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| BUENOS
AIRES DESDE EL MUNDO |
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FLORENCIA,
Italia |
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Francesco Luti |
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Il cuore
stasera mi disse: non sai? È questa la prima cosa che mi viene
in mente pensando a Buenos Aires, all'Argentina. Vorrei cominciare
la mia collaborazione a EL MURO, che rende così possibile un
interessante ponte Firenze-Buenos Aires (e viceversa), ricordando
un poeta straordinario del XX secolo: Dino Campana. Durante
l'arco della travagliata vita (1885-1932), Dino Campana ha conosciuto
corridoi di manicomi, periodi di solitudine viaggiando per mezza
Europa ed approdando in America del Sud (Montevideo, Buenos
Aires); poi la Pampa a fare il bracciante per mantenersi, lontano
dalla sua Italia che ancora non era in grado di capirlo. Un
"violino" dal suono magico, un poeta non-capito dai contemporanei,
finito a marcire in un manicomio della Toscana, solo, abbandonato
da tutti.

Florencia
antigua, anónimo, siglo XVIII. |
Perché
Dino Campana? non saprei… Forse perché i poeti veri sono
pochi e lui era uno di quelli. Dino era nato in Toscana,
a Marradi, in provincia di Firenze. A Firenze andava a
piedi, coi pantaloni di fustagno sfidando il freddo degli
appennini, arrivava col suo libretto dei Canti Orfici,
la sua vera biografia, la sua unica ragione di vita. Glielo
aveva stampato l'editore Ravagli in una scalcinata tipografia
toscana dei primi del Novecento. Veniva a Firenze per
bussare alle porte degli intellettuali dell'epoca che
pensavano più ai movimenti come il futurismo, poi naufragati
miseramente, che alla poesia di Campana. Avevano una stella
cometa che irradiava la poesia come una scossa e non se
ne erano accorti. Capita… spesso capita. |
I Canti Orfici
riprendevano e proponevano in Italia in modo originale la grande
tradizione della poesia simbolista, ma l'arricchivano di tutte
le nuove esperienze, l'orfismo in particolare, che le avanguardie
letterarie europee avevano creato agli inizi del secolo.
Il cuore stasera mi disse: non sai? È il primo verso della poesia
La sera di fiera che si conclude con un altro bellissimo verso,
Lasciando il cuore mio di porta in porta.
Dino viaggiò per Buenos Aires nel 1908, col suo cuore di porta
in porta fino alla Pampa. Deriso da Firenze giunse in Sud America
come tanti altri emigranti. Nella poesia Viaggio a Montevideo,
c'è un verso: illanguidiva la sera celeste sul mare, quasi il
sospiro di un poeta in fuga che approda in una terra sconosciuta.
Un anno dopo Dino fa ritorno a casa e non appena mette piede
a Firenze, di nuovo viene internato in manicomio. Alternerà
a questi ricoveri viaggi per l'Italia e l'Europa, innumerevoli
arresti per svariati motivi, molteplici umiliazioni, porte chiuse
per un uomo che non seppe mai adattarsi se non alla vita all'aria
aperta e alla poesia.
Me lo sono immaginato tante volte Dino, là nella vostra terra,
l'Argentina, a parlare la vostra lingua, cantata come l'italiano.
Mi fa piacere che EL MURO, mi lasci questo spazio. È in esso
che ci tengo a ricordare un poeta spesso "scordato", un "violino"
in un secolo di "tromboni", un secolo spesso segnato dall'ignoranza
collettiva, un poeta capace di dialogare col suo cuore, capace
di portarlo di porta in porta, infischiandosi di tutto il resto,
un poeta puro a 360°.
Aggiungo il breve testo Pampa, contenuto nei Canti Orfici, che
forse potrà interessare a qualcuno. Lo riporto nella versione
tradotta da uno specialista di Campana, lo spagnolo Pedro Luis
Ladrón de Guevara Mellado, docente di letteratura italiana nell'Università
di Murcia.
¿Quiere Usted Mate? un español me lo ofreció
en voz baja, casi sin turbar el profundo silencio de la Pampa.
