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NBuenos
Aires desde Barcelona, España |
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| Transgresiones
Urbanas. |
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Las
ciudades de Hispanoamérica tienen esa monótona
y prolija trama de calles y avenidas ortogonales que hace que
envidiemos los laberintos urbanos medievales, por eso sentimos
tanto placer cuando en la mitad de una cuadra nos encontramos
sorpresivamente con una especie de callecita breve que se abre
paso en el interior de la manzana transgrediendo la cuadrícula.
Hay más de cuarenta de estos fragmentos urbanos, lugares
tranquilos llenos de encanto e historia, son los pasajes de
Buenos Aires.
Surgieron a fines del S. XIX como una forma de aprovechar mejor
los profundos terrenos de 50 mts. que llegaban en aquella época
hasta la mitad de la manzana, aumentando con este recurso los
frentes disponibles, una forma de responder a la enorme necesidad
de vivienda de la Argentina de la inmigración, cuando
la población aumentó de 200.000 a 500.000 habitantes
en tan sólo 20 años. A partir de 1928 los códigos
urbanísticos, al exigir el pulmón de manzana,
firmó el acta de defunción de los pasajes.
Elegantes y despojados, o recreando patios andaluces o ambientes
parisinos, algunos atraviesan la manzana de calle a calle, otros
sólo se atreven hasta la mitad; pero también los
hay con formas de letras, como la U que dibuja el Pasaje de
la Piedad con entrada por el 1573 de Bartolomé Mitre
y salida por el 1525 de la misma calle.
A mí el que más me sorprende es el Pasaje Azucena
Butteler, porque atraviesa la manzana por las dos diagonales,
formando una x, y en el punto en el que se cruzan hay una casi
plaza bautizada Enrique Santos Discépolo o "plazoleta
escondida", las casas del pasaje son sencillas, la mayoría
de una sola planta, ya que fueron construidas en 1910 como vivienda
obrera también tiene su canción este pasaje -Sienten
mi regreso tus casitas bajas que al igual que entonces huelen
a jazmín; tu piso empedrado, tu pequeña plaza
que hoy evoca el nombre de Discepolín- ("Calle Butteler"
de Ernesto Pierro y Saúl Cosentino).
Para los que lo quieran visitarlo, la manzana del Pasaje Butteler
está limitada por Av. La Plata, Av. Cobo, y las calles
Zellarrayán y Senillosa, en el barrio de Boedo.
Muchos de los pasajes de Buenos Aires se van deteriorando tristemente,
como el de La Piedad, otros recuperaron su encanto original
gracias al esfuerzo de los vecinos, muchos fueron cerrados al
público, no sabemos si por seguridad o por egoísmo
de sus privilegiados habitantes. Debe ser lindo vivir en estos
espacios comunes y colectivos, donde uno se imagina, quizás
idealizando, una relación distinta entre los vecinos,
más cercana, menos anónima. |
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Para
los que quieran conocer algunos de estos cuarenta rincones
ocultos de la ciudad van aquí algunas direcciones:
Rue
des Artisans: Libertad 1240 - Arenales 1239
Uno de los más antiguos de la ciudad, fue construido
en 1887 por el arq. Giuseppe Bernasconi. Originalmente destinado
a viviendas, hoy la planta baja está ocupada por comercios,
tenía forma de L pero fue posteriormente dividido en
dos y restaurados con un toque parisino el que da a la calle
Arenales y con aires de la Toscana el que da a la calle Libertad.
Pasaje
Santamarina: Chacabuco 641 - México 750
Construido en 1915 en el barrio de Monserrat, de líneas
neoclásicas y abundancia de macetas
Pasaje
General Paz: Ciudad de la Paz 561 - Zapata 552, en Colegiales.
Las flores en los balcones y las mayólicas nos recuerdan
a una calle de Sevilla.
Dr.
Rivarola, con entrada en el 1325 de Mitre y salida por la
calle Perón, tiene su mellizo en Paris, en ambos pasajes,
el porteño y el francés, los frentes de las
casa en las dos veredas son exactamente iguales, como si se
las estuviera viendo en un espejo.
En
Palermo viejo hay cuatro pasajes paralelos: Cabrer, Soria,
Santa Rosa y Russel, los cuatro cruzan la misma calle, pero
dos lo hacen cuando esta se llama Serrano, y los otros dos
cuando cambia el nombre por Borges.
El
Darquier, emplazado a lo largo de la estación H. Yrigoyen
del ferrocarril Gral. Roca, en Barracas, de original forma
trapezoidal, de ancha calzada empedrada con adoquines de granito
traídos de la isla Martín García, y veredas
muy angostas. Más que calle se parece a una plaza seca
europea y decadente, extendida bajo el armazón de hierro
y mampostería ladrillera de la estación Irigoyen,
llamada antiguamente Barracas, cuando hasta allí llegaba
toda la leche y el pescado que abastecía a la Capital.
En
este paisaje porteño, donde el progreso especulativo
generalmente no respeta ni la historia ni la estética,
es reconfortante que sobrevivan estos íntimos y cálidos
espacios donde se preserva el patrimonio arquitectónico
y urbanístico de la ciudad.
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