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| BUENOS
AIRES DESDE EL MUNDO |
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FLORENCIA,
Italia |
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Francesco Luti |
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al castellano de Pilar Sánchez Laílla |
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Esta
tarde enciendo la pequeña lámpara de mi mesa. Es de
noche y no tengo sueño mientras Florencia duerme. Tengo ganas
de escribir algo acerca de un poeta que he amado siempre, desde la
primera vez que lo leí. Se llamaba Giorgio Caproni y nació
el 7 de enero de 1912 en Livorno (Liorna), en la Toscana. Livorno
es un puerto marítimo, forma parte de una Toscana algo diferente
de mi Florencia, donde Caproni colaboraba con el periódico
"La Nazione". |
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Caproni poseía un oído extraordinario, un oído
de poeta y no por casualidad, tocaba el violín. Pero, sobre todo,
Caproni era un poeta. Vivía y trabajaba como maestro de escuela
elemental en Roma, después de un periodo no breve que pasó
en Génova. Le gustaba enseñar a los niños, sobre
todo aquellos pobres, los huérfanos abandonados, y leía
poesía y les hacía escuchar música. Su figura demacrada
por su extrema delgadez, siempre en lucha por la "supervivencia"
con su bajo sueldo, no lo hacía imaginarse poeta. Echó
siempre de menos Livorno, su paisaje industrial y el puerto con sus
barcos:
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Alma mía,
ligera
ve a Livorno, te lo ruego.
Y con tu vela
tímida, por la noche
da una vuelta; y, si tienes tiempo,
inspecciona y escruta, y escribe
si por casualidad Anna Picchi
aún vive entre los vivos.
(de La semilla
del llanto, 1950-1958)
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| Este es el inicio
de Oración, donde Caproni se encomienda a su alma para que vaya a Livorno
y se reencuentre con la madre. Esta madre que en toda la obra de Caproni
aparece joven, aún muchacha, y él, como el Cristo de la Piedad de Miguel
Ángel, posee la misma edad que su madre, casi como un enamorado de ella. |
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Alma mía,
sé valiente
y ve en su busca. Tú sabes lo que daría
si la encontrara por el camino.
Concluye así
esta bella poesía. O quizá en el inicio de Para ella:
Para ella quiero
rimas claras,
corrientes: en - are.
Y todavía
su alma, como "paloma mensajera" en el inicio de Última
oración:
Alma mía,
ve deprisa.
Te presto la bicicleta,
pero corre. Y con la gente
(te lo ruego, sé prudente)
no te detengas a hablar
dejando de pedalear.
Llegarás a Livorno
ya verás, antes del día.
No habrá nadie
todavía, pero uno
por uno mira quién sale
de cada puerta, y espera
(mientras huele a pescado
y por la noche el pavimento empedrado)
la figurita limpia,
en la oscuridad, vuelve al mercado.[...]
(de La semilla
del llanto, 1950-1958).
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Me estoy ayudando,
en esta columna, con sus versos porque son lo que en el fondo importa
del poeta. En español incluyo los textos traducidos por Pedro Luis Ladrón
de Guevara en Antología poética (1932-1990), editada en Madrid en 1999
por Huerga & Fierro, la primera en castellano. Me siento feliz por haber
sido el revisor del texto italiano de esta selección. Esto me ha permitido
recorrer de nuevo, aunque en otra lengua -gracias al óptimo trabajo del
traductor español-, el camino de este poeta de mi tierra. Los textos
de Oración, Para ella, Última oración y los dos penúltimos citados han
sido traducidos por Pilar Sánchez Laílla.
Hay muchas poesías (quizá todas) que me gustan de Caproni. Desgraciadamente
no puedo transcribirlas una a una. Me limito solamente a algunas que
- quién sabe por qué cúmulo de cosas-, tienen para mí un importante significado.
De Caproni además, me gustan los inicios, los primeros versos, porque
llegan sibilantes como flechas al lector: |
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¡Qué
solo estoy yo sobre la tierra
con mis errores, mis hijos, el infinito
caos de nombres ya vacuos y la guerra
penetrando en mis huesos!... Tú que oíste
hace tiempo mi caminar tranquilo en la
noche de Arcos, en Liorna, a qué tentación
cedes-¿por qué, oh padre mío, la tierra
abandonas apoyando en mi extenuado
corazón tu ojos blancos?... ¡Ah padre, padre,
qué arena cubrió aquellos caminos
a los que juntos nos confiamos! Donde tu mano
desfalleció, para la eternidad cae ahora
como una piedra tu hijo-ahora es un humano
plomo que el pecho ya no sostiene.
