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NBuenos Aires desde Cuenca, Ecuador
por Sara Vanégas Coveña »n
m
Tres poetas ecuatorianas.
m
Hoy nos referiremos a tres autoras fundamentales en nuestra poesía: Dolores Veintimilla de Galindo, Aurora Estrada y Ayala e Ileana Espinel.

Dolores Veintimilla de Galindo (Quito, 1829 - Cuenca, 1857)
Precursora del Romanticismo en Ecuador. Su paso por la vida y su muerte, acontecimientos siempre polémicos, han servido de inspiración para numerosas obras literarias. (Ricardo Márquez Tapia, La Safo ecuatoriana. Dolores Veintimilla Carrión de Galindo, 1968; G. H. Mata, Dolores Veintimilla asesinada, 1968, 1976,
1977; Alicia Yánez Cossío, Y amarle pude, 2000).

Nace en una época de luchas revolucionarias y guerras civiles, que desembocan, entre otros hechos, en el asesinato del Mariscal Sucre (Berruecos, Colombia). Dolores Veintimilla, de alma libre y gran sensibilidad es el ejemplo vivo del espíritu
romántico que ella anticipa e
n el país:

¡Y amarle pude .Al sol de la existencia
Se abría apenas soñadora el alma .
Perdió mi pobre corazón su calma
Desde el fatal instante en que le hallé.
(Quejas)

Su vida y obra están cruzadas permanentemente por la sombra de la incomprensión y la intolerancia.
Su espíritu rebelde y su hipersensibilidad la elevan a la categoría de heroína
romántica y trágica, a la vez que la predisponen al sufrimiento y a la maledicencia dela sociedad:

En mi nombre mi sino me pusiste!
Sino, madre, bien triste!
Mi corona nupcial está en corona
De espinas ya cambiada.
Es tu Dolores ay! tan desdichada!
(Sufrimiento)

Casada a los 18 años con un médico colombiano, se traslada con él a Guayaquil y, luego a Cuenca, lugar donde queda con su hijo, mientras Galindo emprende nuevos viajes, esta vez fuera del país.
En Cuenca, organiza tertulias literarias, en las que participan los más conocidos
intelectuales de la época.

Mas la pacatería de la ciudad, aislada y autosuficiente, hace que la gente pronto
empiece a murmurar sobre el comportamiento de esta mujer, atractiva, buena
lectora y de libre pensamiento. La situación se complica cuando, en abril de 1957, Dolores, por medio de una hoja volante, Necrología, defiende a un indígena condenado a muerte bajo la acusación de parricidio. (Y este parece ser el primer alegato en Ecuador contra la pena de muerte, vigente entonces). En esa hoja demanda "que pronto, una generación más civilizada y humanitaria que la actual, venga a borrar del Código de la Patria de tus antepasados la pena de muerte".

El arzobispo de Cuenca, Vicente Solano, junto a otro sacerdote, Ignacio Marchán,
contestan a esa hoja con otra, denominada Graciosa Necrología, justificando el
castigo, para lo cual se basan en citas de las Sagradas Escrituras; y presentando a Dolores como enemiga de la religión católica; esto, en una sociedad rayana al
fanatismo religioso!
Se multiplican entonces las calumnias y los maltratos contra la escritora, quien es
tildada de inmoral, atea, panteísta.

Ella, en A mis enemigos, su último poema, escribe:

¿Qué os hice yo, mujer desventurada,
Que en mi rostro, traidores, escupís
De la infame calumnia la ponzoña
Y así matáis a mi alma juvenil?

Poco después del ajusticiamiento, incapaz de hacer frente a su destino, y luego de
escribir una carta a su madre, ingiere cianuro. No cumple aún los 28 años de edad. Dolores se despide de la vida con estas palabras:

Mamita adorada:

Perdón una y mil veces. No me llore. Le envío mi retrato, bendígalo: la bendición de una madre alcanza hasta la eternidad. Cuide de mi hijo y dele un adiós al desgraciado Galindo. Me he suicidado.

D. V.

Por su forma de muerte, no pudo ser enterrada "en sagrado", sino en un lugar destinado a herejes, ajusticiados y suicidas, según un precepto católico.
Solo muchos años más tarde llegaría el marido a exhumar sus restos y a trasladarlos a un lugar digno. Pero hasta hoy nadie sabe dónde descansa Dolores.

Juan León Mera, escritor contemporáneo de Dolores, al evaluar la situación de la mujer de su época y las circunstancias que llevaron a la muerte de la poeta, escribe en su Ojeada Histórico-Crítica, "Acábese, por Dios, nuestra criminal indiferencia respecto de las mujeres; alentémoslas, saquémoslas a la luz para que fueron creadas, sentémoslas a nuestro lado y busquemos en ellas la mejora de nuestra propia condición."

