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NST. JOHN´S, Terra Nova, Canada
por Eduardo Frank»n
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Areas verdes.
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Si andamos por el mundo veríamos cómo en muchos sitios el desarrollo de la tecnología moderna y la expansión demográfica han dado como resultado la extinción de muchas áreas verdes para dar paso a gigantes bloques de metal, acrílico y concreto que forman la materia básica de las llamadas "grandes ciudades" en los países más desarrollados. Igualmente, la explotación –a veces indiscriminada– de la industria maderera ha tenido consecuencias drásticas debido a la deforestación.

Las áreas verdes, siempre se ha dicho, son sinónimo de salud tanto física como mental para el humano, además de ayudar a la preservación de todas las especies de animales marinos y terrestres. Pero, por desgracia, las áreas verdes no tienen otro remedio que convivir con la realidad de la expansión humana y tecnológica.

Como mucha gente en otras partes, los bonaerenses se han dado cuenta de la importancia de poder disfrutar de espacios libres en busca de solaz e independizarse un poco de las sombras producidas por los altos edificios que esconden el calor del sol, especialmente en los inviernos. Parece que se trata de una cuestión de colores: abandonar el gris cotidiano y correr hacia el verde abierto al azul.

Debo transmitir a los porteños que, afortunadamente para nosotros, esta agravante situación no existe en St. John's. Somos una ciudad de aproximadamente 180 mil habitantes y sólo hay unos cuantos edificios altos en el centro de la ciudad y algunos otros, diseminados en los alrededores de la urbe. El resto de los espacios, formado por barrios de casas de madera y techos inclinados para escurrir la nieve, brinda ampliamente la luz solar por doquier, amén de los amplios espacios verdes formados por trails, los caminitos para andar, y parques suficientes donde crece, entre otros, el árbol nacional del Canadá, el arce, cuya hoja forma el emblema al centro de la bandera, escoltada por dos listas rojas.

Incluso en las grandes urbes canadienses se han edificado parques y caminitos, pues la conciencia del aerobismo está bien arraigada en la mayoría de los canadienses, de la misma manera que ha ocurrido en Buenos Aires en los últimos años, como lo expresara Germinal Nogués: "El aerobismo pobló los bosques de Palermo de improvisados atletas corriendo maratones".

Pero en St. John's no hay las grandes plazas que posee Buenos Aires. Sólo en algunos parques las escuelas organizan juegos de balonpié entre los alumnos, y los mayores disfrutan de pequeños estadios al aire libre para practicar sus deportes. No sólo el fútbol; el hockey es también el deporte nacional en Canadá y, particularmente, el de los terranovenses, que se juega patinando sobre el hielo. Claro, la temporada oficial de hockey es en invierno, pero los más pequeños han creado la versión en césped o sobre el pavimento de las calles de sus barrios.

Existen en este campo otras similitudes entre ambas ciudades. Es parte de la naturaleza humana. En Buenos Aires los mayores desarrollan dos juegos tradicionales: el ajedrez y las bochas. Esto último consiste en una competencia de lanzamiento de bolas de madera. Por acá lanzan herraduras hacia una vara de hierro . . . ¿Y qué decir de los espectáculos musicales? En reducidos espacios preparados para el montaje de escenarios, en el centro de la ciudad y en áreas alrededor de la bahía, acá se ofrecen espectáculos musicales y teatrales durante la primavera y el verano; exactamente que en Buenos Aires. Aunque, naturalmente, en Buenos Aires esto sucede en plazas de mayor extensión, pero no olvidemos que la edificación colonial siguió los mismos patrones por doquier: calles angostas y curvadas, sin planificación de un verdadero carácter urbano, que fueron dejando pequeños acres de terrenos baldíos por toda la ciudad (terrenos incultos, como dicen los bonaerenses), que también los llaman "huecos", aunque con el tiempo la gente, al darles la importancia que tienen, les concedió el título de plazas. Así, los conocidos huecos de Zamudio, de Doña Engracia y de los Cabecitas son las actuales plazas Lavalle, Libertad y Vicente López.

En St. John's, los "huecos" dejados por la estructura colonial en las afueras del centro son hoy sitios donde sólo se han situado asientos (bancos) para el disfrute del sol – tan escaso aquí– y de la lectura. Y al igual que en Buenos Aires, las plazas construidas en las últimas dos décadas en St. John's forman parte de la concepción de la urbe moderna, por lo que se utilizan solamente como amplias zonas de parqueo para el estacionamiento de los vehículos de aquellos que vienen todos los días a hacer sus compras en los establecimientos comerciales que las rodean.

Este es el caso de la Plaza Churchill, la Plaza Sobey (un gigante pulpo empresarial del Canadá Atlántico), la Plaza de Torbay y los espacios frente a los supermercados en serie, aquí llamados Village Mall y Avalon Mall. Algo parecido ocurre frente a las estaciones ferroviarias y las terminales de transporte colectivo de carretera en Buenos Aires (la isla de Terra Nova no posee ferrocarril). Tanto aquí como allá estas plazas vomitan el mismo traqueteo urbano; sitios de paso, confluencias de muchedumbres (aunque el concepto de muchedumbre es mucho más vasto en Buenos Aires que en St. John's).

Pero aun con las diferencias obligatorias, la gente que afluye a estas plazas de cemento son los empleados, empresarios, oficiantes, etc., que siempre andan apurados como si andar así fuese una ley biológica o un decreto de gobierno. En Buenos Aires son las plazas Once, Retiro, Constitución, Flores y Barrancas de Belgrano. En estos sitios se pueden ver vendedores ambulantes de todo tipo, amén de los pibes que tratan de sobrevivir lustrando calzado, limpiando los parabrisas de los autos o abriendo las puertas de los taxis a los pasajeros.

Buenos Aires tiene en la actualidad alrededor de 550 paseos públicos, entre plazas, parques, plazoletas, canteros y jardines que cubren un total de mil 78 hectáreas. St. John's posee también su Jardín Botánico, de casi mil hectáreas de extensión, muy cerca del popular centro comercial de Avalon, además de sus dos parques principales: el Banen y el Bowring (en este último los chicos se desplazan sobre las lomas de nieve con sus canoas de invierno).

Sin embargo, tanto en St. John's como en el resto de la isla las extensiones verdes constituyen lo natural, diríase que lo abundante. Para ustedes, según algunos entendidos en la materia, harían falta mil hectáreas de plazas en Buenos Aires
–particularmente las llamadas "vecinales"– para satisfacer las necesidades de la población. La Organización Mundial de la Salud recomienda la conservación de diez metros cuadrados de verde por habitante y en Buenos Aires hay en la actualidad poco más de dos metros cuadrados.

Espero que en un futuro cercano se realicen en Buenos Aires las modificaciones pertinentes para que los porteños puedan disfrutar de una vida más sana y menos cargada de los estrés que conlleva la alta tecnología de las urbes grises.
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