y
José María Cornejo |
Cuando
el tango era
cosa de hombres |
Esthercita
y Cachafaz |
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