De su pluma se conservan muy pocos textos. Parece que antes de suicidarse quemó sus escritos; solo quedan 9 en verso y 3 en prosa, recopilados póstumamente.
Pero, pese a ello, Dolores Veintimilla, con su obra intimista, de gran lirismo y
armonía; lenguaje de un casticismo perfecto, forma simple y gran aliento, precursora de todo un movimiento literario, es figura cardinal en las letras
ecuatorianas.

Casi medio siglo después aparece la figura de:

Aurora Estrada y Ayala (Pueblo Viejo, 1902 - Guayaquil, 1967)
Luchadora incansable, promotora y directora de revistas y suplementos literarios, que se honraron con colaboraciones de distinguidos escritores de la época
–Gabriela Mistral, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Carlos Sabat, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, entre otros–. Fue, además, gran viajera, socialista,
maestra, feminista y pacifista.

Grande y polémica, Aurora, al igual que Dolores, sufrió la intriga y la maledicencia.
En 1963, por motivos políticos, se la separó de la cátedra en la Universidad de
Guayaquil.

Llegó a publicar solo dos libros: Como el incienso (1925) y Tiniebla (1943). El resto
su obra, permanece aún inédito.
La obra de Aurora, confluye, básicamente, en tres ejes centrales: amor y muerte,
naturaleza, poesía.

Amor y Muerte
Su poesía amorosa se consideró "escandalosa" en su tiempo, pues, empapada
de un suave erotismo, revela una perfecta armonía entre lo carnal y lo místico. Así,
en estos versos:

Era como un joven dios de la selva fragante
este hombre hermoso y rudo que va por el sendero
en su carne morena se adivina pujante
de fuerza y de alegría un mágico venero.
/.../
Yo, tan pálida y débil, sobre el musgo tendida,
he sentido al mirarlo una eclosión de vida
y mi anémica sangre parece que va a ahogarme..."
(El hombre que pasa)

Mientras que el tema de la muerte constituye todo un libro: Tiniebla, escrito ante la desaparición de su madre. Se inicia con un poeniano "Nunca más", que nos arroja brutalmente a la situación definitiva, sin salida:

Ya nunca más sobre mi tiniebla su estrella dulce.
Nunca más en estos silencios su voz de brisa y de jazmines.
Nunca más el lazo tibio de sus brazos ciñéndose a mi cuello ardiente.

Y termina con la asunción valiente de la muerte:

Hoy creo como nunca que estás ida para siempre,
porque ningún signo celeste me ha hecho sentirte cerca.
¿O es que tornada en ángel te ahuyenta la miseria
de esta carne que hiciste de tu sangre y espíritu?.

La Naturaleza, Las Cosas
Aurora nos habla de la naturaleza en relación íntima con lo humano; de la identidad que descubre entre hombres, animales y cosas, revelando incluso un cierto panteísmo en que todo tiene alma, vida y canto. Así, en este texto de innegable evocación contestataria a Darío:

Pienso que el árbol siente, que la piedra medita
y al tomar una rosa en lo que guardará
y que en los ecos vagos algo extraño se agita:
¿Nunca has pensado, hermano, lo que allí dormirá? (Avatar)

La Poesía
La poesía misma es, para Aurora, la llave mágica que le abre el mundo no solo de las cosas –rasgo este propio del postmodernismo, movimiento al que se adscribe,
fundamentalmente, su obra– sino también del hombre y del pasado de su
antigua estirpe humana.
Así, la autora, entre visionaria y surrealista, nos habla de la voz que la habita
desde épocas inmemoriales. Escuchémosla en estos versos:

Pero en un punto arcano de mi alma
hay un henchido surco de destinos
guardando la memoria de esa voz
venida a mí en idas lontananzas...
Y que alguien de una raza que partía
me dijo en oración de extraña lengua.
(Es una lengua dulce y perdida)

La palabra, sí, la poesía como última morada –en el sentido que da a este término la Santa de Ávila–, redención para la pequeñez humana.

Y, cerrando el primer tercio del siglo XX, nos encontramos con

Ileana Espinel Cedeño (Guayaquil, 1933 - 2001).
Poeta, ensayista, periodista, promotora cultural. Colaboró con diarios y revistas de
Ecuador, Venezuela y México, básicamente (en México fue redactora de la gaceta Nivel, dirigida por el poeta colombiano Germán Pardo García), difundiendo el quehacer literario de sus contemporáneos. Impulsora decidida de vocaciones artísticas y culturales, presidió, en 1965, la Sección de Literatura de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y más tarde fue directora de su editorial. Así mismo, se desempeñó como presidenta de la Comisión de Cultura y Bellas Artes del Municipio de Guayaquil. Tiene poemas traducidos a varios idiomas. Y la biblioteca del Círculo de Periodista del Guayas lleva su nombre.

A los 24 años publicó Piezas Líricas, libro donde se manifiesta ya esa estructura
versal entre clásica y contemporánea (con gran dominio en la construcción de sonetos) y ese tono sardónico, que caracterizarán su obra toda (Club 7, La estatua luminosa, Triángulo, Arpa salobre, Diríase que canto, Tan solo 13, La corriente
alterna, Sólo la isla).

Su poesía está llena de logros y sorpresas.
Por un lado, revaloriza el lenguaje informal, cotidiano; como por ejemplo, en su
conocido poema “Tú Sabes”, en el que con expresión predominantemente denotativa y sobria nos va presentando las cosas de todos los días, desde las más
concretas hasta las más sutiles; vistas, siempre, a través del prisma de la emoción y la innovación:

Tú sabes muy bien que cuando uno está enfermo
todo se hace insufrible:
el ruido de la máquina. El chirriar de la puerta. Y la voz.
//
Madre mía, tú sabes que cuando uno está enfermo
todo se hace adorable:
la sonrisa de un niño. La caricia de un ala. Y tú.
Tú lo sabes muy bien...
Y si lo sabes, di:
¿por qué te duelo tanto?

Pero también abundan los momentos en que su poesía alza vuelo y se instala en regiones de alta inspiración, en atmósferas de desprendimiento y visión cósmica, apoyada en metáforas de impactante hermosura:

Y un día estaré Allí, vueltos mis ojos
al esplendor purísimo que irradia
vida y amor sobre la faz del orbe.

Y un día -fiesta viva de la carne-
tendré la vestidura del Misterio
y la Belleza al fin me besará en los párpados.
(Patria Futura)

Pero no es ajena a su poesía tampoco la denuncia social ni el compromiso con su gente:

Nada pudo el amor de tus tres hijos
ni el de Aquel que dijera "Dadle agua al sediento".
Te molieron a palos, María Juana Pinto
Que vives en la cruz de estas palabras. (María Juana Pinto)

Sin embargo, quizá donde más poeta se la siente es en el tema existencial, con textos que indagan inmisericordemente entre los pliegues sufridos de la condición humana para rescatar algo de esa "divina escoria" que somos. Rescate que se nos muestra, en cada verso, solo es posible por y a través de la palabra:

Dolor insomne. Amarga,
ya no sé qué sentir
para medir la nueva longitud del paisaje
para lavar la sucia falda gris del cansancio
y coronar mi muerte con grandes flores rojas.
(Divina Escoria)

¿Era la Vida? No. Era una llaga
en la aguja sin norte de mis venas
//
¿Era la Muerte? No. Era una nube
de murciélagos. –Pájaros acedos–
(Mar Final)

Poesía que rezuma sabiduría amarga. Asunción valiente del olvido, el tiempo, la nada en que finalmente desembocamos. Las imágenes van y vienen entre la ternura y el sarcasmo

Pero esta carta azul no llegará a tus manos.
Se quedará perdida
en la ternura única de esta tarde inefable
en que, amarrada al cauce
de tu luz que se aleja,
mi enternecida sombra te dice Adiós, llamándote.
(Epístola ternísima para el final de un sueño)

Compréndeme, oh Tú,
conservador de ese antro que es el mundo
donde solo el dinero siembra y siega.
Asume este cansancio que navega en mis venas
con un final desprecio tan puro como el llanto.
(La Universal Escoria)

Poesía dura y luminosa, alto canto de amor a lo humano, a la vida, al destino
inevitable. Ileana, con esa forma tan suya de escribir, desenfadada, directa y luminosa, es, sin duda, una de los pocos poetas que han marcado su época y han dejado escuela en Ecuador.

Bibliografía
- Antología Poética de Ileana Espinel, Guayaquil, s. l., 2002
- Barriga López. Franklin y Leonardo, Diccionario de la Literatura Ecuatoriana,
Guayaquil, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1982
- Cabiedes Fink y Ted Maier, Between the silence of voices. An anthology of
contemporary Ecuadorian women poets, Quito, Abya-Yala, 1997
- Mera, Juan León, Ojeada Histórico-Crítica, Guayaquil-Quito, s.a
- Pesantez Rodas, Rodrigo, Del Vanguardismo hasta el 50, Guayaquil, Universidad de Guayaquil, Frente de Afirmación Hispanista, 1999
- Rodríguez Castelo, Hernán, Antología de la poesía ecuatoriana. Joyas de la
Literatura Ecuatoriana, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985, 1986
- Rodríguez Castelo, Hernán, Lírica ecuatoriana contemporánea, Tomo II, Bogotá,
Círculo de Lectores, 1979
- Vanégas Coveña, Sara, Poesía y Cuento Ecuatorianos. Antología Temática, Cuenca, Universidad del Azuay, 1998
- VVAA, Diccionario de Literatura Universal, Barcelona, Océano, 2003

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