Nace
en una época de luchas revolucionarias y guerras
civiles, que desembocan, entre otros hechos, en el asesinato
del Mariscal Sucre (Berruecos, Colombia). Dolores Veintimilla,
de alma libre y gran sensibilidad es el ejemplo vivo
del espíritu
romántico que ella anticipa en
el país:
¡Y
amarle pude .Al sol de la existencia
Se abría apenas soñadora el alma .
Perdió mi pobre corazón su calma
Desde el fatal instante en que le hallé.
(Quejas)
Su
vida y obra están cruzadas permanentemente por
la sombra de la incomprensión y la intolerancia.
Su espíritu rebelde y su hipersensibilidad la
elevan a la categoría de heroína
romántica y trágica, a la vez que la predisponen
al sufrimiento y a la maledicencia dela sociedad:
En
mi nombre mi sino me pusiste!
Sino, madre, bien triste!
Mi corona nupcial está en corona
De espinas ya cambiada.
Es tu Dolores ay! tan desdichada!
(Sufrimiento)
Casada
a los 18 años con un médico colombiano,
se traslada con él a Guayaquil y, luego a Cuenca,
lugar donde queda con su hijo, mientras Galindo emprende
nuevos viajes, esta vez fuera del país.
En Cuenca, organiza tertulias literarias, en las que
participan los más conocidos
intelectuales de la época.
Mas
la pacatería de la ciudad, aislada y autosuficiente,
hace que la gente pronto
empiece a murmurar sobre el comportamiento de esta mujer,
atractiva, buena
lectora y de libre pensamiento. La situación
se complica cuando, en abril de 1957, Dolores, por medio
de una hoja volante, Necrología, defiende a un
indígena condenado a muerte bajo la acusación
de parricidio. (Y este parece ser el primer alegato
en Ecuador contra la pena de muerte, vigente entonces).
En esa hoja demanda "que pronto, una generación
más civilizada y humanitaria que la actual, venga
a borrar del Código de la Patria de tus antepasados
la pena de muerte".
El
arzobispo de Cuenca, Vicente Solano, junto a otro sacerdote,
Ignacio Marchán,
contestan a esa hoja con otra, denominada Graciosa Necrología,
justificando el
castigo, para lo cual se basan en citas de las Sagradas
Escrituras; y presentando a Dolores como enemiga de
la religión católica; esto, en una sociedad
rayana al
fanatismo religioso!
Se multiplican entonces las calumnias y los maltratos
contra la escritora, quien es
tildada de inmoral, atea, panteísta.
Ella,
en A mis enemigos, su último poema, escribe:
¿Qué
os hice yo, mujer desventurada,
Que en mi rostro, traidores, escupís
De la infame calumnia la ponzoña
Y así matáis a mi alma juvenil?
Poco
después del ajusticiamiento, incapaz de hacer
frente a su destino, y luego de
escribir una carta a su madre, ingiere cianuro. No cumple
aún los 28 años de edad. Dolores se despide
de la vida con estas palabras:
Mamita
adorada:
Perdón
una y mil veces. No me llore. Le envío mi retrato,
bendígalo: la bendición de una madre alcanza
hasta la eternidad. Cuide de mi hijo y dele un adiós
al desgraciado Galindo. Me he suicidado.
D.
V.
Por
su forma de muerte, no pudo ser enterrada "en sagrado",
sino en un lugar destinado a herejes, ajusticiados y
suicidas, según un precepto católico.
Solo muchos años más tarde llegaría
el marido a exhumar sus restos y a trasladarlos a un
lugar digno. Pero hasta hoy nadie sabe dónde
descansa Dolores.
Juan
León Mera, escritor contemporáneo de Dolores,
al evaluar la situación de la mujer de su época
y las circunstancias que llevaron a la muerte de la
poeta, escribe en su Ojeada Histórico-Crítica,
"Acábese, por Dios, nuestra criminal indiferencia
respecto de las mujeres; alentémoslas, saquémoslas
a la luz para que fueron creadas, sentémoslas
a nuestro lado y busquemos en ellas la mejora de nuestra
propia condición."
De
su pluma se conservan muy pocos textos. Parece que antes
de suicidarse quemó sus escritos; solo quedan
9 en verso y 3 en prosa, recopilados póstumamente.
Pero, pese a ello, Dolores Veintimilla, con su obra
intimista, de gran lirismo y
armonía; lenguaje de un casticismo perfecto,
forma simple y gran aliento, precursora de todo un movimiento
literario, es figura cardinal en las letras
ecuatorianas.
