
Art Déco, Viamonte 680,
Buenos Aires.
Arquitectos: Calvo, Giménez
y Jacobs.
Fue un edificio de rentas.

José María y Moreno.
Casas baratas de dos plantas, formaron el barrio
Caferata. Septiembre de 1935.

Parque Chacabuco

Detalle del techo de
la Galería Güemes |
Tiempo
después, por la década de los años
20, la influencia del Cubismo no podía
demorar más, quizás para proyectar
un contraste con las formas curvilíneas.
Fue entonces que apareció el Art Déco,
el cual fue ornamentando, por ejemplo, las zonas
de Flores, Caballito y Balvanera con sus rectángulos
y pirámides, los marcos dobles o triples
y los motivos de origen egipcio, oriental o incaico.
No obstante, hubo una corriente que considero
esto un extranjerismo y quiso atacarlo. Esta especie
de nacionalismo impuso modos culturales argentinos
que influyeron grandemente en la arquitectura,
con el fin de ir eliminando las influencias del
exterior. Durante la Primera Guerra Mundial, a
partir de 1915, se construyó el primer
rascacielos: la Galería Güemes, y
ya durante 1936 la ciudad mostraba al mundo varios
rascacielos. Poco después, durante la Segunda
Guerra Mundial y las posteriores migraciones internas,
puede decirse que la arquitectura bonaerense modificó
su enfoque social.
En zonas como Chacabuco, Saavedra y Lugano aparecieron
los barrios obreros con el eufemismo de "unidades
económicas" y los monobloques con
espacios verdes comunes. De hecho, constituyen
edificaciones de agradable apariencia que se fueron
extendiendo hacia Caballito, Floresta, Villa del
Parque, Flores Sur y Liniers. Dentro del folklore
de Buenos Aires se les conoce como "barrios
Cafferata" en homenaje al diputado de la
Unión Cívica Radical, Juan F. Cafferata,
que propició la creación de este
tipo de barrios a partir de Parque Chacabuco.
Mas las corrientes de todo tipo no dejan de fluir.
Algunas se mantienen muchos años, otras
sólo por un tiempo y otras desaparecen.
Es parte de los obligados cambios del desarrollo
de la vida en general. En la década de
los 60 vino a incorporarse una corriente llamada
"organicismo". Esta conllevaba a revolucionar
enteramente el entorno arquitectónico,
abriendo al espacio abierto el cuerpo interno
de las viviendas y exhibir sus materiales de construcción.
Las vigas, los ladrillos, el cemento y los pilotes
empezaron a mostrarse a la vista. Y debido a ese
cambio incesante e incontrolable de las cosas,
el organicismo, a su vez, añadió
la corriente del "funcionalismo", que
comunica el espacio exterior con el interno. El
cristal y el espejo comenzaron a mostrarse lado
a lado con los demás materiales. Muchos
bancos y hoteles dieron luz verde a esta corriente
en sus edificaciones. Y todo este conjunto se
mantiene hasta hoy, hermosamente, alrededor del
mundo.
Hasta aquí, amigos, este recorrido para
observar la arquitectura desde sus comienzos en
la capital de la isla de Terra Nova, St. John’s,
y que luego cruzó las latitudes para deleitar
la vista de todo viajante. |