»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
NST. JOHN´S, Terra Nova, Canada
por Eduardo Frank»n
m
Transporte Urbano: “Buses” y Colectivos
m



Antiguos colectivos
que circularon por
las calles de
Buenos Aires
durante las primeras
décadas del
siglo pasado.


Colectivo de doble
piso que recorría
Buenos Aires
durante los últimos
años de la década
del 20 del Siglo XX


Viejo colectivo
de la línea 60


El colectivo actual
muy similar a los
Buses que transitan
por las calles
de St. John´s.


Bus de St. John´s,
Terranova
Hola, porteños. Como la mayoría de ustedes ha viajado en colectivos, les interesará esta columna.

En toda gran ciudad la transportación está compuesta por un enjambre de vías y conexiones tanto en la superficie como subterráneas. En estas ciudades eso es imperioso, pues también, a cada instante, hay un enjambre de personas yendo hacia todos lados como hormigas que salen y entran en sus cuevas.

Buenos Aires es uno de estos hormigueros diurnos –sin contar el tráfico de la vida nocturna. Claro, el clima lo permite. Acá en St. John’s la gente no anda mucho por las calles de noche. La mayoría realiza sus actividades sociales “indoors” y los que salen a comer o a divertirse en algún centro nocturno lo hacen en sus automóviles, sobre todo desde noviembre hasta principios de junio.

St. John’s no posee esa gran red de colectivos que tiene toda ciudad como Buenos Aires. No los necesita. Y todo el servicio de colectivos es, por supuesto, de superficie. Acá es muy difícil construir túneles para subways; el terreno es pura roca. Así que no hablaremos del Buenos Aires subterráneo, pues no poseemos una comparación.

En la capital de Terranova hay una sola compañía de “buses”: Metrobus. Esta posee 28 líneas o rutas, suficientes para cubrir la modesta ciudad de aproximadamente 175,000 habitantes (Buenos Aires posee 145 líneas). Tampoco en St. John’s se brinda un servicio continuo. Por ejemplo, cada número de bus pasa por las paradas cada 20 minutos. Hay que tomar nuestro colectivo a la hora precisa, pues nos arriesgaremos a llegar tarde si se nos va. Lo bueno es que acá funciona la exactitud inglesa del reloj: no hay demoras ni incertidumbres. Por otro lado, el precio del pasaje varía: un dólar cincuenta centavos los adultos y un dólar los menores hasta 18 años. Pueden comprarse pases mensuales que se utilizan con un carnet de identidad con foto. Así sale más barato el pago del bus.

Se cuenta que para muchos porteños el viajar en colectivos constituye un sufrimiento, que son vehículos incómodos y, por lo general, atestados. Lo de incómodos no sé si será cierto, nunca he utilizado un colectivo bonaerense, pero nada me sorprende que estén atestados, eso es muy natural en las grandes ciudades (recuerden el hormiguero). En St. John’s los buses sólo se llenan en el horario en que los estudiantes se dirigen a la universidad o salen de ella. En otras horas la escasez de pasajeros está acompañada de la amplitud y comodidad de vehículos fabricados expresamente para el confort del viajero.

Se dice también que los colectivos en Buenos Aires recorren calles y avenidas a exceso de velocidad y que las relaciones entre choferes y pasajeros no son las mejores. Sobre esto tampoco puedo opinar, pero sí puedo decirles que en St. John’s la velocidad de los transportes colectivos está estrictamente regulada y cuando subimos a un bus su conductor nos da los buenos días o las buenas tardes. Y todos los choferes ayudan a cualquier persona que necesite asistencia para llegar a cualquier destino. Incluso, entregan al pasajero una hoja de ruta impresa como folleto (vean el facsímil) y les avisan cuando tienen que bajarse.
Igualmente, cada colectivo tiene una especie de cesto situado al lado del chofer para que el pasajero tome un periódico matutino (gratis) y se entere de las noticias durante su viaje. ¿Es así en Buenos Aires…?