Casi
medio siglo después aparece la figura de:
Aurora
Estrada y Ayala
(Pueblo Viejo, 1902 - Guayaquil, 1967)
Luchadora incansable, promotora y directora de revistas
y suplementos literarios, que se honraron con colaboraciones
de distinguidos escritores de la época
–Gabriela Mistral, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo
Escudero, Carlos Sabat, Juana de Ibarbourou, Alfonsina
Storni, entre otros–. Fue, además, gran
viajera, socialista,
maestra, feminista y pacifista.
Grande
y polémica, Aurora, al igual que Dolores, sufrió
la intriga y la maledicencia.
En 1963, por motivos políticos, se la separó
de la cátedra en la Universidad de
Guayaquil.
Llegó
a publicar solo dos libros: Como el incienso (1925)
y Tiniebla (1943). El resto
su obra, permanece aún inédito.
La obra de Aurora, confluye, básicamente, en
tres ejes centrales: amor y muerte,
naturaleza, poesía.
Amor
y Muerte
Su poesía amorosa se consideró "escandalosa"
en su tiempo, pues, empapada
de un suave erotismo, revela una perfecta armonía
entre lo carnal y lo místico. Así,
en estos versos:
Era
como un joven dios de la selva fragante
este hombre hermoso y rudo que va por el sendero
en su carne morena se adivina pujante
de fuerza y de alegría un mágico venero.
/.../
Yo, tan pálida y débil, sobre el musgo
tendida,
he sentido al mirarlo una eclosión de vida
y mi anémica sangre parece que va a ahogarme..."
(El hombre que pasa)
Mientras
que el tema de la muerte constituye todo un libro: Tiniebla,
escrito ante la desaparición de su madre. Se
inicia con un poeniano "Nunca más",
que nos arroja brutalmente a la situación definitiva,
sin salida:
Ya
nunca más sobre mi tiniebla su estrella dulce.
Nunca más en estos silencios su voz de brisa
y de jazmines.
Nunca más el lazo tibio de sus brazos ciñéndose
a mi cuello ardiente.
Y
termina con la asunción valiente de la muerte:
Hoy
creo como nunca que estás ida para siempre,
porque ningún signo celeste me ha hecho sentirte
cerca.
¿O es que tornada en ángel te ahuyenta
la miseria
de esta carne que hiciste de tu sangre y espíritu?.
La
Naturaleza, Las Cosas
Aurora nos habla de la naturaleza en relación
íntima con lo humano; de la identidad que descubre
entre hombres, animales y cosas, revelando incluso un
cierto panteísmo en que todo tiene alma, vida
y canto. Así, en este texto de innegable evocación
contestataria a Darío:
Pienso
que el árbol siente, que la piedra medita
y al tomar una rosa en lo que guardará
y que en los ecos vagos algo extraño se agita:
¿Nunca has pensado, hermano, lo que allí
dormirá? (Avatar)
La
Poesía
La poesía misma es, para Aurora, la llave mágica
que le abre el mundo no solo de las cosas –rasgo
este propio del postmodernismo, movimiento al que se
adscribe,
fundamentalmente, su obra– sino también
del hombre y del pasado de su
antigua estirpe humana.
Así, la autora, entre visionaria y surrealista,
nos habla de la voz que la habita
desde épocas inmemoriales. Escuchémosla
en estos versos:
Pero
en un punto arcano de mi alma
hay un henchido surco de destinos
guardando la memoria de esa voz
venida a mí en idas lontananzas...
Y que alguien de una raza que partía
me dijo en oración de extraña lengua.
(Es una lengua dulce y perdida)
La
palabra, sí, la poesía como última
morada –en el sentido que da a este término
la Santa de Ávila–, redención para
la pequeñez humana.
Y,
cerrando el primer tercio del siglo XX, nos encontramos
con
Ileana
Espinel Cedeño
(Guayaquil, 1933 - 2001).
Poeta, ensayista, periodista, promotora cultural. Colaboró
con diarios y revistas de
Ecuador, Venezuela y México, básicamente
(en México fue redactora de la gaceta Nivel,
dirigida por el poeta colombiano Germán Pardo
García), difundiendo el quehacer literario de
sus contemporáneos. Impulsora decidida de vocaciones
artísticas y culturales, presidió, en
1965, la Sección de Literatura de la Casa de
la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y más
tarde fue directora de su editorial. Así mismo,
se desempeñó como presidenta de la Comisión
de Cultura y Bellas Artes del Municipio de Guayaquil.
Tiene poemas traducidos a varios idiomas. Y la biblioteca
del Círculo de Periodista del Guayas lleva su
nombre.
A
los 24 años publicó Piezas Líricas,
libro donde se manifiesta ya esa estructura
versal entre clásica y contemporánea (con
gran dominio en la construcción de sonetos) y
ese tono sardónico, que caracterizarán
su obra toda (Club 7, La estatua luminosa, Triángulo,
Arpa salobre, Diríase que canto, Tan solo 13,
La corriente
alterna, Sólo la isla).
