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NEl universo mágico del Tango
por Tomás Barna »n
« PAGINA INICAL DE TANGO
La escuela Decareana

Agustín Bardi


Alfredo Gobbi


Astor Piazzola


Elvino Vardaro


Elvino Vardaro y
Osvaldo Pugliese


Enrique Delfino


Francisco De Caro


Horacio Salgán


Julio De Caro


Osvaldo Fresedo


Osvaldo Pugliese


Pedro Laurenz


Pedro Maffia


Roberto Firpo


Sexteto Tango


Sexteto Tango
Avanzando por la senda fascinante que fue surcando el Tango notamos que, nacido en la atmósfera nebulosa de los arrabales porteños, se instala luego en la luminosidad del centro de Buenos Aires. Esta música –surgida de la soledad de seres marginados– tiene necesidad de expandirse, de ir al encuentro de otras capas sociales. Son los últimos años de la línea tanguísticas denominada “Guardia Vieja”, que marcó una sensible evolución con respecto a los tríos primitivos. Dos compositores (Agustín Bardi y Eduardo Arolas) ya le habían abierto senderos revolucionarios al Tango.

En ellos descubrimos los primeros signos de una verdadera orquestación, que luego cristalizó Roberto Firpo. El bandoneón de Arolas impone una nueva utilización de los ritmos básicos del Tango. Ritmo y armonía se funden con fluidez, sin esfuerzo, con la melodía, gestando un todo indisoluble, ofreciendo las pautas de un nuevo lenguaje que expresa la esencia de la idiosincrasia a la vez porteña y criolla. Estamos en 1915.

Agustín Bardi (pianista, violinista y autor de tangos bellísimos, es calificado por Horacio Ferrer como el “Compositor de los músicos”. Su composición musical desborda de exquisiteces, de audacia y de invención. En el tratamiento de la melodía, la armonía y el ritmo, es precursor de la “escuela decareana”, con la que entraremos en contacto dentro de un instante.

Al comenzar la década del 20 se advierte un notable avance en la evolución de la música de tango, lo que se manifiesta en el “Trío Select”, compuesto por Enrique Delfino (piano), Tito Roccattagliata (violín) y Osvaldo Fresedo (bandoneón). Con ellos, y agregándole el poder del imaginativo y de la sensibilidad de Roberto Firpo, se inicia el arte de la orquestación del Tango.

Bardi y Arolas creaban nuevas riquezas armónicas, mientras que Osvaldo Fresedo brindaba un admirable equilibrio sonoro y una nueva concepción estética, abriendo el camino que conduciría al nacimientote la “Guardia Nueva”… cuyos nombres claves son: Fresedo, Delfino, Juan Carlos Cobián, el violinista Elvino Vardaro, el pianista Francisco De Caro, y –fundamentalmente– el gran músico Julio De Caro, quien aunó las ideas matrices de ese movimiento renovador, y con su famoso Sexteto de los años 20 gestó la Escuela Decareana –base de toda la música evolucionista del Tango… hasta nuestros días–; él rompe con la “Guardia Vieja” conservando, no obstante, los elementos esenciales del tango, transformándolo en el reflejo de las vicisitudes de la vida en la ciudad creciente.

Con Julio De Caro (nacido el 11 de diciembre de 1899 y fallecido el 11 de marzo de 1980) el Tango toca uno de los puntos culminantes de su trayectoria. De Caro nos permite captar todas sus posibilidades, poniendo de relieve su excepcional riqueza musical; si escuchamos una grabación… del año 1928 (se trata de un fragmento del tango “Boedo”,de Julio De Caro, con el al frente de su Sexteto) observaremos que ya esta allí, en germen, Astor Piazzolla… veinticinco años antes de su eclosión! Y la misma sucede con tangos como “La rayuela” y otros de renovada concepción instrumental de Julio De Caro.

En la orquestación de Julio De Caro hallamos toda la materia que enriqueció al tango contemporáneo (y estoy pensando, entre otros, en Astor Piazzolla. Horacio Salgán, Alfredo Gobbi y Osvaldo Pugliese –cuatro pilares del tango desde la década del 40 hasta hoy–).

Uno de los rasgos renovadores del Sexteto de Julio De Caro era su manera totalmente personal de dividir y acentuar el fraseo, sin vacilaciones, con una limpidez absoluta en cada nota. Julio De Caro puso su imaginación al servicio del tratamiento –en contrapunto– de los diferentes sectores instrumentales, así como en la intercalación de los solos: solos y contracantos para violín; él le agregó una corneta a su violín. En su orquesta afloraron variaciones maravillosas para bandoneón, a lo que hay que añadir solos y hallazgos armónicos insólitos para piano. En esto colaboró su hermano: Francisco De Caro. Algo que debemos mencionar aquí es que en 1925 (en la época donde comienzan los grandes aciertos innovadores de De Caro) un joven músico de 19 años ( el pianista Osvaldo Pugliese) había compuesto el tango “Recuerdo” –de una evidente dificultad de ejecución, desbordante de riqueza armónica y de bellísimos efectos de contrapunto, pleno de variaciones– y la primera grabación de “Recuerdo” se debió al Sexteto de De Caro.

La escuela decareana fue seguida por muchos de los mejores músicos de los diferentes periodos del tango. Al escuchar sus obras se puede captar –en ellas o en la labor de los arregladores– un “algo” que lleva el sello inconfundible de Julio y Francisco De Caro (¡los maestros!).

Comencemos por Pedro Laurenz (compositor, bandoneonísta y director de orquesta), quien se caracterizó por su imaginación musical y su maestría interpretativa, por su forma vibrante de tocar el bandoneón impregnándole una tensión emocional irresistible.

