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NBuenos Aires desde Cuenca, Ecuador
por Sara Vanégas Coveña »n
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Vivir un sueño.
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II Encuentro Internacional
de Escritoras (Rosario)


Frente a las Nereidas


Con Luisa Valenzuela
Regresando de Rosario, del Segundo Encuentro Internacional de Escritoras; reunión plena de trabajos, amistades y bellos momentos. Repasando las últimas palabras cruzadas con Angélica Gorodischer, Satoko Tamura, Thereza Christina Motta, Vicky Ayllón, Beatriz Espejo, Francine Masiello, Cecilia Balcázar, Luis Antezana y tantos otros colegas ...

Regresando de Rosario, la ciudad que me embrujó desde la primera vez que la visitara (en junio de 1996, cuando participé en el IV Festival Latinoamericano de Poesía, en representación de mi país), ciudad que me cautivó con su gente, su aire, su río ...

Pero la aventura continúa. Llego a Buenos Aires, luego de recorrer parte de la pampa -tan cantada y tan sin final-, entre la sombra de Don Segundo y los últimos intercambios de direcciones, libros y abrazos. La naciente añoranza de Rosario da paso a la expectativa total en la capital porteña.

Los primeros días me alojo en una pieza de hotel que la embajada ecuatoriana me ha reservado en el tradicional y hermoso barrio Belgrano. Ése será mi refugio el fin de semana (más tarde aceptaré la gentil invitación de la narradora Elvira Ibargüen, y me instalaré en el centro mismo de la ciudad).

Y empiezo a caminar (así, a lo Machado), a dejarme arrastrar por mi avidez, mi curiosidad, mi necesidad casi desesperada de vivir realidades nuevas, diferentes (Creo que esta ansiedad se pegó a mi vida hace ya muchos años, cuando, antes de cumplir veinte -y sabemos que "veinte años no es nada"- emprendí mi primer gran viaje desde la pequeña Cuenca a la internacional Múnich); me dejo arrastrar por las amplias avenidas de esta ciudad donde, como dice un amigo mío, "todo es hiperbólico".

Estoy viviendo un sueño (pero no a la manera de Onetti), un sueño largamente soñado: el ambiente tan fresco -es agosto- , la tibieza del sol ... mi periplo por librerías, discotecas, recitales, bares, tango ... Por la noche, ya casi sin poderme movilizar (¿cuántos kilómetros habré recorrido en esos días?), regreso al hotel. ¿Qué tiene Buenos Aires que tanto me subyuga?. Tal vez ese aire a la bella capital bávara, mezclado con el acento porteño y la calidez de lo latino.

Sí, hay ciudades que llegamos a amar intensamente: Cuenca, Múnich, Rosario, ahora Buenos Aires. Alguien decía que sólo se recuerdan las ciudades donde hemos gozado o sufrido. Yo he vivido plenamente en estas ciudades.

Relajada al fin, disfruto de la maravilla de caminar sin rumbo, deteniéndome ante cualquier parque o iglesia, ante una puerta cualquiera o una palabra ... Disfruto del esquivo sol, del paso lento del tiempo.

Vivo este sueño. Totalmente anónima, sintiendo el movimiento a mi alrededor y dentro de mí misma, murmurando algún verso inolvidable de la gran Olga Orozco, recorriendo los laberintos de Borges y el desenfreno de Cortázar, sufriendo la melancolía de Gardel. ...

Es mi desesperación por saborear la ciudad entera: en el metro, en la Catedral (frente a la tumba de San Martín, el éxtasis de Santa Teresa y su primer verso inspirado por Dios), en la biblioteca de la Universidad Nacional, en la avenida Corrientes y en la Santa Fe, frente a las Nereidas y el Plata. ... En el aire frío, en el mate que me convida Elvira, en el almuerzo con Luisa Valenzuela, en el café con Liliana Heer, en la charla con Norma Pérez Martín, en mi visita al Café Tortoni y a "La Dama de Bollini", donde compartí un recital con Luis Colombini y otros poetas (en acto organizado por celebrarse diez años de la APOA, Asociación de Poetas Argentinos).

Vivir un sueño. En Buenos Aires, tan bellamente lejana y misteriosa, tan íntima y cordial.

Pero también los sueños tienen su final.

Afortunadamente, poseo la dicha de los sueños recurrentes. Y pienso que Buenos Aires será uno de ellos.
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