Mateo |
El
uso de los coches tirados por caballos constituye
aún algo más que un simple medio
de transporte: en ciudades como Buenos Aires y
St. John's es una costumbre que se ha querido
mantener como tradición.
Tanto en la capital de Terra Nova como en la gran
urbe bonaerense, el empleo actual de estos carruajes
cumple las funciones de realizar paseos familiares
con los chicos y con parejitas de enamorados,
así como una atracción turística.
Todos los que hemos viajado por el mundo no negaremos
el haber subido en algunas ocasiones por ahí
a estos vehículos para admirar, relajadamente,
con lentitud, la ciudad o el pueblo que estamos
visitando. Por eso es que estos coches son abiertos.
Pero antes de la creación del motor circulaban
coches cerrados también, tipo diligencias,
así como calesas y quitrines cubiertos
sólo por medio techo y otra infinidad de
coches. Representa, por ende, una tradición
colonial.
Cualquiera podría pensar que este transporte
debió durar más tiempo en una ciudad
tan antigua, pequeña y apartada como St.
John's. Sin embargo, las apariencias engañan
y a veces nos sorprenden. Acá en St. John's
solamente existen hoy dos coches tirados por caballos
que desaparecieron del transporte público
a principios del siglo 20, mientras que en una
urbe tan grande y moderna como Buenos Aires es
curioso saber que estos coches se usaron hasta
mediados de la década de los 60, cuando
fueron prohibidos por una ordenanza municipal.
En la actualidad, porteños y visitantes
disfrutan de paseos en unos cuantos coches por
la zona de los bosques de Palermo. A éstos
se les llama "Mateos" en la jerga popular,
cuyo nombre viene del sainete Mateo, del autor
teatral Armando Discépolo (1887-1971),
presentado por primera vez en 1923. (A propósito,
Mateo era el nombre del caballo). Y al antiguo
coche de plaza o "placero" se le llamó
así porque sus paradas principales se encontraban
en los bordes de esas áreas verdes.
Los carruajes de acá tienen su origen en
las islas británicas, claro, mientras que
la raíz de estos coches porteños
de alquiler hay que buscarla en España.
En Madrid se llamaron "coches de punto"
hasta que la lengua del pueblo los bautizó
como "Simones". (Simón fue el
nombre de un alquilador de coches que tuvo el
privilegio del tráfico por orden del rey
Fernando VI).
La "estación" del coche en St.
John's radica en una esquina del Hotel Newfoundland,
al comienzo de la calle Duckworth y muy cerca
de la bahía. Allí (sólo en
el verano, ¡por supuesto!) se comienza el
paseo con este coche abierto por distintos puntos
modernos o históricos de la ciudad. A bordo
del coche admiramos la curiosa arquitectura de
St. John's, de la cual hablaré en la próxima
columna, así como sus cafés en Water
Street, la calle comercial principal, los cuales,
al estilo parisino, extienden sus mesas en los
veranos y cubren parte de las aceras frente a
sus entradas. (De los cafés trataré
en un futuro cercano).
De momento me despido otra vez y espero que este
próximo fin de semana ustedes disfruten
de un paseo en coche por Palermo. Ustedes pueden
hacerlo ahora, pues recién comenzó
el verano por allá. Yo tendré que
esperar hasta mediados de junio, cuando la temperatura
acá me permita pasear en un coche abierto. |