Uno de los pilares del tango es –evidentemente– ese compositor de refinado gusto, llamado Pedro Maffia; él fue, además, el primer intérprete que le supo dotar de poesía a la música que surgía del bandoneón. Su estilo era muy personal. Su fueye, sumamente expresivo, se destacaba por las notas graves, plenas de matices; siempre sobrio, retenido, confidencial, desbordante de calidez.

Otro de los instrumentistas señeros del tango fue Elvino Vardaro (violinista, conductor orquestal y compositor). Tocó con los mejores conjuntos, desde los años 20. Se destacó –entre muchas otras orquestas– en las de Fresedo y de Piazzolla. Además, en los años 30 fue co-director (con Osvaldo Pugliese) de un Sexteto cuyas interpretaciones han sido auténticas maravillas musicales. En ese mismo decenio integró el famoso Quinteto “Los Virtuosos”: Vardaro y Julio De Caro (violines), Francisco De Caro (piano), Ciriaco Ortiz y Carlos Narcucci (bandoneones); es decir, cinco de los mejores instrumentistas del genero durante esos años.

En 1950 uno de los más grandes renovadores de la segunda mitad del siglo 20 –Horacio Salgán– graba su tango “Don Agustín Bardi”, en homenaje a uno de los dos pioneros de la línea “decareana”. Salgán, ya en la década prodigiosa del tango… del 40, había demostrado la excelsa calidad de su talento tanto en su faz de autor (“Grillito” y “A fuego lento”) como en la de arreglador y director de orquesta.

La presencia de los De Caro en muchas de las mejores orquestas del decenio de los 40 fue un hecho irrefutable. Por supuesto que cada uno de los músicos que habían sabido recoger aquel mensaje tanguístico… aportaron –a su vez– elementos nuevos, acordes a su sensibilidad y a su estilo.

El verdadero portavoz musical, el que con mayor fidelidad y riqueza expresiva supo hacernos legar la belleza contenida en la concepción decareana fue –sin duda alguna– Osvaldo Pugliese.

Pero el Troesma (maestro) Pugliese merece un suspenso…, por lo tanto nos ocuparemos de su obra –en especial– como remate o coronación de esta travesía por “el universo mágico del tango”.

Entre los músicos decareanos de notable jerarquía debemos mencionar a Lucio Demare, Jorge Caldara, Alfredo Gobbi y –ya en la década del 60– los integrantes del Sexteto Tango (desprendimiento de la orquesta de Osvaldo Pugliese): Julián Plaza, Osvaldo Ruggiero, Emilio Balcarce, Oscar Herrero, Victor Lavallén y Alcides Rossi.

En los años 60 el rock oscureció la atmósfera del tango, con lo cual su auge se fue esfumando hasta llegar al extremo de sobrevivir, tímidamente, en estado de letargo. Pero, en medio de esa marisma en la que se debatía la típica música ciudadana, surgieron dos compositores que rompieron con los conceptos y las estructuras musicales propias del tango: Eduardo Rovira y Astor Piazzolla.

Las primeras composiciones de Rovira –durante los años 50– aún seguían los lineamientos relativamente clásicos del tango, pero ya se advertía una búsqueda de escape de lo que caracterizaba a ese género musical: un ejemplo de ellos es “El Engobbiao” (un hermoso tango que le dedico a su amigo Alfredo Gobbi). Luego entro de lleno en el ámbito de la música clásica contemporánea. Tocando los lindes de la disonancia, aventurándose en la música atonal, no estando muy lejos –en algunos pasajes de sus piezas– de sonoridades semejantes a las de algunas obras de Arnold Schoenberg. Claro esta que su bandoneón electrónico no dejaba de deslizar –aquí y allá– arpegios lancinantes que, innegablemente, remitían a estremecimientos nostálgicos y melancólicos propios del tango. Como ejemplo habrá que citar a: “Sónico”, “Opus 16”, “Azul y yo”, y “Preludio de la guitarra abandonada”.

Entre las décadas del 50 y 60 hizo eclosión y se desarrolló el talento creador de Astor Piazzolla, quien tocaba en la orquesta de Troilo en los comienzos de los años 40, destacándose ya entonces como compositor de jerarquía. Algunos de sus bellos tango de esa época son: “Prepárense”, “Para lucirse”, “Lo que vendrá”, “Adiós Nonino”, “Contratiempo” y “Triunfal”. Una de sus primeras piezas revolucionarias fue “Fracanapa”, y a partir de la segunda mitad de la década del 50 comenzó a crear “música de cámara contemporánea con raíces ciudadanas” –como tan bien lo definiera el escritor Gaspar Astarita, y con lo cual el propio Piazzola estaba totalmente de acuerdo–.

Ástor Piazzola se convirtió en uno de los más importantes jefes de fila de la corriente evolucionista del tango, proyectando a ultranza las ideas de los hermanos De Caro y entregándose a búsquedas inspiradas en la música de Béla Bartök, como así mismo en el jazz posterior a la impronta de Charlie Parker.

Entre la innumerable cantidad de obras, de esa índole, que nos dejo, citemos algunas de las más importantes: “Decarísimo”, “Retrato de Alfredo Gobbi” (en estas dos piezas no puede disimular su tributo a De Caro), “Las Cuatro Estaciones Porteñas”, “Nonino”, “Buenos Aires Hora Cero”, “Revolucionario”, “Tanguísimo”, “Kicho”, “Calambre”, “La Calle 92”, “Fuga y Misterio”, “Michelangelo 70”, “Contramilonga a la funerala”, “Tocata Rea” y “Tangata del Alba”.
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