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NST.
JOHN´S, Terra Nova, Canada |
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"El autor de la columna,
a la entrada del moderno
Museo de Terranova" |
Toda
ciudad, todo pueblo, toda comunidad exhibe con orgullo,
a lo largo de los años, la evidencia de su
historia desde su nacimiento.
He ahí la relevante función de los
museos.
Buenos Aires muestra al mundo estos pedazos de su
historia; digo pedazos porque en Buenos Aires esta
información se encuentra dividida en muchos
museos. Algunos se dedican más a la cuestión
del arte, como en el caso del Museo de Arte Moderno
de la ciudad, donde, por ejemplo, la fotografía
se vincula estrechamente con las artes del tiempo,
del cine y del video. Están igualmente el
llamado Museo de Motivos Argentinos “José
Hernández”, que exhibe artículos
de platería criolla, tejidos, etc. y el Museo
Etnográfico “Juan Bautista Ambrosetti”,
no sólo con sus valiosas piezas de culturas
de este hemisferio, sino también de Africa,
Asia y Oceanía.
Dentro de este contexto están también
el Museo Nacional de Bellas Artes, el cual brinda
una panorámica, entre otras, de las obras
del famoso escultor Rodin y donde hay innumerables
pinturas, amén de ser el escenógrafo
del Teatro Colón (a propósito, en
casi todos los países de América Latina,
por lógica, hay teatros Colón, en
honor al llamado “Descubridor”). Y en
este marco de rasgo colonial los bonaerenses poseen
el Museo de Arte Español “Enrique Larreta”,
que exhibe mueblería, retablos y piezas de
arte ibérico y colonial.
Lo colonial resulta obligatorio, claro está,
en nuestra evidencia histórica.
A partir de ahí se convierte en una amalgama
cultural según las regiones del llamado “Nuevo
Mundo” durante la colonización, cualquiera
que haya sido el imperio europeo que los invadió.
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Al igual que Buenos Aires, Terra Nova posee diversos
museos en diferentes locaciones de la isla. En la columna
anterior (ver)
hable acerca del Museo Telegráfico de Heart’s
Content y su relación con el Cable Atlántico
que unió los continentes americano y europeo.
Sin embargo, en esta columna, que por necesidad tendrá
dos partes, les hablaré del más representativo
en cuanto a la capital St. John’s: el Museo de
Terra Nova.
Aunque en Adolfo Alsina 412 existe el llamado Museo
de la Ciudad que muestra objetos y fotos históricas
–además de publicidades de las tiendas
Gath & Chaves, Harrods y otras–, Buenos Aires
cuenta con otro museo llamado Museo Histórico
de la Ciudad de Buenos Aires, en Villa Pueyrredón,
así como el Museo Histórico Nacional en
el barrio de San Telmo.
Apostaría cualquier cosa a que en Buenos Aires
se mencionó la palabra “museo” desde
siempre. Sería normal, después de todo.
Pero…, ¿podrán ustedes creer que
antes de 1840 la palabra “museo” no aparecía
en la literatura de Terra Nova?
Pues, créanlo, que es cierto. Esto se debía
a que las colecciones de objetos y curiosidades estaban
en manos de sociedades y clubes privados. Para ese año
fue fundada una institución de carácter
público, la cual anunció la formación
de un museo como uno de sus objetivos primeros. Esta
fue la llamada Institución Literaria y Científica
de Terra Nova 1.
Al siguiente año, la Biblioteca y Salón
de Lectura de St. John’s solicitó especimenes
de Historia Natural, fósiles, etc., en anticipación
del museo que luego abriría sus puertas. Nueve
años más tarde, en 1849, el Instituto
Mecánico de St. John’s 2, que había
sido fundado en 1827, organizó una instalación
con fines educacionales que comenzó a agrupar
colecciones de objetos diversos y muestras de animales.
Para febrero de 1852 su sección de Historia Natural
contenía 709 grupos de especimenes, entre ellos
el cráneo y la mandíbula de un nativo
Beothuck y cosas tan curiosas por acá como una
jirafa disecada.
Pero Terra Nova no se hizo conocida internacionalmente
en este campo hasta su participación en la “Exposición
Mundial de Trabajos Industriales de Todas las Naciones”,
celebrada en Nueva York en 1853-54. De hecho, lo que
Terra Nova exhibió en esa feria ganó tres
medallas de Excelencia. Antes de embarcar aquellas colecciones
hacia Nueva York se había organizado su exhibición
en St. John’s, con un gran éxito. Fue una
oportunidad para Terra Nova de promover sus recursos
y desarrollar su potencial de fabricación en
el extranjero.
