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NBuenos Aires desde Cuenca, Ecuador
por Sara Vanégas Coveña »n
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Recordando a Cortázar.
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Julio Cortázar


Julio Cortázar
Hace unos días, un estudiante me preguntaba por mis narradores favoritos. Yo mencioné, entre otros, a Julio Cortázar. Pero el muchacho quiso saber los motivos de mi preferencia, y yo, en respuesta, le escribí algo parecido a esto:

La insatisfacción y la ironía de Borges ante la imposibilidad de aprehender el mundo y la vida se resuelve en Julio Cortázar en una búsqueda desenfadada de aquello que el maestro alcanzó a intuir, mas no a desarrollar en sus escritos: Cortázar abre puertas y ventanas y se precipita a través de ellas, indagando por la realidad completa, es decir, empieza a bucear en aquella otra realidad, en la no apariencial, que es la que puede proporcionar las claves de muchos enigmas y misterios, y no solamente evidenciar nuevos interrogantes.

Cierto es que, ya a finales del siglo XIX los románticos habían iniciado el largo proceso de desencadenar las fuerzas ocultas del yo, exaltando el pathos ante un mundo que ellos consideraban excesivamente racionalista. Y los surrealistas dieron el paso siguiente, al anular los límites "naturales" entre lo racional y lo irracional, lo objetivo y lo subjetivo, el sueño y la vigilia, el azar y el cálculo...

Desde entonces, la literatura, o al menos buena parte de ella, parece haberse impuesto como meta, ya no tanto la expresión de lo individual en el ser humano, sino (y siguiendo en buena parte a Jung) más bien el restablecimiento de éste a sus lejanos orígenes.

Ahora bien, a partir de las últimas décadas que hemos vivido, con toda la carga de la "postmodernidad" y la miseria (no únicamente económica) a escala planetaria, es ya una certeza que el pobre ser humano (así, a lo Vallejo) está llegando, no al fin de la historia, como se pregonó hace unos años, pero sí a algo mucho más terrible, al fin de la fe: las grandes utopías caen, y cuesta mucho sustituirlas.

Ante semejante encrucijada se hace cada vez más patente la tendencia y la necesidad -muchas veces inconsciente- de volver a las raíces, a los mitos, a los arquetipos; en suma, a la parte oscura del individuo. Y no son precisamente los estadistas ni los empresarios, quienes atisban por esa hendidura que nunca logró soldar del todo ni el mayor confort ( ya podemos "vacacionar" en una estación espacial) ni la mayor desgracia humana (y acabamos de sufrir el derrumbamiento de los símbolos visibles de Estados Unidos y de Occidente, como se ha dicho). No. Son los artistas quienes ponen a trabajar sus intuiciones para devolvernos un esbozo del paraíso perdido, esto es, de la unidad del ser humano consigo mismo y con lo(s) demás.

Es en esta coyuntura cuando aparece la obra de Cortázar, portadora de ese otro enfoque. Pensemos, por ejemplo, en sus "instrucciones" para llorar, para tener miedo, para subir escaleras... (hay que repensarlo todo y actuar como si lo hiciéramos por primera vez, parece susurrarnos Julio). O pensemos también en textos tan deliciosos como éste:

"Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido."

LA OTRA MIRADA
"El mundo es siempre una manera de mirar", ha dicho nuestro autor; esto es, que si lo hacemos adecuadamente, vamos a descubrir imágenes sumergidas (como la famosa catedral poetizada por Debussy) en nosotros mismos y a nuestro alrededor: descubriremos nexos increíbles entre el mundo de los humanos, y entre éste y el del animal (allí están para recordárnoslo, los cuentos de BESTIARIO, de FINAL DE JUEGO, de HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS,...); entre el mundo de la vigilia y el del sueño; incluso, entre el mundo ficticio de la literatura y el que acostumbramos llamar "real" (estamos pensando en la inolvidable pieza Continuidad de los parques, por ejemplo, en la que, seguramente se apoyan otros textos tan novedosos como el guión de La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen.

De este modo, liberando ya totalmente la escritura literaria, Cortázar nos revela, de manera convincente (hay teorías científicas que explican algunos de los supuestos del escritor) la existencia de una realidad múltiple, entre luminosa y tenebrosa, entre mística y elemental; lo que va, desde luego, en detrimento de la plana concepción que generalmente tenemos de la vida y de nosotros mismos; de lo que quizá deseamos que sea, para evitarnos sobresaltos y retos... Para sentirnos protegidos, cómodos y dueños de nuestro destino (y del destino de nuestros semejantes).

Cuestionar todas las implicaciones que conlleva esta última postura, acomodadiza, "light", postmoderna es, pues, el arranque de la literatura de Julio Cortázar.
Y el motivo de mi admiración por su obra.
 
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