Otra cosa son las horas laborables. A ningún chofer de bus le permiten trabajar más de siete horas al día. Y existen puntos de control y cambio en diversos lugares a lo largo de las distintas rutas donde, en un mismo viaje, se cambia al conductor del bus y entra uno, fresco, a continuar esa ruta. Señalo esto porque he oído decir que los choferes de colectivo en Buenos Aires realizan su ardua e intensa tarea por más de diez horas y que esto produce que en los consultorios de la Unión de Tranviarios Automotor haya que atender mensualmente alrededor de 2,500 consultas psiquiátricas o psicológicas de conductores afectados por el estrés. Creo que si esto es cierto, no es de la entera culpa del “colectivero” si padece de irritabilidad o agresividad. Esto puede acontecer en todas las grandes ciudades, es parte de ese estado de enjambre e hiperactividad. Lo mismo podría suceder en Nueva York o en Ciudad México… A propósito, he estado tres veces en Ciudad México. Los llamados “camiones” allá son viejos e incómodos. Por suerte solamente utilicé los taxis (y los del hotel); de todas maneras, respecto a la forma de conducir que tienen en esa urbe de 22 millones de habitantes resulta lo mismo, ¡es una locura! Estoy vivo de milagro.

Lo único que parece igual o similar entre los colectivos de Buenos Aires y los buses de St. John’s, es lo que los porteños llaman “el filete” (¿o fileteado…?) Se trata de un arte popular en Buenos Aires y mucho se aprecia en los colectivos. De hecho, al igual que las pinturas, adornos e impresos comerciales de los buses en St. John’s, éstos alegran la vista de estos vehículos con coloridos y tonos brillantes, alegrando un poco el entorno de la ciudad –sobre todo en aquéllas que se tornan grises (véase la foto del bus). En los filetes de los colectivos bonaerenses nunca falta religiosamente la imagen de Gardel en medio de guirnaldas, tapizados, cintas y flores. Ustedes dicen que, en conjunto, constituyen graffitis rodantes. En St. John’s podemos decir lo mismo, porque recordemos que esta costumbre de “filetear” los colectivos tiene su origen precisamente en Inglaterra y otras naciones europeas. De allí se importaron hacia Buenos Aires muchos vehículos ornamentados así y se fue creando la tradición. Ciertamente, a cualquier visitante que llega por primera vez a Buenos Aires o a St. John’s le fascina estas pinturas en el exterior de los colectivos.

Se dice también que los choferes de colectivo en Buenos Aires transforman su vehículo en una especie de habitat personal: algunos ponen –a un volumen ofensivo para los oídos– ritmos modernos, mientras que otros, tal vez de mayor edad y, por ende, más conservadores, reviven la época de los años 20 entre flecos, espejitos y cromados, acompañados de fotos de imágenes religiosas y hasta de parientes y amigos (tampoco falta el Gran Carlos, por supuesto). Curioso, ¿eh? Es folklórico después de todo, parte de la cultura latinoamericana.

Acá los descendientes de ingleses e irlandeses no son así. Bueno, claro, es otra cultura y cada pueblo expresa la suya. En St. John’s ningún chofer de bus (¿busero…?) exterioriza los resquicios de su vida particular, y en cuanto a música, algunos vehículos dejan escuchar a los pasajeros –a un bajo nivel de audio– baladas o clásicas y, en ocasiones, esos típicos ritmos irlandeses.

Otra cosa para terminar, che: Los espacios destinados a personas incapacitadas son respetados eternamente, aun cuando un bus esté lleno. Y todo el mundo se baja por la puerta trasera para no entorpecer el paso de los demás si el bus va lleno, lo cual no se aplica en la mayor parte del día. (Dicen que en Buenos Aires un colectivo vacío es un milagro de Dios, que, a propósito, también es argentino).
.
VOLVER A BS. AS. DESDE ST. JOHN'S »
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos