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En
la vida de muchos porteños la galería Güemes, ese pasaje que
une la calle Florida con San Martín, es parte del recorrido
diario por la city. Ya sea para tomar un café o comprar un
perfume, o simplemente para acortar camino hacia la zona bancaria,
muchos son los que la atraviesan por lo menos una vez al día.
En el apuro diario, pocos se detienen para contemplar la arquitectura
que los contiene, la doble altura de la galería o las dos
grandes cúpulas vidriadas, arquitectura que nos recuerda otra
galería famosa: la Vittorio Emmanuelle de Milán en la que
se inspiró su autor, el arquitecto italiano Francisco Gianotti,
el mismo que diseñó la confitería El Molino. Esta obra antiacademicista,
de una gran originalidad para su época, supo ser, cuando se
terminó en 1915, el edificio más alto de Buenos Aires con
sus 87mts y el remate de su torre de agua. La fachada sobre
Florida no es la original, un incendio en los años '70 destruyó
parte del edificio, al reconstruirse, además de no respetarse
el estilo arquitectónico, se agregaron oficinas a las ya existentes,
hay mas de trescientas distribuidas en los tres pabellones
interiores. La tipología de galería comercial o arcades surgen
en Paris, en el siglo XIX, con el objetivo de brindar un paseo
cubierto y albergar al comercio en aumento de la época, los
antecedentes de estas construcciones podrían ser los puentes
edificados de la edad media, como el Ponte Vecchio de Florencia
y especialmente los bazares orientales. En 1818 construyen
en Londres otras arcades famosas, la Opera Arcade y la Burlington
Arcade, todas ellas predecesoras de la porteña Galería Güemes.
También la galería tiene sus fantasmas, como
el de la joven artista del teatro de varieté que se
arrojó sobre la cúpula atravesando los vitraux
de colores, o el de los bailarines del Abdulia Club, el cabaret
que funcionó en el subsuelo y que fuera uno de los
lugares de baile más frecuentados de la década
del 20.
Para
los nostálgicos de famas y cronopios, el fantasma más
querido es sin dudas el de aquel corredor de bolsa al que
la galería le servía de pasaje a otros cielos,
donde se reencontraba con Josiane, la dulce prostituta parisina
aterrorizada por un asesino serial de nombre Laurent.
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