Antiguos colectivos
que circularon por
las calles de
Buenos Aires
durante las primeras
décadas del
siglo pasado.
Colectivo de doble
piso que recorría
Buenos Aires
durante los últimos
años de la década
del 20 del Siglo XX
Viejo colectivo
de la línea 60
El colectivo actual
muy similar a los
Buses que transitan
por las calles
de St. John´s.
Bus de St. John´s,
Terranova |
Hola,
porteños. Como la mayoría de ustedes
ha viajado en colectivos, les interesará
esta columna.
En toda gran ciudad la transportación está
compuesta por un enjambre de vías y conexiones
tanto en la superficie como subterráneas.
En estas ciudades eso es imperioso, pues también,
a cada instante, hay un enjambre de personas yendo
hacia todos lados como hormigas que salen y entran
en sus cuevas.
Buenos Aires es uno de estos hormigueros diurnos
–sin contar el tráfico de la vida
nocturna. Claro, el clima lo permite. Acá
en St. John’s la gente no anda mucho por
las calles de noche. La mayoría realiza
sus actividades sociales “indoors”
y los que salen a comer o a divertirse en algún
centro nocturno lo hacen en sus automóviles,
sobre todo desde noviembre hasta principios de
junio.
St. John’s no posee esa gran red de colectivos
que tiene toda ciudad como Buenos Aires. No los
necesita. Y todo el servicio de colectivos es,
por supuesto, de superficie. Acá es muy
difícil construir túneles para subways;
el terreno es pura roca. Así que no hablaremos
del Buenos Aires subterráneo, pues no poseemos
una comparación.
En la capital de Terranova hay una sola compañía
de “buses”: Metrobus. Esta posee 28
líneas o rutas, suficientes para cubrir
la modesta ciudad de aproximadamente 175,000 habitantes
(Buenos Aires posee 145 líneas). Tampoco
en St. John’s se brinda un servicio continuo.
Por ejemplo, cada número de bus pasa por
las paradas cada 20 minutos. Hay que tomar nuestro
colectivo a la hora precisa, pues nos arriesgaremos
a llegar tarde si se nos va. Lo bueno es que acá
funciona la exactitud inglesa del reloj: no hay
demoras ni incertidumbres. Por otro lado, el precio
del pasaje varía: un dólar cincuenta
centavos los adultos y un dólar los menores
hasta 18 años. Pueden comprarse pases mensuales
que se utilizan con un carnet de identidad con
foto. Así sale más barato el pago
del bus.
Se cuenta que para muchos porteños el viajar
en colectivos constituye un sufrimiento, que son
vehículos incómodos y, por lo general,
atestados. Lo de incómodos no sé
si será cierto, nunca he utilizado un colectivo
bonaerense, pero nada me sorprende que estén
atestados, eso es muy natural en las grandes ciudades
(recuerden el hormiguero). En St. John’s
los buses sólo se llenan en el horario
en que los estudiantes se dirigen a la universidad
o salen de ella. En otras horas la escasez de
pasajeros está acompañada de la
amplitud y comodidad de vehículos fabricados
expresamente para el confort del viajero.
Se dice también que los colectivos en Buenos
Aires recorren calles y avenidas a exceso de velocidad
y que las relaciones entre choferes y pasajeros
no son las mejores. Sobre esto tampoco puedo opinar,
pero sí puedo decirles que en St. John’s
la velocidad de los transportes colectivos está
estrictamente regulada y cuando subimos a un bus
su conductor nos da los buenos días o las
buenas tardes. Y todos los choferes ayudan a cualquier
persona que necesite asistencia para llegar a
cualquier destino. Incluso, entregan al pasajero
una hoja de ruta impresa como folleto (vean el
facsímil) y les avisan cuando tienen que
bajarse.
Igualmente, cada colectivo tiene una especie de
cesto situado al lado del chofer para que el pasajero
tome un periódico matutino (gratis) y se
entere de las noticias durante su viaje. ¿Es
así en Buenos Aires…?
