
Agustín Bardi
Partitura:
¡Que noche!
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Este
excelso ejecutante del violín, nació
en la ciudad de la Flores –Pcia. De Buenos
Aires– el 18 de Agosto de l884. Habiendo sido
enviado a la casa de unos parientes paternos, radicados
en Capital Federal, cursó sus estudios primarios
y se vinculó por primera vez con la música
a través de la guitarra.
En 1908, comienza a trabajar como violinista, junto
a Genaro Espósito, en bandoneón, y
el tuerto Camarano, en guitarra, en el café
Royal y en un bar tanguero de la Boca llamado La
Taquera. El barrio de Quinquela le dio la posibilidad
de actuar en diferentes sitios, también como
pianista.
En 1911 compone su primer tango: Vicentito, dada
la gran admiración que siempre tuvo por su
amigo Vicente Greco, quienes integraron la misma
orquesta, actuando juntos en El Estribo. También
estuvo con Eduardo Arolas en el T.V.O., hasta recalar
en la gran orquesta de Francisco Canaro.
De 1916 es su tango Gallo ciego. En 1918,
trata de darle inspiración musical a la gran
nevada vivida en la ciudad de Buenos Aires durante
las primeras horas del 22 de Junio. El título
de la obra: ¡Qué noche!.
Este notable y prolífero compositor, realizó
obras que aún siguen recorriendo el mundo,
dada su naturaleza clásico-popular.
Recordemos sus títulos: Lorenzo, El baqueano,
El buey solo, El cuatrero, Chuzas, Se han sentado
las carretas, Rezagao, Pico blanco, El paladín,
El pial, C.T.V., Tinta verde, La guiñada,
Florentino, La racha, Viejo espejo, Independiente
Club, La orillera, Adiós pueblo, Gente menuda,
Florcita, El abrojo, El taura, Las doce menos cinco,
Barranca abajo, Acuérdate de mí. El
forastero, Misterio. Polvorita, La última
cita, El rodeo, Golondrina, Tiempos mozos, Tiernamente,
Cartas amarillas, Triste queja, Confidencia, Cachada,
Amén, Sin hilo en el carretel, A la sombra,
Nunca tuvo novio, Oiga compadre, No me escribas,
Tierrita, Madre hay una sola, Cabecita negra, Barranca
abajo, Flirteando.
El 21 de Abril de 1941, a los 57 años, sufre
un ataque al corazón que provoca su fallecimiento.
Según Osvaldo Pugliese, el tango sin Bardi,
no hubiera cambiado de forma. |