(de El paso
de Eneas, 1943-1945)
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| Esta poesía
la he asimilido palabra tras palabra, letra tras letra, verso tras verso,
en estos años. Es una de mis favoritas. Suena, al menos en mi
lengua, como una música triste.
Frecuentemente
estamos solos y aquellos que han oído nuestros pasos ya no están
más con nosotros. Hubo un tiempo en el cual también yo
poseía un "tranquilo paso" aunque no era Livorno la
ciudad, sino cien kilómetros al este. Ahora aquella arena (o
quizá polvo ya que en Florencia no hay mar) se ha dispersado
con el viento. Se ha ido, lejos, quién sabe adónde: con
mi padre, quién sabe. Se aman también por esto las poesías,
sobre todo por motivos como este.
En Caproni hallo
la poesia que prefiero, aquella extraída de la experiencia de
los días de invierno, cuando hace frío y hay que encender
una luz pequeña pequeña como esa que ilumina el teclado
sobre el cual escribo este recuerdo del poeta toscano. O quizá
una luz de vela, como aquella que encendía Giorgio, en Roma,
durante las noches en las cuales escribía y traducía,
en el silencio de una ciudad tan ruidosa durante el día. Sus
dos niños que dormían y él -solo- en su mesa y
con su mujer Rina (a quien Giorgio ha dedicado tantísimas poesías)
que seguramente también dormía.
Caproni ha sido
también uno de los traductores más importantes que Italia
jamás ha tenido. Su traducción de 1964 de Louis-Ferdinand
Céline (Mort à credit), es una obra de arte lingüística.
Después tradujo Proust, Char, Maupassant, Cendrars, Frénaud,
Genet, García Lorca, Busch, Apollinaire, Flaubert y otros.
Un trabajo de casi
un siglo. Un siglo "herido":
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| HERÁLDICA
Amor, qué
herido está
el siglo, y qué solos estamos
-tú, yo- en lo gríseo
que no tiene nombre. Acabado
ya el tiempo del ruiseñor
y del león. El blasón
está roto. El unicornio
huella no ha dejado
en el suelo: la Sombra, está en el corazón.
(de El muro
de la tierra, 1964-1975)
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| Tiene razón
Caproni, la Sombra está en el corazón. Para mí es
así, pero no os digo porqué. No quiero, en este espacio,
entrar en la poética de Caproni, introducirlo en "movimientos"
o escuelas de pensamiento. Os digo solamente que era amigo de Pier Paolo
Pasolini -cuando todavía Pasolini era un desconocido para el gran
público- vinculado a Roma en los primeros años de los cincuenta;
de Sandro Penna, de Attilio Bertolucci, de Ungaretti, y de otros grandes
intelectuales de su tiempo.
Caproni que "cantaba"
la naturaleza, y la condición humana.
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Un árbol...
Qué ligero es
un árbol, todo alas
de hojas,-todo vuelos
verdes de luces azules en el celeste
del aire...
Y qué
fuerte es
un árbol, qué sólido
y firme es, «arraigado
en su peña»...[...]
Pero nosotros,
nosotros, en comparación.
¿qué y quiénes somos, nosotros,
sin raíz y sin
esperanza-sin
un soplo de regeneración?
(Sobre un viejo
apunte, de El franco tirador, 1973-1982)
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| Giorgio Caproni
se fue para siempre una fría mañana de enero de 1990. Sobre la lápida
están inscritos algunos versos encontrados entre sus papeles: |
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Quedáos
sin nombre, sin
fecha, la piedra blanca
que un día me cubrirá.
Con el sol tomará
(quizá) el color de mis huesos
-será,-
en su marco negro
mi rostro, verdadero. |
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Un pequeño testamento
en poesía, como les gusta hacer a los poetas, con alguna rima y tanta
nostalgia.
Pero quiero concluir con: |
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Quiérete
a ti mísmo, Giorgio,
deséate todo lo mejor
que ninguno que te quiere mucho
te quiere.
Acaríciate
el pobre cuerpo delgado
que ninguno ya te acaricia.
(de Res amissa, 1991) |
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Hay siempre un
velo de tristeza en su ironía y un poco de ironía en su tristeza.
Obra poética de Giorgio Caproni: Como una alegoría (1932-1935), 1936;
Baile en Fontanigorda, 1938; Ficciones, 1941; Cronistoria, 1943; El paso
de Eneas, 1956; La semilla del llanto, 1959; Despedida del viajero ceremonioso
y otras prosopopeyas, 1965; El muro de la tierra, 1975; El franco tirador,
1982; El Conde de Kevenhüller, 1986; Res amissa, 1991. |
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