Su
poesía está llena de logros y sorpresas.
Por un lado, revaloriza el lenguaje informal, cotidiano;
como por ejemplo, en su
conocido poema “Tú Sabes”, en el
que con expresión predominantemente denotativa
y sobria nos va presentando las cosas de todos los días,
desde las más
concretas hasta las más sutiles; vistas, siempre,
a través del prisma de la emoción y la
innovación:
Tú
sabes muy bien que cuando uno está enfermo
todo se hace insufrible:
el ruido de la máquina. El chirriar de la puerta.
Y la voz.
//
Madre mía, tú sabes que cuando uno está
enfermo
todo se hace adorable:
la sonrisa de un niño. La caricia de un ala.
Y tú.
Tú lo sabes muy bien...
Y si lo sabes, di:
¿por qué te duelo tanto?
Pero
también abundan los momentos en que su poesía
alza vuelo y se instala en regiones de alta inspiración,
en atmósferas de desprendimiento y visión
cósmica, apoyada en metáforas de impactante
hermosura:
Y
un día estaré Allí, vueltos mis
ojos
al esplendor purísimo que irradia
vida y amor sobre la faz del orbe.
Y
un día -fiesta viva de la carne-
tendré la vestidura del Misterio
y la Belleza al fin me besará en los párpados.
(Patria Futura)
Pero
no es ajena a su poesía tampoco la denuncia social
ni el compromiso con su gente:
Nada
pudo el amor de tus tres hijos
ni el de Aquel que dijera "Dadle agua al sediento".
Te molieron a palos, María Juana Pinto
Que vives en la cruz de estas palabras. (María
Juana Pinto)
Sin
embargo, quizá donde más poeta se la siente
es en el tema existencial, con textos que indagan inmisericordemente
entre los pliegues sufridos de la condición humana
para rescatar algo de esa "divina escoria"
que somos. Rescate que se nos muestra, en cada verso,
solo es posible por y a través de la palabra:
Dolor
insomne. Amarga,
ya no sé qué sentir
para medir la nueva longitud del paisaje
para lavar la sucia falda gris del cansancio
y coronar mi muerte con grandes flores rojas.
(Divina Escoria)
¿Era
la Vida? No. Era una llaga
en la aguja sin norte de mis venas
//
¿Era la Muerte? No. Era una nube
de murciélagos. –Pájaros acedos–
(Mar Final)
Poesía
que rezuma sabiduría amarga. Asunción
valiente del olvido, el tiempo, la nada en que finalmente
desembocamos. Las imágenes van y vienen entre
la ternura y el sarcasmo
Pero
esta carta azul no llegará a tus manos.
Se quedará perdida
en la ternura única de esta tarde inefable
en que, amarrada al cauce
de tu luz que se aleja,
mi enternecida sombra te dice Adiós, llamándote.
(Epístola ternísima para el final de un
sueño)
Compréndeme,
oh Tú,
conservador de ese antro que es el mundo
donde solo el dinero siembra y siega.
Asume este cansancio que navega en mis venas
con un final desprecio tan puro como el llanto.
(La Universal Escoria)
Poesía
dura y luminosa, alto canto de amor a lo humano, a la
vida, al destino
inevitable. Ileana, con esa forma tan suya de escribir,
desenfadada, directa y luminosa, es, sin duda, una de
los pocos poetas que han marcado su época y han
dejado escuela en Ecuador.
Bibliografía
- Antología Poética de Ileana Espinel,
Guayaquil, s. l., 2002
- Barriga López. Franklin y Leonardo, Diccionario
de la Literatura Ecuatoriana,
Guayaquil, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1982
- Cabiedes Fink y Ted Maier, Between the silence of
voices. An anthology of
contemporary Ecuadorian women poets, Quito, Abya-Yala,
1997
- Mera, Juan León, Ojeada Histórico-Crítica,
Guayaquil-Quito, s.a
- Pesantez Rodas, Rodrigo, Del Vanguardismo hasta el
50, Guayaquil, Universidad de Guayaquil, Frente de Afirmación
Hispanista, 1999
- Rodríguez Castelo, Hernán, Antología
de la poesía ecuatoriana. Joyas de la
Literatura Ecuatoriana, Bogotá, Círculo
de Lectores, 1985, 1986
- Rodríguez Castelo, Hernán, Lírica
ecuatoriana contemporánea, Tomo II, Bogotá,
Círculo de Lectores, 1979
- Vanégas Coveña, Sara, Poesía
y Cuento Ecuatorianos. Antología Temática,
Cuenca, Universidad del Azuay, 1998
- VVAA, Diccionario de Literatura Universal, Barcelona,
Océano, 2003