- Las tiendas se alargaban a pocos pasos de donde nosotros,
sentados en círculo, en silencio mirábamos a ratos furtivamente
las extrañas constelaciones que doraban lo ignoto de la pradera
nocturna. - Un misterio grandioso y vehemente nos hacía fluir
con alivio de una fresca vena profunda nuestra sangre en las
venas: - que saboreábamos con voluptuosidad misteriosa como
en la copa del silencio purísimo y estrellado.
¿Quiere Usted Mate? Recibí la vasija y sorbí la bebida caliente.
Echado en la hierba virgen, frente a las extrañas constelaciones
me iba abandonando por entero a los misteriosos juegos de sus
arabescos, acunado deliciosamente por los ruidos atenuados del
campamento. Mis pensamientos fluctuaban: se sucedían mis recuerdos:
que deliciosamente parecían sumergirse para reaparecer a ratos
lúcidamente espiritualizados en la distancia, como por un eco
profundo y misterioso, dentro de la infinita majestad de la
naturaleza. Lenta y gradualmente yo ascendía a la ilusión universal:
desde las profundidades de mi ser y de la tierra recorría por
los caminos del cielo el sendero aventurero de los hombres hacia
la felicidad a través de los siglos. Las ideas brillaban de
la más pura luz estelar. Dramas maravillosos, los más maravillosos
del alma humana palpitaban y se comunicaban a través de las
constelaciones. Una estrella que rápida fluía magnífica señalaba
con una línea gloriosa el final de un trecho de historia. Liberada
de un peso la balanza del tiempo parecía elevarse lentamente
oscilando: - por un instante maravilloso, inmutable en el tiempo
y en el espacio, se alternaban los destinos eternos…
Un disco lívido espectral despuntó en el horizonte lejano perfumado
irradiando reflejos gélidos de acero sobre la pradera. La calavera
que se elevaba lentamente era la insignia formidable de un ejército
que lanzaba hordas de caballeros con las lanzas en ristre, agudísimas,
relucientes: los indios muertos y vivos se lanzaban a la reconquista
de su dominio de libertad en ataque fulminante. Las hierbas
se plegaban al viento de su paso con un gemido ligero. La conmoción
del intenso silencio era prodigiosa.
¿Qué huía sobre mi cabeza? Huían las nubes y las estrellas,
huían: mientras que de la negra y agitada Pampa que huía a ratos
en la salvaje carrera negra del viento ora más fuerte ora más
débil ora como un lejano fragor férreo: a ratos una llamada
a la melancolía más profunda del errante:… de las cabelleras
de las hierbas agitadas como a la melancolía más profunda del
eterno errante por la Pampa agitada como una llamada que huía
lúgubre.
Estaba en el tren en marcha: tendido en el vagón, sobre mi cabeza
huían las estrellas y los soplos del desierto en fragor férreo:
enfrente las ondulaciones como lomos de fieras al acecho: salvaje,
negra, recorrida por vientos la Pampa iba a mi encuentro para
aprisionarse en su misterio: que la carrera avanzaba, penetraba
con la velocidad de un cataclismo; donde un tomo luchaba en
las turbinas ensordecedoras, en el lúgubre fracaso de la corriente
irresistible.
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Y
así alejadas de vos pasaban aquellas horas de sueño, horas de
profundidades místicas y sensuales que disolvían en ternuras
los grumos más agrios del dolor, horas de felicidad completa
que abolía el tiempo y el mundo entero, ¡largo sorbo en las
fuentes del Olvido! Y después os volvía a ver Manuelita: que
vigilabais pálida y lejana: vos alma simple encerrada en vuestras
simples armas. Lo sé Manuelita vos buscabais la gran rival.
Lo sé: la buscábais en mis ojos cansados que nunca os enseñaron
nada. Pero ahora, si podéis, sabedlo: yo debía permanecer fiel
a mi destino. era un alma inquieta aquella de la que me acordaba
siempre cuando salía a sentarme en los bancos de la plaza desierta
bajo las nubes que corrían. Ella era aquella por la cual yo
olvidaba vuestro pequeño cuerpo peligroso todo adorable de esbeltez
y fuerza. Y sin embargo os lo juro Manuelita yo os amaba os
amo y os amaré siempre más que a cualquier otra mujer… de los
dos mundos.
(Cantos Orficos, Dino Campana, Traducción de Pedro Luis Ladrón
de Guevara, Murcia 1991) |
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| Traducción
al castellano >> |
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