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NBuenos
Aires desde Cuenca, Ecuador |
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| La
literatura, ¿una pérdida de tiempo?. |
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¿Para
qué sirve la poesía? ¿Para qué
sirve la literatura? ¿Para qué sirven las
humanidades?. Se pregunta la gente a menudo.
Ensayando una respuesta a estas cuestiones, la Profesora
Graciela Carielo (IV Festival Latinoamericano de Poesía,
Rosario, Argentina), repreguntaba a su vez: ¿Y
para qué sirve el amor?.
(En el mismo contexto, Borges se interrogaba acerca de
la utilidad del sabor del café)
Y es que, si en épocas anteriores la LITERATURA
-así, con mayúsculas- era la gran justificadora
de la vida (Aristóteles la consideraba "más
científica y seria que la Historia, porque la poesía
tiende a dar verdades generales mientras la Historia da
hechos particulares"), hoy, por el contrario, en
un mundo tan vertiginosamente mutante, tan metalizado
y hostil a los valores humanos, con una marcada tendencia
a la "pereza intelectual", a "no pensar,
no criticar, no reaccionar" (José Saramago),
es ella la que requiere ser justificada.
(Ciertamente estamos hablando de la Literatura en su forma
tradicional y específica, dejando de lado, por
el momento, teorías actuales que coinciden en determinar
el carácter literario de muchas otras manifestaciones
del espíritu humano, como son los textos históricos,
las expresiones lingüísticas de los pacientes
en el psicoanálisis, y aun construcciones no puramente
lingüísticas (sistemas de relaciones sociales,
estructuras míticas, etc.); las mismas que pueden
ser mejor interpretadas a la luz de ciertas lógicas
de expresión y convenciones discursivas provenientes
de la Literatura. -Hecho que confirma, por otro lado,
la intuición de que no solo los literatos, sino
toda mente humana opera "literariamente", aun
sin saberlo; ¿acaso no escuchamos siempre que de
poetas y locos todos tenemos un poco?)
Se ha dicho, entonces, que la Literatura es "un lugar
de encuentro atemporal de dos almas sensibles y afines:
la del creador y la del lector" (Charles du Bos),
postulado reivindicatorio de las obras clásicas,
que lo serían no por antigüedad, sino más
bien por su capacidad de mostrarse siempre nuevas y de
hablar a cada generación en su propio lenguaje;
y que releva, de paso, el carácter eminentemente
apelativo, dialógico de esta ciencia-arte.
También se la considera como un espacio lúdico,
ante todo. Pues, si pensamos en las diferentes imágenes
que utiliza, en las metáforas, verbigracia, al
llamar "casa de los pájaros" al viento,
"bostezo de la tierra" a la caverna, o "luna
de pergamino" a la pandereta, ¿no se requiere
un cierto ejercicio mental de adivinación para
captarlas y gozarlas plenamente?
Y qué decir de los juegos de ingenio propios de
las novelas policiales, los relatos de ciencia ficción...
Así mismo hay quienes la entienden como el lugar
privilegiado para la evasión -sí, una especie
de droga elegante-: La Literatura como "el mejor
corcel para escapar de la vida" (Gustave Flaubert),
el vehículo ideal para soñar despiertos,
para vivir las aventuras que siempre imaginamos, pero
en una realidad diferente a la cotidiana; porque ella
nos permite asomarnos a otras dimensiones vitales (como
nos lo enseñan las historias de Julio Cortázar,
por ejemplo).
Desde otro ángulo de percepción, la Literatura
puede constituirse en terapia. Y, entonces, se sitúa
muy cerca del psicoanálisis: Cuántas veces
el lector descubre en las obras casos y personajes con
los que identificarse, y logra así entender mejor
sus propios conflictos. (No olvidemos, por otra parte,
que los conceptos claves del psicoanálisis provienen,
precisamente, de la Literatura: complejo de Edipo, narcisismo,
complejo de Electra...).
Y no faltan los que se sirven de ella como instrumento
idóneo para la difusión de sus ideas: la
Literatura como arma de denuncia y de combate (J. P. Sartre,
Nicanor Parra, Jorge Icaza,...).
Ahora, en un terreno más práctico aún,
sabemos, el trato con la Literatura contribuye eficazmente
al perfeccionamiento en el uso del lenguaje, incita a
la escritura, promueve la lectura -factores todos ellos
indispensables en el desarrollo sostenido de los pueblos.
Claro que no son éstas todas las posibilidades
que abre la Literatura a sus seguidores, pero sí,
quizá, las más notables y evidentes.
En conclusión:
La Literatura crea conciencia, forma la sensibilidad,
excita pasiones, reelabora experiencias y saberes; es,
por tanto, fuente de conocimiento y de placer. Y refuerza
los valores que unen a un grupo, afianza su identidad,
expresa sus ideales, da legitimidad a su sufrimiento.
Es decir, hace la vida más humana.
¿Una pérdida de tiempo? |
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