Otra cosa son las horas laborables. A ningún
chofer de bus le permiten trabajar más
de siete horas al día. Y existen puntos
de control y cambio en diversos lugares a lo largo
de las distintas rutas donde, en un mismo viaje,
se cambia al conductor del bus y entra uno, fresco,
a continuar esa ruta. Señalo esto porque
he oído decir que los choferes de colectivo
en Buenos Aires realizan su ardua e intensa tarea
por más de diez horas y que esto produce
que en los consultorios de la Unión de
Tranviarios Automotor haya que atender mensualmente
alrededor de 2,500 consultas psiquiátricas
o psicológicas de conductores afectados
por el estrés. Creo que si esto es cierto,
no es de la entera culpa del “colectivero”
si padece de irritabilidad o agresividad. Esto
puede acontecer en todas las grandes ciudades,
es parte de ese estado de enjambre e hiperactividad.
Lo mismo podría suceder en Nueva York o
en Ciudad México… A propósito,
he estado tres veces en Ciudad México.
Los llamados “camiones” allá
son viejos e incómodos. Por suerte solamente
utilicé los taxis (y los del hotel); de
todas maneras, respecto a la forma de conducir
que tienen en esa urbe de 22 millones de habitantes
resulta lo mismo, ¡es una locura! Estoy
vivo de milagro.
Lo único que parece igual o similar entre
los colectivos de Buenos Aires y los buses de
St. John’s, es lo que los porteños
llaman “el filete” (¿o fileteado…?)
Se trata de un arte popular en Buenos Aires y
mucho se aprecia en los colectivos. De hecho,
al igual que las pinturas, adornos e impresos
comerciales de los buses en St. John’s,
éstos alegran la vista de estos vehículos
con coloridos y tonos brillantes, alegrando un
poco el entorno de la ciudad –sobre todo
en aquéllas que se tornan grises (véase
la foto del bus). En los filetes de los colectivos
bonaerenses nunca falta religiosamente la imagen
de Gardel en medio de guirnaldas, tapizados, cintas
y flores. Ustedes dicen que, en conjunto, constituyen
graffitis rodantes. En St. John’s podemos
decir lo mismo, porque recordemos que esta costumbre
de “filetear” los colectivos tiene
su origen precisamente en Inglaterra y otras naciones
europeas. De allí se importaron hacia Buenos
Aires muchos vehículos ornamentados así
y se fue creando la tradición. Ciertamente,
a cualquier visitante que llega por primera vez
a Buenos Aires o a St. John’s le fascina
estas pinturas en el exterior de los colectivos.
Se dice también que los choferes de colectivo
en Buenos Aires transforman su vehículo
en una especie de habitat personal: algunos ponen
–a un volumen ofensivo para los oídos–
ritmos modernos, mientras que otros, tal vez de
mayor edad y, por ende, más conservadores,
reviven la época de los años 20
entre flecos, espejitos y cromados, acompañados
de fotos de imágenes religiosas y hasta
de parientes y amigos (tampoco falta el Gran Carlos,
por supuesto). Curioso, ¿eh? Es folklórico
después de todo, parte de la cultura latinoamericana.
Acá los descendientes de ingleses e irlandeses
no son así. Bueno, claro, es otra cultura
y cada pueblo expresa la suya. En St. John’s
ningún chofer de bus (¿busero…?)
exterioriza los resquicios de su vida particular,
y en cuanto a música, algunos vehículos
dejan escuchar a los pasajeros –a un bajo
nivel de audio– baladas o clásicas
y, en ocasiones, esos típicos ritmos irlandeses.
Otra cosa para terminar, che: Los espacios destinados
a personas incapacitadas son respetados eternamente,
aun cuando un bus esté lleno. Y todo el
mundo se baja por la puerta trasera para no entorpecer
el paso de los demás si el bus va lleno,
lo cual no se aplica en la mayor parte del día.
(Dicen que en Buenos Aires un colectivo vacío
es un milagro de Dios, que, a propósito,
también es argentino). |