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NST. JOHN´S, Terra Nova, Canada
por Eduardo Frank»n
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Museos.
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"El autor de la columna,
a la entrada del moderno
Museo de Terranova"
Toda ciudad, todo pueblo, toda comunidad exhibe con orgullo, a lo largo de los años, la evidencia de su historia desde su nacimiento.

He ahí la relevante función de los museos.

Buenos Aires muestra al mundo estos pedazos de su historia; digo pedazos porque en Buenos Aires esta información se encuentra dividida en muchos museos. Algunos se dedican más a la cuestión del arte, como en el caso del Museo de Arte Moderno de la ciudad, donde, por ejemplo, la fotografía se vincula estrechamente con las artes del tiempo, del cine y del video. Están igualmente el llamado Museo de Motivos Argentinos “José Hernández”, que exhibe artículos de platería criolla, tejidos, etc. y el Museo Etnográfico “Juan Bautista Ambrosetti”, no sólo con sus valiosas piezas de culturas de este hemisferio, sino también de Africa, Asia y Oceanía.

Dentro de este contexto están también el Museo Nacional de Bellas Artes, el cual brinda una panorámica, entre otras, de las obras del famoso escultor Rodin y donde hay innumerables pinturas, amén de ser el escenógrafo del Teatro Colón (a propósito, en casi todos los países de América Latina, por lógica, hay teatros Colón, en honor al llamado “Descubridor”). Y en este marco de rasgo colonial los bonaerenses poseen el Museo de Arte Español “Enrique Larreta”, que exhibe mueblería, retablos y piezas de arte ibérico y colonial.

Lo colonial resulta obligatorio, claro está, en nuestra evidencia histórica.

A partir de ahí se convierte en una amalgama cultural según las regiones del llamado “Nuevo Mundo” durante la colonización, cualquiera que haya sido el imperio europeo que los invadió.

Al igual que Buenos Aires, Terra Nova posee diversos museos en diferentes locaciones de la isla. En la columna anterior (ver) hable acerca del Museo Telegráfico de Heart’s Content y su relación con el Cable Atlántico que unió los continentes americano y europeo. Sin embargo, en esta columna, que por necesidad tendrá dos partes, les hablaré del más representativo en cuanto a la capital St. John’s: el Museo de Terra Nova.

Aunque en Adolfo Alsina 412 existe el llamado Museo de la Ciudad que muestra objetos y fotos históricas –además de publicidades de las tiendas Gath & Chaves, Harrods y otras–, Buenos Aires cuenta con otro museo llamado Museo Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, en Villa Pueyrredón, así como el Museo Histórico Nacional en el barrio de San Telmo.

Apostaría cualquier cosa a que en Buenos Aires se mencionó la palabra “museo” desde siempre. Sería normal, después de todo. Pero…, ¿podrán ustedes creer que antes de 1840 la palabra “museo” no aparecía en la literatura de Terra Nova?

Pues, créanlo, que es cierto. Esto se debía a que las colecciones de objetos y curiosidades estaban en manos de sociedades y clubes privados. Para ese año fue fundada una institución de carácter público, la cual anunció la formación de un museo como uno de sus objetivos primeros. Esta fue la llamada Institución Literaria y Científica de Terra Nova 1.

Al siguiente año, la Biblioteca y Salón de Lectura de St. John’s solicitó especimenes de Historia Natural, fósiles, etc., en anticipación del museo que luego abriría sus puertas. Nueve años más tarde, en 1849, el Instituto Mecánico de St. John’s 2, que había sido fundado en 1827, organizó una instalación con fines educacionales que comenzó a agrupar colecciones de objetos diversos y muestras de animales. Para febrero de 1852 su sección de Historia Natural contenía 709 grupos de especimenes, entre ellos el cráneo y la mandíbula de un nativo Beothuck y cosas tan curiosas por acá como una jirafa disecada.

Pero Terra Nova no se hizo conocida internacionalmente en este campo hasta su participación en la “Exposición Mundial de Trabajos Industriales de Todas las Naciones”, celebrada en Nueva York en 1853-54. De hecho, lo que Terra Nova exhibió en esa feria ganó tres medallas de Excelencia. Antes de embarcar aquellas colecciones hacia Nueva York se había organizado su exhibición en St. John’s, con un gran éxito. Fue una oportunidad para Terra Nova de promover sus recursos y desarrollar su potencial de fabricación en el extranjero.

