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NST. JOHN´S, Terra Nova, Canada
por Eduardo Frank»n
m
Dos civilizaciones, dos arquitecturas (segunda parte).
.

Casas y edificios de
oficinas de St. John’s


Encendio de St. John’s,
año 1892


Vista de la Basilica
de St. John’s


Ejemplo de arquitectura
neocolonial en
Buenos Aires. Frente
que reproduce la Casa
de Tucumán. Hoy Casa
Museo de Ricardo Rojas


Buenos Aires, edificio
La Inmobiliaria,
construido para renta
Con la llegada de los equipos eléctricos de calefacción, las parrillas adornadas con capiteles quedaron, en algunos casos, sólo de adorno para conservar cierta tradición de antaño y muchas familias todavía se calientan en invierno de esta forma. Casi todas las edificaciones en Terra Nova poseen chimeneas. De la misma manera en algunas de las viviendas más antiguas en St. John’s y en los campos han sobrevivido, inalterados, los rasgos góticos o medievales. Estos rasgos arquitectónicos requieren de mucho cuidado y mantenimiento. Las indulgencias del clima terranovense han destruido una buena cantidad de estas estructuras. Por su parte, los techos cóncavos y curvas con ventanas de buhardilla con topes como gorros, así como los ventanales tipo miradores, constituyen una variante del estilo del Segundo Imperio. Este estilo, adoptado por los mercaderes a partir de 1885, se generalizó en St. John’s luego del fuego de 1892, cuando se edificaron filas enteras de casas así por toda la ciudad.

El desarrollo de la tecnología de la construcción trajo consigo los materiales impermeables que permitieron la edificación de techos planos cubiertos con capas de papel de alquitrán. Este estilo, acompañado de ripias decorativas, fue mayormente adoptado por las compañías comerciales a principios del siglo 20 (ca. 1904) hasta la Primera Guerra Mundial en 1914. Por primera vez se notaban las diferencias entre las casas de los ricos y de los que no lo eran, pues a lo largo del siglo 19 el estilo era básicamente el mismo; las diferencias sólo radicaban en los tamaños y, hasta cierto grado, en la decoración.

Hoy St. John’s no muestra, en lo tradicional, mucha heterogeneidad como la que ofrece Buenos Aires. Pero la pérdida de muchos rasgos arquitectónicos bonaerenses no se debió, como en St. John’s, a repetidos incendios; fueron, de hecho, las demoliciones de obras arquitectónicas claves. Por otra parte, de la misma manera que el estilo victoriano influyó grandemente en Terra Nova, en Buenos Aires la aristocracia miraba hacia París desde aproximadamente 1880 y hasta los años 20, pues la capital gala se consideraba el modelo a alcanzar por cualquier nueva metrópolis.

Pero antes de esta época ya existían marcadas diferencias en ambos estilos arquitectónicos. Todos sabemos que, en general, el clima de España es mucho más cálido que el de las islas británicas e igualmente el de las regiones colonizadas por el imperio español de la época. Es por ello que en la América latina, sobre todo en las zonas calientes de Centroamérica y el Caribe, las altas y amplias ventanas de enrejados y las tejas de arcilla cocida han predominado en la arquitectura regional. Pero hay un elemento que se diseminó por toda la América hispánica: los vitrales.

Mientras que este elemento sólo se desarrolló en la edificación de iglesias en las zonas colonizadas por el imperio británico, los vitrales –sobre todo en Buenos Aires– sirvieron de arma para romper la monotonía de las paredes de cal del estilo mediterráneo. En Buenos Aires pueden obtenerse piezas de “vitraux”, quizás maltratadas por los siglos, que son restos del antiguo esplendor de las residencias
porteñas.

Las viviendas de planta única y tejas, típicas de su origen español, comenzaron a ser sustituidas por otros estilos europeos. Las primeras casas de tres pisos aparecieron alrededor de 1887. En años sucesivos, la tendencia a “crecer hacia arriba” (inexistente en St. John’s y en casi toda Terra Nova) hizo surgir en Buenos Aires edificios de hasta siete pisos en el casco céntrico de la ciudad. Esto ha estado facilitando que muchas personas de escasos recursos financieros puedan albergarse como precarios inquilinos en edificaciones cuyos dueños los acogen al estilo de hoteles. Y, como también sucede en todos los países del Tercer Mundo, las estrategias de sobrevivencia ante la pauperización se completan con las llamadas “casas tomadas”, las cuales están permanentemente bajo el riesgo del desalojo.

En medio de este batallar, cuando Buenos Aires comenzó a desplazarse hacia el norte (Recoleta, San Nicolás, Retiro), la modelación arquitectónica era encargada a expertos franceses que, por lo general, nada sabían de la Argentina… (no, no se sorprenda. Todavía al europeo no le interesa mucho el Nuevo Mundo).

Pero a nosotros sí. Por lo tanto, en la próxima y última parte de este tema finalizaremos brevemente nuestra charla sobre la arquitectura bonaerense.
Hasta la próxima.
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