Para 1861, las tres instituciones básicas que
existían en St. John’s dedicadas a coleccionar
todo tipo de objetos históricos 3 decidieron
fusionarse en una sola, adoptando el nombre de una de
ellas: El Ateneo de St. John’s. Como parte del
acuerdo, esta nueva institución absorbió
al Museo Mecánico y se dio a la tarea de seleccionar
cosas para exhibir en la “Exposición Internacional
de Londres” de 1862. Una de las personalidades
relevantes de esta empresa fue el geólogo Alexander
Murria, quien fue contratado para realizar la Encuesta
Geológica de Terra Nova y quien, a partir de
1864, se consagró en la colección de rocas,
minerales y fósiles para el pabellón terranovense
de la “Exposición Internacional de París”
en 1867. Un año después Alexander Murria
envió al gobierno la petición de un local
adecuado para organizar las colecciones geológicas,
y este primer museo patrocinado por el gobierno, que
fue también la residencia de Murria, se mantuvo
como museo central de Terra Nova, aun cuando fue casi
devastado en el Gran Fuego de St. John’s en 1892.
Fue reconstruido y las colecciones volvieron a fluir
y a acumularse. El museo siguió siendo tan popular
como antes.
Sucesivamente, Terra Nova, entonces colonia británica,
continuó participando en exposiciones importantes
no sólo en Gran Bretaña sino también
en los Estados Unidos y en otros países. Sin
embargo, como el edificio habíase convertido
en la sede de la Oficina de Correos luego de la muerte
de Alexander Murria, la administración postal
comenzó a presionar para sacar al museo de allí
y edificarle un nuevo edificio, con el fin de construir
un departamento postal telegráfico en su lugar.
El gobierno cedió a la solicitud del correo debido
a necesidades del momento –aunque no se descartan
razones políticas– y el museo fue desmantelado.
No fue hasta 1905 que se empezó a asignar fondos
para la construcción de un nuevo museo, el cual
fue inaugurado en 1911.
A pesar de repetidos problemas con la estructura del
edificio, el museo en sí fue un gran éxito;
significó mucho más que la continuidad
del anterior, aun cuando tuvo que cerrar sus puertas
al público en varias ocasiones para llevar a
cabo reparaciones del inmueble, al tiempo que, por otro
lado, los desacuerdos y el abandono por parte de la
Comisión Gubernamental a cargo del museo dispersaron
y diezmaron las colecciones durante finales de los años
30 y durante la década de los 40, que representaron
una época oscura en la larga historia del museo.
La Segunda Guerra Mundial vino a suspender todo desenvolvimiento
a favor del diezmado museo, a pesar de gozar del apoyo
de la Sociedad Histórica de Terra Nova. Al llegar
la paz, los trabajos de reconstrucción fueron
reanudados con más estabilidad, aunque Terra
Nova se convirtiera en provincia canadiense en 1949.
El impulso vital y definitivo ocurrió en 1973
al salir vigente el “Acta de Objetos, Lugares
y Registros Históricos” 4 , la cual pasó
los Archivos de Terra Nova a la responsabilidad de la
División de Recursos Históricos. Ese mismo
año, un nuevo programa federal empezó
a brindar ayuda financiera a todos los museos provinciales
canadienses. En 1976 el Museo de Terra Nova volvió
a cerrar sus puertas temporalmente, mas esta vez fue
para llevar a cabo su gran reconstrucción y renovación.
Cuando el museo reabrió sus puertas en 1979 había
sufrido una metamorfosis extraordinaria, resurgiendo
como una verdadera institución moderna y hoy
continúa su crecimiento y progreso, particularmente
en las áreas de sus instalaciones, colecciones
y maestría profesional.
Luego de esta apretada síntesis que he querido
transmitirles sobre la historia del Museo de Terra Nova,
espero que entre ustedes, amigos porteños, haya
quienes tengan la ocasión de venir a St. John’s
y visitar nuestro museo.
NOTAS:
1- The Newfoundland Literary and Scientific Institution.
2- St. John’s Mechanics Institute.
3- St. John’s Young Men’s Literary and Scientific
Institute; St. John’s Library and Reading Room;
y St. John’s Athenaeum.
4- “Historic Objects, Sites and Records Act”. |
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