Para 1861, las tres instituciones básicas que existían en St. John’s dedicadas a coleccionar todo tipo de objetos históricos 3 decidieron fusionarse en una sola, adoptando el nombre de una de ellas: El Ateneo de St. John’s. Como parte del acuerdo, esta nueva institución absorbió al Museo Mecánico y se dio a la tarea de seleccionar cosas para exhibir en la “Exposición Internacional de Londres” de 1862. Una de las personalidades relevantes de esta empresa fue el geólogo Alexander Murria, quien fue contratado para realizar la Encuesta Geológica de Terra Nova y quien, a partir de 1864, se consagró en la colección de rocas, minerales y fósiles para el pabellón terranovense de la “Exposición Internacional de París” en 1867. Un año después Alexander Murria envió al gobierno la petición de un local adecuado para organizar las colecciones geológicas, y este primer museo patrocinado por el gobierno, que fue también la residencia de Murria, se mantuvo como museo central de Terra Nova, aun cuando fue casi devastado en el Gran Fuego de St. John’s en 1892. Fue reconstruido y las colecciones volvieron a fluir y a acumularse. El museo siguió siendo tan popular como antes.

Sucesivamente, Terra Nova, entonces colonia británica, continuó participando en exposiciones importantes no sólo en Gran Bretaña sino también en los Estados Unidos y en otros países. Sin embargo, como el edificio habíase convertido en la sede de la Oficina de Correos luego de la muerte de Alexander Murria, la administración postal comenzó a presionar para sacar al museo de allí y edificarle un nuevo edificio, con el fin de construir un departamento postal telegráfico en su lugar. El gobierno cedió a la solicitud del correo debido a necesidades del momento –aunque no se descartan razones políticas– y el museo fue desmantelado. No fue hasta 1905 que se empezó a asignar fondos para la construcción de un nuevo museo, el cual fue inaugurado en 1911.

A pesar de repetidos problemas con la estructura del edificio, el museo en sí fue un gran éxito; significó mucho más que la continuidad del anterior, aun cuando tuvo que cerrar sus puertas al público en varias ocasiones para llevar a cabo reparaciones del inmueble, al tiempo que, por otro lado, los desacuerdos y el abandono por parte de la Comisión Gubernamental a cargo del museo dispersaron y diezmaron las colecciones durante finales de los años 30 y durante la década de los 40, que representaron una época oscura en la larga historia del museo.

La Segunda Guerra Mundial vino a suspender todo desenvolvimiento a favor del diezmado museo, a pesar de gozar del apoyo de la Sociedad Histórica de Terra Nova. Al llegar la paz, los trabajos de reconstrucción fueron reanudados con más estabilidad, aunque Terra Nova se convirtiera en provincia canadiense en 1949.

El impulso vital y definitivo ocurrió en 1973 al salir vigente el “Acta de Objetos, Lugares y Registros Históricos” 4 , la cual pasó los Archivos de Terra Nova a la responsabilidad de la División de Recursos Históricos. Ese mismo año, un nuevo programa federal empezó a brindar ayuda financiera a todos los museos provinciales canadienses. En 1976 el Museo de Terra Nova volvió a cerrar sus puertas temporalmente, mas esta vez fue para llevar a cabo su gran reconstrucción y renovación. Cuando el museo reabrió sus puertas en 1979 había sufrido una metamorfosis extraordinaria, resurgiendo como una verdadera institución moderna y hoy continúa su crecimiento y progreso, particularmente en las áreas de sus instalaciones, colecciones y maestría profesional.

Luego de esta apretada síntesis que he querido transmitirles sobre la historia del Museo de Terra Nova, espero que entre ustedes, amigos porteños, haya quienes tengan la ocasión de venir a St. John’s y visitar nuestro museo.

NOTAS:
1- The Newfoundland Literary and Scientific Institution.
2- St. John’s Mechanics Institute.
3- St. John’s Young Men’s Literary and Scientific Institute; St. John’s Library and Reading Room; y St. John’s Athenaeum.
4- “Historic Objects, Sites and Records Act”.
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